Adobe Books, una de las librerías más queridas en la Misión, está a punto de cerrar.

“Hay un nuevo casero que quiere aumentar la renta casi al precio de mercado”, dijo el propietario Andrew McKinley.

El nuevo casero tomó la propiedad en el 3166 de la calle 16, entre las calles Valencia y Guerrero, en 2010, y ahora quiere aumentar la renta a $6,000 al mes —un aumento del 20 por ciento. McKinley declaró no poder costear el nuevo precio.

Las ventanas del local están llenas de letreros que dicen “Todo a oferta” y “Todo debe irse” —los mismos letreros que el local utilizó cuando casi cerró en 2010.

“Podríamos hacer cambios; transformarnos en un negocio más exitoso. Podría venderlo a alguien que le importe y quitarnos al casero de encima”, dijo McKinley. “Sería agradable que el local continuara”.

No obstante, está trabajando en aceptar la idea de que es posible que el local cierre. “Es una venta de despedida”.

McKinley, de 55 años de edad, abrió la librería en 1989 y rápidamente algunas personas comenzaron a conocerle como “la sala de la Misión”, según un empleado. El local recibió atención nacional en 2004 cuando organizaron sus más de 20,000 libros usados por color.

En la última década, las librerías independientes de la Misión, muchas de las cuales han estado aquí durante décadas, han luchado con competidor tras competidor, incluyendo las megalibrerías, las ventas en línea y ahora los libros electrónicos.

La librería Abandoned Planet fue desalojada de su ubicación en la calle Valencia en 2010. Modern Times se fue de la calle Valencia en 2011 por pocas ventas y por el aumento en la renta. Alan Beatts, el propietario de Borderlans Books y el Café Borderlands de a lado, le dijo a Mission Loc@l en el pasado que abrió el café porque no cree que las librerías sean un negocio viable.

McKinley señaló que otras librerías independientes en San Francisco, como City Lights, han podido seguir abiertas porque son dueños de los edificios.

Algunos clientes y empleados presentes en el local el miércoles por la tarde, lamentaron la pérdida.

“Esta es la última librería estilo bohemio”, dijo el empleado Sri Ananda y agregó que muchas personas llegaron a leer e incluso a tomar siestas en los sofás.

Sin importar lo que suceda, dijo McKinley, le quedarán los recuerdos.

“Tuvimos buenos tiempos con el paso de los años. Incluso hoy es un buen día”.