Traducido por Andrea Valencia

“Amor” es una palabra que a menudo se menciona en la reunión. Como cuando dicen “amo este parque”. “Amamos este parque”. “Todo mundo ama este parque”. Y la declaración más frecuente que los representantes de Parques y Recreación de San Francisco expresaron fue “todos sabemos cuánto aman este parque”.

Fue una reunión que se llevó acabo anoche en la Iglesia del Parque Dolores en respuesta a una gran indignación por parte del público que sucedió en una reunión a principios de este mes sobre la remodelación general del parque.

Casi ninguna de las personas del barrio en la reunión se dio cuenta que Parques y Recreación de San Francisco había vendido dos permisos de licencia para vender comida y café en el Parque Dolores. El dinero que se obtenga de las licencias (12.5 por ciento en ganancias) iría directamente al presupuesto general en operación de Parques y Recreación de San Francisco. Los carritos se encuentran temporalmente en aplazamiento. Los contratos con los carritos, tal y como están escritos, podrán revocarse con un aviso de 30 días.

“Es un sencillo problema de cuentas, muchachos”, dijo Phil Ginsberg, gerente general de Parques y Recreación de San Francisco. “El Parque Dolores no nada más obtiene amor en este barrio sino en toda la ciudad”.

El promedio de visitantes al día en el parque es de 3,000, el cual representa 1.2 millones de personas al año. En perspectiva: el Parque Golden Gate, el cual es el tercer o cuarto parque más visitado de los Estados Unidos, tiene 13 millones de visitantes.

La posibilidad de un recorte del 20 por ciento al presupuesto significa que el departamento de parques necesita encontrar una manera para recaudar dinero.

“El equipo de Nicole es una compañía en ciernes”, dijo Ginsberg al señalar a Nicole Avril, directora de asociaciones y desarrollo de recursos del departamento. “Nunca antes hemos estado en el negocio de ingresos monetarios”.

En la última reunión, el personal del departamento no sabía cuál era el costo del mantenimiento del Parque Dolores. Esta vez, Ginsberg tenía una cifra: $350,000 es lo que toma mantener al parque durante un año fiscal.

El año pasado, dijo, no hubo ninguna reducción de servicios al Parque Dolores. Pero un recorte del 20 por ciento podría significar $70,000 dólares menos –lo cual refleja los $60,000 – $70,000 dólares que el departamento espera poder recabar de las ganancias combinadas de ambos carritos de comida. “Entonces”, dijo Ginsberg, “escojan su veneno”.

“De acuerdo con la estrategia económica a nivel municipal”, dijo Todd Rufo, quien acababa de llegar de la Oficina de Desarrollo Económico y de Fuerza Laboral la cual depende del alcalde, “la ciudad tiene dos áreas principales de exportación. Las describimos como cubetas. Está la cubeta de exportaciones/conocimiento, en la que exportamos nuestras ideas. Y después está la cubeta de la experiencia. Uno viene a San Francisco como visitante internacional, regional o local y uno tiene experiencias. Ese es el pedazo más grande de la economía de nuestra ciudad.

“Lo que necesitamos hacer es persuadir a los visitantes para que se queden por más tiempo. Para hacer más. Los vendedores ambulantes de comida son parte de esto. Mientras podamos hacer que venga más gente y se quede en el parque, entonces va  a ser mejor para el negocio en el barrio”.

“Se han hecho estudios”, añadió Nicholas Kinsey, director asistente de gerencia de licencias, “que dicen que los servicios y las licencias son una de las características que más hacen falta en los parques de San Francisco”.

En las últimas semanas, las objeciones de los residentes locales sobre la falta de información resultó en un aplazamiento en los permisos que se habían otorgado a La Cocina, una organización sin fines de lucro en el barrio la cual ayuda a trabajadoras de bajo ingreso a crear un negocio, para estar en el parque y Blue Bottle Coffee, con base en Oakland.

Avril se disculpó con aquéllos que no estaban concientes de que los permisos estaban disponibles para cualquiera que lo pidiera.

“Menospreciamos la cantidad de pasión que la gente tuvo. Hemos dado permisos a varios parques, y este es del primero del que hemos escuchado sobre falta de información”. (Los otros parques son la Plaza Justin Herman y el Parque Golden Gate. La Plaza Álamo quiere un carrito de comida, informó Avril, pero no han podido convencer a nadie de que abran uno ahí).

El 7 de octubre se realizará una audiencia para un nuevo procedimiento para emitir permisos de licencia, dijo. Incluirá “una reunión de la comunidad para cada problema que tenga que ver con este parque. Cada gran evento. Cada licencia que se contemple. Tendremos un panel de selección para el parque y para invitar a un miembro de la comunidad a que participe. Un miembro de la comunidad que sea imparcial. Tendremos un panel de selección para regresar y presentar los resultados a la comunidad”.

Incluso así, muchos no estuvieron contentos.

“Hace diez años este barrio se estaba deteriorando”, dijo un hombre que se identificó como Michael. “La gente hizo este barrio de la comida, el café y el amor por el parque. Hay algo malo sobre lo que están haciendo. Ustedes vienen y dicen ‘esto es maravilloso. Déjennos usarlo para nuestro beneficio’”.

Otra mujer levantó la mano. “¿Qué hay de los baños? Hay gente que viene de la calle a mi casa a preguntarme que si pueden usar mi baño. No quieren hacer pipí en mis arbustos, pero no hay nada para ellos”.

“No estoy segura de cuánto más de eso harán los vendedores”, dijo Avril.

“Ay, ¡por favor!”, gritó un hombre en la multitud, “¿café?” Hubo gritos de “¡Sí!” y “Qué bueno”.

“Estamos remodelando los baños”, dijo Avril.

“Sí”, añadió amargamente un hombre con playera a cuadros. “Pero estas personas son primero”.

“Significa”, dijo Avril con firmeza, “que no tenemos que recortar $70,000 dólares del presupuesto del Parque Dolores del próximo año”.

“Me encantaría presentarme”, dijo Caleb Zigas, director de La Cocina, uno de los dos vendedores que obtuvieron licencias.

Zigas explicó sobre su carrito. “Somos un programa sin fines de lucro. Trabajamos con empresarios inmigrantes de bajo ingreso que quieren ser propietarios de negocios. Mujeres. Madres. Cuarenta vendedoras, todas aparentemente compitiendo entre ellas. Sólo escogimos dos parques a los cuales ir, parques que obviamente tienen la mejor oportunidad financiera. Estamos tratando de ayudar a que estas personas comiencen sus negocios”.

Otra mujer, directora ejecutiva de un programa para jóvenes en la ciudad, levantó su mano para defender el permiso de La Cocina. “Mi idea es que uno de estos negocios está relacionado con retribuir a la comunidad”, dijo. “Y el otro se siente como algo más comercial. Podría estar equivocada”.

“Bueno”, dijo Michael Hamm, quien estaba en la reunión representado a Blue Bottle (al principio repartió una carta de los propietarios de Blue Bottle dirigida a la Misión). “Como parece que hablan de mí… Tengo que decir que esto es una sorpresa para nosotros como compañía”.

Su defensa: dan buenos beneficios a sus empleados. “Si la gente quiere sacarnos, estaremos felices de irnos”, dijo y añadió que se había mudado a la calle Pearl hace cuatro meses.

“Me senté en el parque y vi “The Big Lebowski” este sábado junto con 8,000 personas. Quiero ser la cara que la gente reconozca y con la cual interactúen. De cualquier forma, sé que podemos ser intimidantes como compañía. No sé lo que es -¿tal vez nuestra estética?”

Otra mujer levantó su mano. “Es sólo que mucha de la gente que hizo este parque un lugar al cual ir, que construyeron esta comunidad entorno al parque fueron ignorados”.

“Este no es nuestro parque”, dijo una mujer en el fondo quien se presentó como Jocelyn. “Está en nuestro barrio, pero le pertenece a la ciudad. Somos libres de ir a otros parques. Pero ustedes suenan como si nos excluyeran. Y la ciudad está haciendo lo que puede –por dios, sueno como si fuera partidaria de la ciudad y no lo soy-, pero están haciendo lo que pueden para mantener al parque. No es como si estuvieran trayendo a Quiznos”.

“Ustedes parecen como si un camión les hubiera pasado por encima”, dijo un hombre con barba de la fila de enfrente cerca a Zigas y Hamm. “Estoy emocionado de poder trabajar con ustedes. Confío más en ustedes que en Parques y Recreación”.

“Bueno”, dijo Crystal Vann Wallstrom de Dolores Park Works, “¿hay alguien interesado en un ensayo, ya que el carrito de La Cocina ya está listo?”

Algunos levantaron la mano.

“¿Hay alguien interesado?”

Más personas levantaron la mano.

“Parece ser que hay más Sí que No”, dijo Vann Wallstrom, voluntaria de Dolores Park Works y quien ha estado intentando moderar el debate, en su mayoría sin éxito. Echó un vistazo un poco extraño y nadie dijo nada.

Por último, Zigas interrumpió el silencio. “Es difícil estar en esta situación. No quiero ir a un lugar al que nadie nos quiera. Es algo emocionante ser parte de la comunidad. Y es desconcertante el que nos hagan no ser parte de la comunidad. Siento como si hubiera pasado por un gran proceso para poder estar aquí. Más de lo que lo haría con cualquier otra persona en mi vida”.

Más silencio. Entonces otra mujer en la multitud levantó la mano. “Pero si no son ustedes dos, ¿van a escoger a otros? Ya lo han decidido. Está hecho. Dos personas en el parque”.

Más silencio. Finalmente, una mujer rubia en la fila de enfrente habló. “Si quieren que se corra la voz, como mi abuela solía decir: de la boca a las orejas de dios, vayan a la Reunión de la Comisión de Parques y Recreación a las 4 p.m”.

“El 7 de octubre en el Ayuntamiento, sala 416”, añadió Vann Wallstrom.

La mayor parte de la gente ya se había ido; todo el mundo que se quedó parecía estar un poco desconcertados.

“De cualquier forma me siento muy emocionado de estar en la comunidad”, dijo Zigas.

Andrea Valencia

Andrea was born and raised in Mexico City, where she graduated as a translator/interpreter. She has been working with Mission Local since 2009 translating content for the Spanish page. Also lives in the...

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