Traducido por Andrea Valencia

“¿Te casas conmigo?” preguntó Danny Della Lana. “¿Por tercera vez?”

“Por supuesto”, dijo Steve Hall un poco distraído. Levanta la mirada de los sándwiches sloppy joe que estaba preparando para la cena y amablemente pero con cara seria le dice a su hijo de ocho años que saque el pollito que él había traído. “Rápido”, le dice Hall, “antes de que se haga en tu sudadera”.

Los alegatos finales en el caso Perry vs. Schwarzenegger comienzan el día de hoy. Si el Juez Vaughn Walker dicta que la Proposición 8 no es constitucional, podrá ordenar que el estado comience a emitir licencias de matrimonio inmediatamente o podrá postergar su dictamen para que no entré en vigor hasta que se haya agotado cualquier apelación, según declaró Christopher Stoll, abogado superior en el Centro Nacional para Derechos Lésbicos.

La primera vez que Hall y Della Lana se casaron fue hace 10 años, en Hawaii, sin nadie que lo hubiera podido atestiguar de no haber sido por una bailarina de hula hula y un músico de ukelele, que estaba crudo. Ese matrimonio no fue legal.

La segunda vez fue en el Ayuntamiento, el 14 de febrero de 2004. “Nos casamos con mucha prisa porque estábamos preocupados de que si esperábamos, ya no íbamos a poder hacerlo”, dijo Della Lana. “No nos habíamos rasurado. No nos habíamos bañado. Olíamos mal”.

Aún así fue romántico. Los dos se metieron en la fila para poderse casar al mismo tiempo que unos amigos cercanos. Después se sintieron culpables y compraron galletas para todos los que estaban en la fila.

El matrimonio fue legal. Después, la Corte Suprema de California lo anuló. El reembolso de la licencia de matrimonio llegó por correo. Della Lana y Hall lo dieron a una organización que trabaja para legalizar el matrimonio gay.

En su decisión por intervenir y detener los matrimonios durante el año 2004, la Corte Suprema de California se expuso a ser demandada y eso fue exactamente lo que sucedió. La demanda, presentada por la ciudad de San Francisco y varias parejas cuyos matrimonios habían sido anulados acudieron al Tribunal Superior, el Tribunal de Apelaciones y por último a la Corte Suprema. Tan sólo cuatro años después, el 15 de mayo de 2008, la Corte Suprema dictaminó 4 a 3 que los estatutos existentes de California que limitaban el matrimonio entre parejas del sexo opuesto no eran constitucional. El 16 de junio, las bodas comenzaron una vez más.

Esta vez, Della Lana y Hall esperaron. Ya se habían casado dos veces. Esta vez, querían que sus familias estuvieran presentes. “Estaba muy orgulloso de ser californiano”, dijo Hall. “Agarré la banderita de la bici de mi hijo y en su lugar le puse una bandera de California”.

“Queríamos casarnos en casa”, dijo Della Lana.

“En el jardín”, dijo Hall.

“Con buffet. Y un poco de licor”, dijo Della Lana. “Eso es todo lo que uno necesita, en serio”.

Esperaron demasiado. El 4 de noviembre de 2008, la Proposición 8 se aprobó. Esta vez los matrimonios no se anularon. Las 18,000 parejas que lograron casarse en el periodo de tiempo entre el 16 de junio y el 5 de noviembre permanecen casados legalmente. Pero no se puede dar ninguna nueva licencia matrimonial. Hasta ahora. Tal vez.

Incluso si Walker dictaminara que el estado debería comenzar a emitir licencias de matrimonio otra vez, dichos matrimonios sólo serán vinculatorios a nivel estatal. Es por eso que Dipti Ghosh, otra residente de la Misión, seguirá esperando. “Es mi pequeña protesta”, dijo ella. “Tengo muchos amigos que están en relaciones que se ven amenazadas por la ley migratoria”.

Hasta que haya equidad de matrimonio a nivel federal, el matrimonio entre parejas del mismo sexo no tendrá el poder de alterar el estatus migratorio. La compañera de Ghosh, con quien ha estado 16 años, obtuvo una tarjeta de residencia después de cinco años de haber estado en la relación; pero Ghosh dijo que las relaciones transcontinentales son usuales, en especial después del once de septiembre. “Visitar los Estados Unidos conlleva una proeza de determinación y persistencia. A menudo la persona que vive en San Francisco es la que viaja. Se gastan miles de dólares en boletos de avión. Por lo menos hay Skype”.

Como Della Lana y Hall, Ghosh y su pareja se han tomado el tiempo para establecer un fideicomiso legal que les da aproximadamente los mismos derechos y responsabilidades que normalmente se otorgarían con una licencia matrimonial. Los gastos iniciales van de $3,000 a $4,000 dólares en cargos legales, pero también significa que el matrimonio, cuando suceda, no será substancialmente diferente a un acuerdo legal del que ya poseen –sólo sería mucho menos caro.

Ghosh no está completamente segura si se casará incluso cuando la Corte Suprema de los Estados Unidos lo legalice. Cuando la gente comenzó a volverse a casar en 2008, dijo Ghosh, “mi novia me llamó por teléfono y me dijo, ‘¿entonces? ¿Quieres?’ Y yo contesté, ‘Te me estás declarando por teléfono’?”

“¿Qué si lo haré? No lo sé. Pero de todas formas quiero el derecho. Y la posibilidad de escoger”.

Hall y Della Lana también están determinados a no apresurarse, para ellos sería la tercera vez. Los dos trabajan en negocios que ofrecen beneficios para compañeros. Cuando adoptaron a su hijo, cada uno de ellos pudo tomar licencia familiar. Legalmente, están tan casados como dos personas lo pueden estar, de no ser por la palabra real.

“Una vez para mí fue urgente”, dijo Della Lana. “Ahora sé que los dos vamos a estar juntos hasta que uno de nosotros muera”.

“No tenemos ninguna prisa”, dijo Hall. “Podemos esperar…” Y hace una pausa.

“…Hasta que sea permanente”, dijo seriamente Della Lana.