Traducido por Andrea Valencia

La productora de conciertos se para de puntitas en el techo de una camioneta con un anuncio en mano y la pistola de grapas en la otra. Necesita el camión porque es la única manera en la que puede obtener un buen territorio visual –el cual comienza 10 pies arriba en el poste de líneas telefónicas. Es el lugar en donde peatones y conductores pueden ver el anuncio: una hoja amarilla que anuncia un concierto para el día miércoles con el etéreo Jorge Drexler, un músico uruguayo que ganó un Oscar por haber compuesto la canción para la película “Los Diarios de Motocicleta”.

Morales, quien hubiera sido terapeuta, dejó su carrera para dedicarse a ser productora musical. "Si no tenemos éxito", dijo, "No tengo un trabajo en el cual apoyarme".

Nairem Morales y sus socios en La Bohemia lo van a traer. Si eso suena glamoroso, es una ilusión. No hay glamour en la vida de un productor local –no tienen un equipo para salir a las calles, ni playeras ni espectaculares. Todo lo hace Morales y una red de amigos y entusiastas de la música; un grupo que se ha mantenido cerca de ella y La Bohemia.

El concierto del miércoles en el Mezzanine, un lugar en el área al sur de la calle Market, es uno de los más grandes que hayan manejado: ofrece una capacidad de 1,000 lugares en comparación a la mitad o menos por sus conciertos regulares.

Con 1,000 lugares e incluso con Drexler como atracción no es una fácil tarea. Hace tres años, Morales estaba en Colorado con su socio Yeibas Cani en Venezuela y Carlos Disdier, su otro socio, quien acababa de recibir los volantes para el evento con dos semanas de retraso. Vendieron tan sólo algunos cientos de boletos.

Hubo una crisis de llamadas, reservaron boletos de avión y trazaron un plan. El pasado día jueves, Morales cuenta, se quedó despierta hasta la 1 a.m., repartiendo volantes en un concierto. Se despertó a las 5:30 a.m., para estar en Univisión, fue a UC Berkeley para poner volantes y realizó una transmisión de dos anuncios más. En nueve días, las ventas se duplicaron.

Decide irse del poste telefónico de la calle 5 y Alabama, agarra su engrapadora, la mitad de un sándwich que tiene en el tablero del coche y dice “este es un día fácil”.

Morales se cme un sándwhich entre mandados.

“Me podría haber llamado el músico diciendo que alguien en el grupo no puede y que tienen que cancelar”.

El día comenzó a las 11 a.m., con una taza de café y una dona con chispas de coco. Era relativamente tarde para un día típico en el que hay conciertos y el tiempo es limitado. Estuvo despierta hasta las 4 a.m., mudándose, dijo a modo de disculpa y explicación.

No le importa el ritmo de las cosas, al menos no para este concierto. Le ha tomado meses de planeación y contactos, pero es algo personal. La música de Drexler alguna vez le ayudó a Morales a salir de una crisis personal. “Tenía el corazón roto, no tenía trabajo y tuve que mudarme a un lugar propio”, dijo. “Sus canciones me ayudaron mucho”.

Se sienta en una de las mesas en Philz, pero no por mucho tiempo. “Nairem anda muy movida estos días”, bromeó Dipti, un amigo que vino en avión desde Nueva York anoche para ayudarle con el concierto.

“No me puedo estar quieta, ni siquiera en una maldita silla”, dijo Morales.

¿Qué es lo primero en la orden del día? “Café”, dijo mientras le echaba un ojo a su taza. “¿En donde diablos está mi gorra?” Después de haberla agarrado, habla sobre el resto de las cosas que tiene que hacer: pegar volantes, ir a reuniones para terminar con su último concierto, comprar las flores que entregarán al cuarto de hotel de Drexler y recoger una camioneta rentada para la recepción del evento. Ah y revisar las ventas de boletos.

“Un día como hoy –un ser humano normal no podría hacerlo”, dijo como contexto a su comentario sobre un día fácil.

La Bohemia comenzó en 2008 y trae a artistas y compositores locales de países latinoamericanos a lugares para conciertos en la Misión. Como con muchas compañías locales de Internet, las cafeterías locales y los restaurantes funcionan como su espacio de oficina.

En lugar de algoritmos, su negocio se trata de establecer relaciones  –más al estilo Hollywood que Silicon Valley.

Por la tarde y sentada afuera de L’s Caffee, por lo menos seis personas de la comunidad –artistas, escritores, presentadores de radio, músicos- se detienen para saludar a Morales con abrazos y besos en la mejilla. Se ríen, chismean e intercambian información sobre noticias del último concierto o los que se presentarán a futuro.

“Nuestro secreto, nuestra estrategia”, dijo, “es que tenemos relaciones reales con la gente. Los DJs son nuestros amigos, la gente en los medios de comunicación son nuestros amigos por eso cuando los llamamos es posible que lleguemos a un acuerdo…Establecemos relaciones horizontales en lugar de verticales”.

La red, la cual suena más como una red de araña en lugar de ser horizontal, incluye a personalidades con las que ha hecho amistad con el paso de los años y con quienes ha establecido un nexo en el cual contribuye y se identifica con las personas. Hacemos otra parada en Mission Pie, y me dice con confianza ‘Escoge a alguien a quien quieres que le hable”.

Las dos mujeres con las carreolas. Sin siquiera hacer una pausa se emboba con los pasajeros de las carreolas. “¡Hola!” le dice a sus madres y les da una explicación del volante con laureles para el talento musical de Drexler.

Se detiene por un momento y frunce el ceño. “Parece que va a ser difícil que vengan a menos de que encuentren una niñera”. De cualquier manera, las mujeres platican con ella felizmente y agarran el volante. Morales les asegura que intentará crear una serie de conciertos para mamás y sus bebés.

Morales platica con una de las mamás.

“Hay algo hermoso y mágico sobre estas relaciones”, dijo Morales, quien posee una maestría en psicología. Incluso cuando está trabajando 18 horas al día, incluso cuando tiene que hacer que su vida social se mueva entorno a su horario de producción, Morales sostiene que vale la pena. “Cada vez que estoy con gente que se la está pasando bien me siento viva”.

Viva y, como parece ser, exitosa. Al último, Morales y sus socios habían vendido más de 800 boletos para el concierto del miércoles.