Traducido por Andrea Valencia

El lunes por la noche y de pie en el autobús Joaquín está lo suficientemente cerca del hombre enfrente de él como para poder oler el detergente con el que lavaron hace poco su sudadera. Está lo suficientemente cerca como para ver el pequeño lunar en la cara arrugada de la mujer a lado de él. Para él esta cercanía es normal.

Casi todas las noches después de las 9 de la noche, Joaquín y cientos de otros alumnos que toman clases nocturnas en el campus de la Misión de la Universidad Comunitaria realizan la misma rutina. Salen por las puertas en dirección al patio de la calle 22, pasan a los hipsters del Café Revolution y a los mariachis de Cava 22 para dirigirse a la calle Misión en donde esperarán en la esquina.

Una vez ahí, junto a la tenue luz de la calle y el gigantesco letrero de Sketchers, esperan por el autobús 14-Misión. Como Joaquín, quien es un inmigrante de El Salvador, la mayoría de ellos estudian Inglés, aprenden un nuevo vocabulario y a cómo identificar los verbos irregulares.

Se reúnen afuera en grupos de dos o tres para charlar. La mayoría lo hace en Español a menos que otro continente se interponga en su reino.

Por ejemplo, Cindy originaria de China habla en Inglés con su compañero de clase latino. En una voz suave comenta que toma clases para hablar en Inglés en su trabajo.

“Empacando”, dice Cindy.

“De mariscos”, añadió antes de irse para deslizarse por las puertas del autobús 14.

Para subirse al autobús, la técnica más usada es deslizarse por las puertas. El espacio para estar de pie es un lujo y muchos autobuses alcanzan su máxima capacidad rápido. Manos secas y arrugadas se agarran del tubo de acero como si fuera un tótem atípicamente cálido.

El autobús lleno de gente está en movimiento y lleno de alumnos como Cindy. Está Jaime de El Salvador, Luis de Guatemala y Karena de Honduras. Casi todos trabajan más de ocho horas al día y toman clases por la noche para poder avanzar en sus trabajos.

Sin embargo, para otros el Inglés toma una importancia diferente.

“Sin el Inglés me siento atrapada. Me gustaría expresarme”, dijo Esmeralda de 29 años de edad en Español mientras  esperaba un poco antes esa misma noche para irse a su casa en el Excelsior. Esmeralda vino a los estados Unidos de México en el año 2006.

En el día, cuida de su hijo de tres años de edad.

“Cuando me empiece a hacer preguntas en Inglés quiero poder contestarle”, dijo con sus manos en los bolsillos de su sudadera.

El Departamento de ESL es el más gran de la Universidad Comunitaria de San Francisco. En el semestre del otoño de 2010, el campus de la Misión ofreció más de 90 cursos de Inglés como Segundo Idioma; casi ninguno cuenta como crédito académico y son gratuitos. De estos cursos, 30 se consideran clases nocturnas. Aproximadamente 4,000 alumnos toman clases, según el decano Jorge Bell del Campus de la Misión.

Las clases nocturnas son de lunes a jueves, duran casi dos horas y terminan a las 9 o 9:30 de la noche.

El miércoles por la noche en la parada del camión, un alumno dijo que cree que las clases le ayudarán a subir de puesto.

“En el trabajo me lo piden”, dijo Jaime al referirse al Inglés. “Uno se siente obligado a hablarlo”, añadió en Español.

Jaime, quien viste una gorra negra diseñada con llamas naranjas y una sudadera negra con cierre en medio, es de El Salvador. Sostiene su mochilla a cuadros entre sus rodillas. Ha estado tomando clases durante el último año y medio, dijo.

Un empleado lo recoge todas las mañanas a las 6:30 en una camioneta y hasta las 3 de la tarde entregan productos horneados en el Este de la Bahía.

Aunque algunos como Jaime usan el Inglés en trabajos que ya tienen, otros necesitan aprender el idioma por simple superviviencia económica.

Martín, jornalero de 30 años de edad y originario de México, es uno de ellos.

“No hay nada constante”, dijo el día lunes por la noche.

Unos minutos después, una mujer mayor se cayó debido al abrupto movimiento del autobús. Se agarró del joven a lado de ella y riéndose bromeó “nos estamos cayendo”.

Joaquín está de acuerdo con Martín. Para él hay dos cosas que hacen de la vida aquí algo difícil. “El idioma y la falta de trabajo”.

El trabajo que tiene es los fines de semana en construcción en Hayward, dice mientras el autobús pasa la intersección de las calles Misión y Valencia.

En ese momento, un joven se da cuenta que su parada ya va a ser. “Esto va a estar feo”, murmura antes de pasar por entre la gente para poder salir por la puerta a tiempo.

El tiempo es algo que los alumnos no siempre tienen y como resultado algunos de ellos toman descansos de la escuela que a veces pueden durar años.

Al principio, Jaime comenzó a tomar clases en 2006 pero lo dejó por dos años por un horario de trabajo que se interponía.

Los alumnos más avanzados, algunos de los cuales han tenido un contexto angloparlante, les toma no más de dos años para convertirse en hablantes fluidos de Inglés, de acuerdo con el decano Bell. Pero para otros, incluyendo a aquéllos como Jaime, con horarios laborales difíciles, les puede tomar hasta seis años terminar los cursos.

Luis de Guatemala, ha estado tomando clases durante dos meses, pero ya está en el segundo nivel. Mientras está en la parada vistiendo una sudadera a cuadros blanco y negro, se quita sus audífonos para explicar que toma clases de Inglés “por su trabajo” como soldador en Bayshore. El muchacho de 22 años de edad ha estado aquí por dos años y medio.

En una noche diferente abordo del autobús, otro alumno como Luis se pone sus audífonos y observa por la ventana mientras hay un hombre con cabello canoso dormido a lado de su asiento.

Aunque puede tomar años para que algunos alumnos terminen su educación en Inglés, algunos continúan con otros programas académicos. Joaquín dijo que hasta hace poco había estado tomando clases de computación.

El decano Bell calcula que el 50 por ciento de los alumnos de ESL continúan para tomar clases que cuenten como créditos académicos para poder obtener un título.

“Nuestro objetivo es que hagan eso”, dijo Bell. “Tenemos una gran población que está en transición para poder obtener nuevas habilidades o pulir las que tienen para poder trabajar”.

Incluso así, para otros la transición más importante es pasar de hablar en su lengua nativa a hablar en Inglés.

Karena, una mujer de 30 años de edad, recargada contra la mochila de otra persona, se agarra de los tirantes mientras habla sobre su rutina. Ha pasado el último año estudiando Inglés por la noche además de trabajar como trabajadora doméstica en Daly City de 9 de la mañana a 6 de la noche.

Originaria de una pequeña ciudad en El Salvador, Karena está decidida a aprender a cómo comunicarse en esta gran ciudad.

Cuando llega a casa a las 10  de la noche, puede que vea una película en la noche para familiarizarse con el idioma. Le gustan las películas de acción y de terror, dijo, torpemente como si se hubiera arrepentido de su respuesta.

Como Karena, Jaime regresará a su casa y prenderá su televisor excepto que estará viendo su programa favorito “Alarma TV”, un programa de noticias amarillistas en Español.

No obstante, antes de que eso suceda tendrá que transbordar al autobús 8X sobre la avenida Geneva en el Excelsior y abordará el autobús en dirección a su casa en la avenida San Pablo. Después se duerme a las 11 p.m. y se despierta a las 4:30 a.m.

Jaime todavía no tiene una frase favorita en Inglés, pero a tan sólo unos pies de distancia de él en el mismo autobús lleno de gente está Karena, quien sí tiene una.

“Happy”, dice con acento.

Los apellidos han sido omitidos para proteger la identidad de los alumnos.