Traducción por: Neus Valencia

Durante varias noches, Huy Le, dueño de un salón de belleza ubicado en la calle 16, tuvo pesadillas de que su negocio cerraría.

Por las mañanas, se ponía a buscar en Google con la esperanza de encontrar alguna noticia del gobierno que le permitiera reabrir. No obstante, aunque algunos propietarios de salones de belleza aplaudieron la decisión de la alcaldesa London Breed en la que finalmente anunció que la industria podría operar al aire libre a partir del martes, Huey Le, propietario del Revamp Salon lo consideró como “decepcionante”, “mucho ruido y pocas nueces”.

Para algunos, el salvavidas que sería poder atender a clientes en exteriores sucedió demasiado tarde. Aunque la Cámara de Comercio de San Francisco no tenía la cifra de salones que han tenido que cerrar, los propietarios dijeron que muchos han tenido que cerrar permanentemente, y, que incluso, varios han tenido que cerrar a medida que sus clientes han dejado la ciudad. Y para algunos, como Le, el anuncio de la semana pasada los ha dejado con las manos atadas.

Los negocios deben solicitar un permiso de operación al aire libre en la banqueta para poder calificar y abrir como tal. La elegibilidad requiere que los negocios tengan seis pies de espacio libre entre el funcionamiento del negocio y la acera, algo que Le y otros dueños de salones opinan que es imposible debido a las condiciones de muchas ubicaciones.

En cambio, lo que Le y otros prefieren es reabrir en interiores con modificaciones, un paso que el Gobernador Gavin Newsom aprobó para todos los condados de California, aunque los expertos en salud aún no estén listos para tomar ese riesgo.

Aunque no está convencido, Le está considerando la idea de dar servicio al exterior del local por lo que entregó su solicitud el sábado. El lunes llamó a la línea de información de la ciudad, el 311, para un seguimiento. “Dijeron que tienen un atraso de aproximadamente ocho semanas”, dijo Le.

Además, es probable que tenga que llenar una solicitud para obtener un parklet, lo que supone que tendrá que gastar dinero para construirlo, esto, durante la temporada de lluvias del norte de California. Si le aprueban su solicitud, dijo que tendrá que agregar tomas eléctricas y una carpa para trabajar.

“Hubo un montón de gente que nos contactó y les dijimos que por el momento no podemos hacer nada porque no tenemos el permiso”, comentó.

El programa Shared Spaces (Espacios Compartidos) que fue creado en mayo, no especifica puntualmente los plazos de aprobación de los permisos. Sin embargo, en la descripción del programa se indica que los solicitantes de permisos pueden instalarse después de dos días, y el conteo de Shared Spaces muestra que el 63 por ciento de todos los negocios han podido procesar sus permisos.

Josie Li, propietaria de La Boutique, ubicada en el 832 de la calle Sutter, en el centro de la ciudad, dijo que ni siquiera solicitará el permiso. Su ubicación no le da casi ningún espacio para maniobrar y le preocupa que las personas en situación de calle en el Tenderloin puedan afectar también a los negocios. Los dueños de los restaurantes del centro también se preocupan por los problemas relacionados con las agujas tiradas y heces que hay en la ciudad.

Desde el anuncio de Breed, Li ha reclutado a otros propietarios para redactar una guía de reapertura de interiores que espera que la ciudad apruebe.

Las guías son similares a las de los consultorios de dentistas, que, según ella, están más expuestos que los clientes en la industria cosmetológica. Hasta ahora, otros siete propietarios de salones la apoyan.

“No culpo a la ciudad ni al gobierno por decirnos que operemos afuera al exterior. Pero para mí fue una oferta de ayuda”, dijo Li. “Pero no es una solución real”.

En la actualidad, el humo de los incendios forestales ha hecho que el exterior sea un lugar poco atractivo para estar. Además, en pocos meses, hará frío.

“¿Qué vamos a hacer cuando llegue el invierno?” se pregunta Li .

Para Le en la calle 16, la reapertura segura a interiores ya es posible. Argumenta que el Revamp Salon cumple con los requisitos de seguridad del lugar de trabajo para covid-19 establecidos por Cal-OSHA y con los del Centro de Control de Enfermedades. Estos incluyen el control de temperatura de las personas que entran al edificio, guantes y equipo de protección personal disponible.

También señaló un estudio del CDC en el que dos peluqueros infectados en Missouri trabajaron con 139 clientes. Un poco menos de la mitad de los clientes se ofrecieron a ser examinados, y ninguno de ellos contrajo la enfermedad.

“¿Por qué es más seguro para alguien sentarse en un avión que estar con nosotros sentados por menos tiempo?” cuestionó Le. “Creo que el gobierno está eligiendo ganadores y perdedores”.

Los dueños de los salones de belleza se ven a sí mismos como fracasados. La industria del cuidado personal ha estado cerrada desde mediados de marzo y mientras que la ciudad ha ofrecido numerosos préstamos y subvenciones a salones y peluquerías, Le recibió sólo un préstamo federal del programa de protección de nómina (PPP, por sus siglas en inglés), el cual se está agotando.

Sin un ingreso, Le tiene que pagar el alquiler al hacer uso de sus ahorros. La semana pasada, en el ayuntamiento, se manifestó ante los líderes locales, junto con más de 150 gimnasios, barberías, dueños de spas y empleados para exigir respuestas sobre la reapertura.

Los comerciantes temen que cuanto más tiempo pase menos posibilidad haya de reabrir completamente, y lo más seguro es que los clientes no vuelvan. Le y Li dijeron haber recibido varias llamadas de personas que amaban el servicio que ellos brindaban, pero que ya no podían quedarse en San Francisco. Otros eligieron cortarse el pelo en condados más permisivos como San Mateo o Marin.

Lily Rahnavard, gerente de Revamp Salon, dijo que el incierto futuro de la industria durante el Covid ha hecho que se replantee su carrera.”He pensado en cambiar de industria, pero me encanta lo que hago”, dijo Rahnavard. “Es la frustración de tener que seguir retrasando nuestras citas. Es absurdo”.

Rahnavard dijo que, afortunadamente, el apoyo de desempleo “apenas y cubre” el alquiler, la comida y los servicios públicos de su departamento en la Misión. Con una compañera de cuarto con un sistema inmunocomprometido, su búsqueda de trabajo es limitada, está vendiendo ropa vintage para conseguir dinero adicional.

Con Revamp Salon cerrado, todo lo que puede hacer es esperar.

“No he vivido así desde la universidad”, comentó Rahnavard.

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Annika Hom

Annika Hom is our inequality reporter through our partnership with Report for America. Annika was born and raised in the Bay Area. She previously interned at SF Weekly and the Boston Globe where she focused...

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