Comenzó con un brindis: “¡Por beber y pensar!” brindó el grupo de casi veinte extraños reunidos en el Edificio de Mujeres en una reciente noche de miércoles durante una noche de debate literario. Dos ensayos del escritor francés del siglo XVI Michel de Montaigne para pensar y cerveza caseras para beber.

Un ensayo de Montaigne sobre lo que hace que una conversación sea buena se basó primero en un ensayo de Montaigne.

“¿Por qué Montaigne diría que ‘preferiría que su hijo aprendiera en una taberna en lugar de en una universidad de parloteo’?” le preguntó Mary Finn, fundadora de las clases para adultos, al grupo de hombres y mujeres de varias edades.

“¿Es la tecnología una barrera para la conversación?” preguntó Finn.

Bienvenido a Polis: la nueva organización de Finn con base en la Misión que durante los últimos dos meses ha tenido una serie de cursos para estudiantes adultos interesados en hablar de todo desde Montaigne a James Joyce en el mundo real.

En cuanto a la pregunta de la tecnología y la conversación, Neal Allen, con el cabello y barba gris que sugerían su edad, dijo que los medios de comunicación social son “una forma natural de indignación e hipocresía”.

Scott Bullard, de 26 años de edad, argumentó que los medios de comunicación social eran un punto irrelevante en el debate. “No significa nada”, dijo.

En efecto, el verdadero debate y el tono en la sala pueden crear tensión. Los estudiantes, quienes hacen la lectura por anticipado, no estuvieron de acuerdo en las interpretaciones y el tema de discusión puede tener una derrota insípida.

Finn interviene para hacer que la conversación continúe, para recordarle a los estudiantes más callados que hablen, que interrumpan a los que se desvían del tema, y para hacer que el grupo piense más a fondo.

“¿Enfrentamos la muerte de la forma en que [el escritor] nos motiva a hacerlo?” preguntó Finn al pasar al segundo ensayo titulado “Filosofar es aprender a morir”.

Naoto Yoshizawa, de 25 años de edad, no podía entender la idea de Montaigne de “practicar la muerte”.

“Entiendo que la práctica se refiere a repetir un acto una y otra vez, ¿cómo se puede hacer eso con la muerte?” le preguntó al grupo.

“Se trata más de pensar en la muerte todos los días”, dijo otro estudiante que propuso que hacerlo era una forma de liberarse de los temores de la muerte.

Jen Miles continuó en el tema del miedo. La muerte no era un prospecto tan temeroso hasta que tuvo hijos, dijo. Ahora, pensar sobre el efecto de la muerte en aquéllos que ama es algo horrible.

Y así continuó la noche, 30 minutos al principio para encontrar un lugar dónde sentarse y platicar, seguidos de un debate de 60 minutos moderado por Finn. Aunque la mayor parte de los participantes se fueron antes de que la clase terminara, algunos se quedaron para terminarse sus cervezas y platicar.

Polis le recordó a Bullard de un grupo de debate literario en el que estaba durante la universidad. Su primer experiencia en Polis le dejó algo que desear: “desearía que hubiera más tiempo para profundizar en el texto”, dijo.

Finn declaró que cuando comenzó Polis fue como “fabricar el avión mientras lo volaba”, y está ajustando las clases mientras aprende más sobre qué funciona. Finn espera que las clases individuales como “Beber y Pensar” atraerá a los estudiantes a registrarse para un curso de cuatro o cinco sesiones.

Amanda Hinton, de 32 años de edad, declaró que participó en una serie de varias clases el mes pasado que eran pequeñas (de seis a diez personas). Fue más fácil ahí conectarse con los estudiantes y profundizar en el debate.

Hinton declaró que seguirá asistiendo, ya que está en busca de una comunidad y de poder construir una vida con significado. “Polis promete lograr las dos cosas”, dijo Hinton.

INFORMACIÓN DE LA CLASE

Las clases de “Beber y Pensar”, que incluyen cerveza artesanal que se corresponden con el escritor cuestan $40 dólares, si trabaja para una organización sin fines de lucro, si es un educador o si está desempleado. Para todos los demás, cuesta $45 dólares.

Las sesiones de múltiples cursos no vienen con bebida, pero cuestan entre $20 a $25 por clase dependiendo de su trabajo.

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