Todos los domingos justo antes de las once de la mañana, un señor delgado de cabello negro arrastra botes de plástico, una bocina, tubos blancos de PVC, una manta negra y unos cuantos letreros de cartón a la esquina de la calle 24 hacia la plaza de BART y se pone a desempacar.
Nick Jones, de 35 años de edad, transforma esta parada de BART en un escenario de títeres. Jones se presenta en todo San Francisco, pero en octubre de 2012 decidió poner hacer una función en su propio barrio. La temporada de lluvia es difícil, pero ahora que el sol está comenzando a salir, podrá verlo en el mismo lugar cada fin de semana.
La primera vez que Jones llegó a San Francisco desde Rhode Island fue cuando era un adolescente que se había escapado de casa. Como era drogadicto, vivía en las calles de la ciudad y de vez en cuando organizaba una función sencilla de títeres de calcetín en el Distrito Castro o en la calle Market. Jones terminó por vivir en un hogar en las calles 21 y Guerrero para jóvenes delincuentes.
Con la ayuda en su nuevo hogar, Jones obtuvo una pasantía como técnico de teatro en el Museo de Creatividad para Niños, después llamado Zeum, en donde conoció el arte de las marionetas. Aunque la idea de las marionetas lo sorprendió como concepto artístico, comentó Jones, simplemente no estaba listo para eso.
“No cabe duda de que no estaba listo, ni emocional ni mentalmente ni nada”.
A los 24 años de edad, Jones decidió que quería cambiar su vida y volver a comenzar así que decidió mudarse a Maine, en donde pensó que podría alejarse de las drogas. Al ya no ser drogadicto, trabajó en una serie de lo que llama “trabajos normales” en venta de ropa y atención al cliente.
Después de cuatro años, Jones decidió que era hora de regresar al estado dorado. Se mudó a Santa Cruz, en donde conoció a muchos jóvenes que lo inspiraron y motivaron a desarrollar su carrera como titiritero. Entre ellos estaba un joven llamado Charlie Berman.
“Sigue siendo uno de mis mejores amigos, y es como mi hermanito y lo quiero hasta la muerte”, dijo Jones. “Me inspiró y creyó en mí por completo y me motivó”.
Lo único que impidió que Jones siguiera una carrera en las artes escénicas fue el temor a recaer en malos hábitos.
“Creo que tenía que tratar de vivir una vida muy tradicional o si no iba a recaer, si intentaba hacer cualquier cosa que fuera muy artística o avant-garde o diferente con mi vida”, dijo. “En mi mente esas son cosas están ligadas a fiestas y drogas fuertes y ese estilo de vida. No creía que podía tener una sin la otra”.
Incluso así, Jones se arriesgó. Alguien le dio una bicicleta y así pudo construir un carrito para bicicleta y decidió convertirse en un intérprete callejero que viajaba. De camino a Oregón, Jones se detuvo en San Francisco, en donde le robaron su bici y no pudo continuar con su viaje.
“Bueno, creo que estoy en casa”, se dijo a sí mismo.
En la actualidad, Jones se presenta en Castro y en la calle Market, en donde comenzó. Jones opina que sus títeres son una reflexión de lo que ve en la ciudad y las experiencias que ha tenido a excepción de uno de ellos: Wolfie T- Wolf, el maestro de ceremonias.
“Es un poco una caricatura de mi abuelo. Es como una especie de persona de Nueva Inglaterra que yo no puedo ser porque vivo en San Francisco. Así que Wolfie puede ser un poco más directo”, dijo Jones mientras entró en personaje.
Podrá ver a Jones, así como a Wolfie, Dino the Shark, Three Billy Goats Gruff, Señor Gato y muchos otros personajes todos los domingos por la tarde, a lado del letrero que dice: Flat Broke Puppet Co. y una calabaza naranja sonriente donde recibe donaciones.

