Traducción de Anabelle Garay y Andrea Valencia

Estamos en una pandemia, los hoteles están vacíos y hay una alta cifra de residentes de la ciudad que están enfermos, muestran síntomas o corren un gran riesgo de todo lo anterior.

Hace mucho tiempo que ya se cumplió cualquier temor que los grandes hoteles y cadenas hoteleras hayan podido tener, y nos referimos a los grandes hoteles, de ser considerados como una especie de sanatorio contra la plaga. Las instituciones icónicas de San Francisco están en contacto con funcionarios electos y están en negociaciones.


“Estoy consiguiendo cientos de unidades por hora”, me dijo un funcionario.

Hemos sido informados de que la alcaldesa nos informará sobre este esfuerzo hoy. No se sabe lo que dirá, pero nos han avisado que es posible que haya entre 3.000 y 4.000 habitaciones al alcance de la ciudad la próxima semana. (El costo de esto, según un funcionario de la ciudad con conocimiento, es “¿qué importa?”).

Para aquellos de ustedes que llevan la cuenta en casa (y es posible que muchos de ustedes estén en casa), esto es lo que tomó para que el gobierno de San Francisco desempeñará su trabajo a un nivel eficiente. Nuestra espectacularmente ciudad acaudalada batalla con atarse las agujetas en el mejor de los días. Sin embargo, ante una pandemia mundial, hemos tenido mucho más que logros.

La ciudad ha actuado para detener los efectos sanitarios y económicos de una plaga. ¿Fue lenta la respuesta de la ciudad? Sí. Notablemente. Los Warriors se negaron a las peticiones de la ciudad de clausurar los juegos y todavía seguían jugando hace apenas una semana; podríamos haber sido mucho más decididos.

Y, aun así, estamos a la delantera de prácticamente cualquier otro municipio.

Su humilde narrador escribió a principios de esta semana que las crisis exponen y mejoran los problemas que ya tenemos. Eso es cierto pero bien podría ser nuestra ruina.

La desenfrenada desigualdad de ingresos y la crisis de vivienda que esta ciudad no ha podido o querido abordar ahora se agrava. Además, la incapacidad de esta ciudad para detener la asombrosa cantidad de personas desamparadas podría conducir a una crisis humanitaria y deshacer cualquier otro plan bien establecido.

Detrás de cada decisión en San Francisco y condados vecinos está la dura realidad de que un condado está limitado en sus acciones.

“A nivel nacional, la falta de preparación, la incapacidad de poder aumentar la toma de análisis, es quizás el mayor fracaso en la historia de este país en términos de preparación”, dijo el Dr. Jake Scott, médico de enfermedades infecciosas y profesor asistente clínico en la facultad de medicina de la Universidad de Stanford. “Cientos de miles de personas van a morir innecesariamente debido a esta terriblemente lenta respuesta”.

“El daño ya está hecho”, dijo. Los hospitales en todo el país se verán rápidamente abrumados con una oleada de pacientes. Existe un límite a lo que un condado puede hacer”.

No se trata de cinismo y tampoco tiene la intención de quitarle la esperanza. Es ser realista. De nuevo, existen límites a lo que un condado o incluso una región puede hacer, incluso una región tan acaudalada como la nuestra. Incluso y especialmente ante la asombrosa negligencia e ineptitud del gobierno federal.

La respuesta de la administración de Trump a esta pandemia es comparable a la ABC Wide World of Sports en la cual el saltador de esquí Vinko Bogataj se estrella espectacularmente –con la adición de continua negación de esquiar o estrellarse y un imperdonable y largo retraso antes de ponerse a esquiar o estrellarse. (En pocas palabras, vea el sorprendente y enloquecedor informe de Matthias Gafni en el Chronicle sobre los pasajeros del Grand Princess que rechazaron pruebas de detección del COVID-19, a menudo, a instancia de los funcionarios federales).

“Esto es una guerra. No se lucha una guerra de manera fragmentaria; no se pelea con cada estado que decide cómo luchar por su parte “, dijo el Dr. John Swartzberg, profesor emérito clínico de UC Berkeley especializado en enfermedades infecciosas y vacunaciones. “Un plan nacional sería muy útil. El liderazgo nacional sería muy apreciado. No lo vamos a conseguir con este gobierno”. 

Si bien Swartzberg tuvo elogios y un optimismo cauteloso por la orden de alto a mover a las personas sin hogar y el resguardo en casa que hay en San Francisco, señaló que cuando las personas de áreas menos restrictivas lleguen a la ciudad, el esfuerzo no habrá valido la pena.

San Francisco no tiene un plan de protección contra la gente que venga de otros lugares y esté posiblemente infectada.

También señaló que los compradores presas del pánico en los supermercados no cumplen en absoluto con el propósito de la orden de resguardo en casa. Se podría haber planeado mejor.

El trasfondo de la orden del resguardo en casa no es solo para hacernos sentir bien. 

El resguardo en el hogar y el distanciamiento social son verdaderos y qué tan estrictos somos al seguir las reglas es algo que va a importar.

“Tómelo en serio”, dice Scott. “Quédese en casa o, cuando esté afuera, manténgase a una buena distancia de las personas. Si hace eso, los hospitales estarán menos abrumados de lo que estarían”.

“No hay otra solución que tengamos más que el distanciamiento social”.

Ya sabremos qué tan bien nuestras acciones de hoy funcionarán dentro de dos semanas, después del tiempo de incubación del COVID-19.

El centro de navegación en el Embarcadero casi se queda sin papel higiénico.

Los funcionarios electos se las arreglaron para entregar 30 rollos a principios de esta semana. El papel higiénico es difícil de encontrar. Nuevamente, esto se podría haber planeado mejor. El jabón, el desinfectante de manos y otras necesidades de COVID-19 también han escaseado.

Los albergues son, en cualquier caso, más deseables a tener que vivir en las calles. Pero no está claro si nuestros albergues están preparados para lo que ya está aquí. No está claro si en los albergues se está practicando el distanciamiento social o si es posible. Cuando se confirme el primer caso de COVID-19 en un albergue, eso será la chispa que desencadene un incendio humanitario.

“¿Cómo podemos ampliar lo que queremos ver en la sociedad en tiempos de crisis? Quiero ver más albergues por la falta de vivienda, pero me preocupa lo que significa estar en un ambiente congregado ”, dijo Chris Herring, doctorante de sociología en UC Berkeley que a menudo trabaja con la coalición de gente sin hogar o Coalition on Homelessness.

Herring predice que, inevitablemente, veremos un caso y varios más confirmados albergues, así como una serie de caos con la gente enferma o que está en riesgo en los hoteles.

Tener que esperar a que la gente se enferme no es una estrategia ideal. “Tenemos que ser proactivos, no reactivos”, dice Scott. “Cuando estás inmerso en una crisis, es demasiado tarde”.

Quién recibirá los cuartos de hotel, cuándo y cuántos necesitamos – sobretodo cuándo – será una gran disputa. Se salvarán vidas sin duda, y nuestro sistema hospitalario, sin duda, se salvará de una aglomeración de personas. Pero el análisis post facto promete ser condenatorio, sin importar qué opción se tome.

Y, aun así, San Francisco seguirá padeciendo por la falta de una respuesta nacional coordinada.

“Necesitamos un programa nacional”, dice Swartzberg. “Que nombren a un encargado nacional para manejar y coordinar esta actividad. Alguien con inteligencia y experiencia en salud pública y asuntos públicos, no a Mike Pence, que es una persona absurda tener allí”.

Pero eso no va a suceder. Por lo tanto, debemos continuar actuando a nivel estatal y local, y resguardarnos en casa. Esto durará un tiempo. Muchas semanas si no es que meses.

“Es difícil decir cuándo esto llegará al punto más alto. Las últimas cifras dicen 30 a 60 días”, dijo Scott.

“Lo que estamos haciendo es bueno. Resguardarse en casa es bueno”, dijo Swartzberg. “Las medidas tendrán un efecto a largo plazo, siempre que las continuemos. Sentiremos la tensión a medida que esta situación se extiende a muchas semanas, si es que tenemos que seguir haciendo esto. Estoy seguro de que lo continuaremos.”

Swartzberg mismo se ha resguardado en casa. No ha tocado a sus hijos o nietos en dos semanas.

“Y es desgarrador”, afirmó.

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