Galvez added a plank across one of the building's light wells to emphasize Marlena's outstretched arm. Photo courtesy Dan Galvez

Después de tres años, dos solicitudes para recibir financiamiento y una reducción de casi el 50 por ciento en el presupuesto, este mes comenzará la restauración del mural icónico de Carnaval encima del House of Brakes en las calles 24 y South Van Ness.

El mural, que algunos llaman “Sueños Dorados de la Misión”, refleja la celebración anual de Carnaval en la Misión. El sábado y domingo se celebrará el trigésimo sexto año de Carnaval en la calle Harrison se 10 a.m. a 6p.m

La historia del mural es tan grande como la historia del barrio.

Lou Dematteis solo estaba tomando fotos en 1979 cuando usó su Nikon F2 para documentar el primer desfile de Carnaval. Fue Mauricio Avilés, integrante del comité de Carnaval, quien propuso obtener una selección de las fotografías en un mural de la ciudad.

“Estaba muy contento de darle [a Avilés] mis imágenes”, dijo Dematteis.“Yo era un gran partidario del arte comunitario y del barrio”, concluyó.

Treinta y un años después, el mural de Carnaval permanece y muestra a gente y establecimientos reales así como una energía verdadera de la Misión. El mural está más opaco, pero sigue vivo en las calles 24 y South Van Ness.

“Es la alegría de la vida que llega a las calles, es muy emocionante”, dijo Dan Fontes, uno de los cinco artistas que trabajaron en el mural con el artista principal Daniel Gálvez.

Emocionante aunque deslavado, ahora después de tres años y dos aplicaciones para recibir financiamiento, así como una reducción de casi el 50 por ciento en el presupuesto se espera que la restauración comience este mes.

El mural que algunos llaman “los Sueños Dorados de la Misión” refleja la celebración anual del Carnaval y tiene una historia que abarca la historia del barrio.

Todo comenzó con las fotografías de Dematteis. Con dichas fotos en mano, Avilés se puso en contacto con Gálvez, quien a su vez hizo una lista de cinco artistas —Fontes, Keith Sklar, Jamie Morgan, Eduardo Pineda y Jean Shield. Con más de seis meses y con un presupuesto de $13,000 dólares, pintaron el mural de 24 pies de altura por 75 pies de ancho que Annice Jacoby, editora de Mission Muralismo, llamó un excelente ejemplo del realismo en mural.

El Reto

Para tener acceso al muro que sería su lienzo, los muralistas tuvieron que poner tablones encima del House of Brakes para conservar el techo, lo cual no les dejó otra opción más que usar una plataforma suspendida. Aprendieron a usarla; subían y bajaban y dependían de “un nudito que te salvaba la vida”, dijo Fontes.

“Fue un poco espeluznante”, dijo Gálvez. En realidad, uno de sus artistas estuvo de pie en la plataforma por unos minutos, pero no pudo más y abandonó el proyecto.

Antes de haber comenzado con la pared, Gálvez tomó medidas y consideró el problema de los tres huecos de luz. Gálvez usó el auditorio de la preparatoria para trazar su imagen en papel carboncillo. Después de haberlo dibujado, se llevó sus dibujos, los transfirió al lugar donde estaría el mural y los pegó al muro.

Los artistas comenzaron por arriba y trabajaron hacia abajo. Trazaron la imagen con gis y después trazaron línea por línea con un bolígrafo.

Fontes opina que el mural es “un mural astuto” que hace uso de trucos de arquitectura para integrar la obra con el edificio. Eso incluía agregar tablones a la parte principal de la estructura y fabricar un complejo recorte del brazo de la bailarina, que se alarga a través del pozo de luz para crear un efecto de profundidad.

Al pintar las ventanas, los artistas usaron la técnica trompe l’oeil, una representación tan realista que da la ilusión de que las ventanas existen; de esta forma, se engaña al ojo para creer que las ventanas en realidad sí existen.

“El detalle victoriano y arquitectónico —todo eso es pintado”, dijo Patricia Rose, coordinadora de recorridos para Precita Eyes. “Está tan bien hecho que la mayor parte de la gente ni lo nota”, dijo al aclarar que algunas personas no se dan cuenta que el muro no es victoriano.

Pero eso tomó tiempo. “Íbamos del otro lado de la calle, comíamos un burrito y hablábamos de lo bien que se veía la ilusión mientras almorzábamos”, dijo Fontes. “Nos reíamos de ciertas cosas, bromeábamos sobre cómo nos habían salido los brazos o los ojos”.

Gálvez agregó que “valió la pena el esfuerzo”.

Finalmente, les quedó bien. “Yo era pintor fotorealista, y quise que mis murales tuvieran esa calidad”, dijo Gálvez. Cada brochazo tenía que ser lo suficientemente grande como para que se pudiera ver desde el otro lado de la calle. Para lograr ese efecto realista, tenían que siempre estar a dos pies de distancia de la pintura.

“Valió la pena el esfuerzo”, dijo Gálvez. “Lo concibieron muy bien”. La gente comenzó a decirle cuánto orgullo sentían de la Misión. Estaban complacidos de que era una tradición clásica latina. Logró su ambición por tener un mural que se convirtiera en parte de la experiencia de vida de la gente.

Los Personajes

Varios organizadores de la comunidad así como los artistas no pudieron recordar mucho sobre la gente verdadera en los dibujos.

Pero para Richard Talavera, el especialista del Mexican Bus, fue tan sencillo de recordar como si acabara de pasar.

Talavera recordaba claramente al hombre gigantesco en el centro del mural que viste un chaleco rojo de bomberos. Jaime Aguilar era un conductor de Muni y durante cinco años fue uno de los conductores principales del Mexican Bus, un servicio de recorrido cultural que comenzó como un proyecto para el Día de Muertos a comienzos de los ’90 y que todavía ofrece recorridos de los clubs latinos de baile, murales e historia de la ciudad.

“Tenía una forma de ser con la gente”, dijo Talavera. Tanto que cuando llegaba a una discoteca con sus invitados, bailaba con 10 mujeres al mismo tiempo y hacía que todas se movieran. A bordo del bus, tomaba nota de sus próximas movidas de baile.

“Él era increíble; con una personalidad fabulosa”, dijo Talavera, quien le da crédito a Aguilar por gran parte del éxito del bus. “Hasta este día, cuando la gente habla del bus, no le dicen Mexican Bus sino Jaime, Jaime”, recordó.

A la derecha de Aguilar, se cree que el hombre en la chamarra roja y naranja que está tocando un tambor es el músico Jorge Molina, precisó Rose. No parece ser él, agregó, “aunque podría ser él cuando era mucho más joven”.

La mujer vestida en un leotardo de lentejuelas plateadas con una bandana de joyas adornada con plumas es una bailarina brasileña de nombre Marlena, según Dematteis. Talavera dijo de Marlena que era la Greta Garbo de su época porque sus delgadas cejas se parecían a las de Garbo. “Era una actriz sumamente hermosa”.

El hombre mayor asomándose por la ventana es José Umberto Aguilar, el papá de Susie Aguilar, conocido como “Pelón” quien tenía un taller mecánico en la 16 y South Van Ness. Avilés explicó que cuidaba de los niños que se metían en problemas. Susie Aguilar dijo que la mujer a lado de él en la ventana es la mamá de su media hermana, Lulu, y el señor de playera roja es James Aguilar, su medio hermano.

Los artistas usaron pinturas de esmalte, que se desvanecieron bajo la luz solar. Como no usaron un protector ultravioleta resistente “se desvaneció en intensidad un 50 por ciento”, dijo Fontes.

Como el mural se encuentra en propiedad privada, obtener financiamiento exigía un gran apoyo de la comunidad respaldado por el dueño de la propiedad y los muralistas. Las solicitudes para este tipo de proyecto pasan por la oficina de subsidios de la comunidad y debe estar vinculada a una organización sin fines de lucro 501 (c)(3).

El proyecto de restauración de Carnaval se asoció con el Mission Housing Development Corp., el que actúa como el patrocinador fiscal y crea una propuesta de presupuesto y plan de trabajo.

Dichos subsidios exigen una contraparte. La ciudad otorgó $50,000 al proyecto de Carnaval, pero el 25 por ciento de la suma debe provenir de la comunidad. Los individuos y los negocios pueden contribuir directamente, o pueden brindar materiales o equipo al proyecto cuyo costo luego podrán deducir en una donación en especie. El proceso para volver a pintar tomará entre cinco y siete semanas para completar, calculó Avilés.

Este artículo se publicó por primera vez en Mission Local el 14 de noviembre de 2011. Laura Wenus actualizó este artículo en mayo 2014.

Christy Khoshaba

An enthusiast for all things culture, Christy looks for journalistic inspiration in ethnic art galleries and in graffitied alleyways. When she’s not people watching at the BART stations, she’s deciphering...

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