Traducido por Andrea Valencia

Han pasado dos meses, y Ginale Harris todavía no ha podido encontrar al oficial de policía que solía patrullar su barrio.

Esta es la segunda vez que le pregunta a la Comisión de Policía qué fue lo que sucedió, y es la segunda vez que ha quedado decepcionada. Lo único que ha podido adivinar es que lo suspendieron.

“De acuerdo con el fallo Copley, no podemos publicar esa información”, dijo la Comisionada Angela Chan, de manera amable pero sin dudar. “Es ley estatal. Necesitan comenzar a pensar en una solución a su problema que puede no ser la solución que quieran. Necesitan comenzar a pensar de una forma en la que puedan trabajar con los nuevos oficiales. De otra forma, no les van a dar nada”.

El oficial Nash Balinton tenía una forma particularmente hábil de encarar sus problemas. “Un hombre grande, grande”, dijo una de las mujeres que acompañaba a Harris a la reunión, tambaleándose de un lado a otro como una máquina de lavar repleta. “Uno podía llamarlo y decir, ‘hay una multitud reuniéndose afuera’, y venía y… no causaba ningún gran problema. Nada más venía y decía, ‘Hola, cómo están, buenas noches’, y luego –Harris imita un movimiento de cateo- ‘¡Ah! ¡Qué es esto! ¿Una pistola 9mm? ¿Qué pensaba hacer con esto?’”

“Si veía a tu hijo en algún lugar donde no debería de andar, lo agarraba, llamaba por teléfono y lo traía a la casa”, expresó Joanna Hernández. Su hijo es uno de los muchachos que Balinton vigilaba. Para ella fue un cambio de ambiente de una situación en la que cada determinado tiempo un oficial de policía confundía a su hijo por un sospechoso en un caso, le apuntaban una pistola a la boca y lo tiraban al piso.

Ginale Harris.

Bernal Dwellings no es una comunidad dócil con la policía. Históricamente en un proyecto de vivienda afroamericano y al estar rodeado por un barrio latino, sus residentes sospechan de la policía y se sienten abandonados e ignorados por la ciudad, dijeron los residentes. Una guerra de pandillas motivada racialmente es algo común así como lo es escuchar sus historias de incidentes con la fuerza policiaca.

Primero, Balinton se esfumó del patrullaje viandante y fue reemplazado sin que nadie lo notara. Después, los oficiales que habían trabajado con él frecuentemente –John Zachos, Bobby Sánchez, Pete Richardson, Mike Moody y Joe Váldez- comenzaron a ser reasignados a otras estaciones.

Mientras tanto, las guerras con armas de fuego entre narcotraficantes latinos y afroamericanos alrededor del parque Garfield se han convertido en algo más frecuente. Hace dos semanas hubo un tiroteo enfrente de Bernal Dwellings. Los policías en el lugar de los hechos eran nuevos, novatos. Harris nunca antes los había visto. Eran jóvenes y toscos, y trataban a todos, incluyendo a Harris, como si fueran sospechosos, dijo Harris.

“Le pregunté a uno de ellos ‘¿quién es usted? ¿Cómo se llama?’ Y él dijo, ‘eso es irrelevante”. Yo contesté, ‘¿así le habla a su mamá?’ Saqué mi teléfono y le llamé al Capitán Corrales que tenía en marcado rápido”, dijo ella al referirse al jefe de la Estación de Policía de la Misión.

“El Capitán Corrales me cae bien. Pero la ciudad continúa enviando a policías a la Misión para que se capaciten. Bernal Dwellings necesita un cuerpo policíaco que la comunidad conozca y respete”. Una vez que los oficiales se fueron, Harris encontró varios cartuchos de bala vacíos que estaban cerca de las ventanas rotas. Los empacó en papel blanco para impresora y los envió a la estación de policía.

Un artículo del periódico Chronicle de San Francisco de hace once años describe a Balinton como un “policía héroe” que sacaron de las calles de Bayview después de haber declarado que no quería protestar los cargos por detención ilegal que una exnovia había presentado por artificio. A menudo, el delito se considera un delito mayor, pero de alguna manera el caso de Balinton fue enlistado con dos delitos menores –habiendo salvado su trabajo, pero habiéndole quitado el derecho a portar un arma.

Ya había sido despojado de su cargo en un escuadrón elite para homicidios y lo habían suspendido de su puesto. También había sido acusado por haber abusado de su fuerza y haber intentado extorsionar a la familia de un sospechoso para que le diera dinero (no fue culpado por ninguno de los cargos); pero también hubo rumores de que participó en negociaciones con estudios de cine para hablar sobre los derechos de su historia.

Para cuando el Chronicle había escrito el artículo, parecía ser que los días de Balinton como policía del barrio se habían terminado. En lugar de eso, se convirtió en un policía héroe en Bernal Dwellings.

“Nash Balinton me cae bien”, le dijo el comisionado James T. Hammer a Harris al pasar cerca de ella en dirección a los elevadores. “Lo respeto. Solíamos trabajar juntos cuando yo era fiscal. Él podría ir a cualquier comunidad y ser aceptado”.

Harris se ve cansada. Ha sido un día largo y a pesar de todas las palabras de amabilidad y ofrecimientos de ayuda, al final lo único que le han prometido son más reuniones. Las puertas del elevador se cierran y Hammer ya se ha ido.

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H.R. Smith has reported on tech and climate change for Grist, studied at MIT as a Knight Science Journalism Fellow, and is exceedingly fond of local politics.

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