(FOTO) Evento Grand Rounds del Departamento de Medicina de la UCSF del 30 de abril de 2020 incluyeron a (desde la izquierda superior): el Dr. Bob Wachter, el Dr. Amir Jaffer, el Dr. Alexander Smith, el Dr. Sanjay Reddy y la Dra. Carly Zapata. Ilustración de Molly Oleson; fotos de las capturas de pantalla del evento en vivo.
UCSF's Department of Medicine Grand Rounds on April 30, 2020 included (from top left): Dr. Bob Wachter, Dr. Amir Jaffer, Dr. Alexander Smith, Dr. Sanjay Reddy and Dr. Carly Zapata. Illustration by Molly Oleson; photos from screenshots of live event.

Traducción por: Neus Valencia

La comunidad médica está trabajando arduamente para desarrollar medidas que pudieran volverse normal en el mundo después de la cuarentena. Es posible que Remdesivir, un fármaco antiviral y posible tratamiento para COVID-19, se convierta en un nombre que nos suene familiar, y que la realización de pruebas sea una práctica cotidiana.

Sin duda, la práctica del “rastreo de contactos” será parte de nuestra nueva realidad.

Esto es lo que explicó Michael Reid, un profesor de enfermedades infecciosas del Hospital Zuckerberg San Francisco General, durante la sesión del jueves de las Grandes Rondas del Departamento de Medicina de la Universidad de California de San Francisco.

“La pregunta que todos se hacen es, ¿cuándo podremos salir del aislamiento?, dijo Reid, quien ha estado trabajando con el Departamento de Salud Pública de San Francisco para estructurar y refinar su programa de rastreo de contactos.

Según Reid, una vez que San Francisco tenga la certeza de que ha bajado el número de casos y haya capacidad hospitalaria, nuestro departamento de salud necesitará de un “ejército” humano para poder rastrear a todos los presuntos “contactos” que una persona positiva para COVID-19 ha infectado potencialmente. Esto no sólo frena la transmisión al lograr que se aísle voluntariamente la persona infectada, sino que también permite que los funcionarios de salud actúen rápidamente para hospitalizar a las personas que necesitan mayor atención.

En un estudio realizado en Shenzhen (China), explicó Reid, se observó que el rastreo de contactos permitió que los funcionarios de salud aislaran a las personas potencialmente infectadas tres días antes que si hubieran solo empleado una vigilancia básica de los síntomas. Esto se debe a que muchas personas no presentan síntomas inicialmente o incluso pueden no presentarlos en absoluto. El veinte por ciento de los pacientes positivos para COVID en el estudio eran asintomáticos, y el 30 por ciento no tuvieron fiebre.

Con todo esto en mente, Reid está ayudando a San Francisco a juntar un pelotón de rastreadores de contactos. En Wuhan, China, el epicentro del primer brote, se desplegaron unos 9,000 rastreadores de contactos para rastrear a una población con 11 millones de personas. En San Francisco, dijo Reid, necesitaremos muchos menos. “Necesitamos una fuerza de trabajo de 100 a 150 personas que puedan hacer esto o estén disponibles para hacerlo”, dijo, especialmente cuando termine la orden de resguardo en casa y nuestros contactos comiencen a aumentar.

Ya ha surgido un inusual elenco de personajes para contribuir a esta tarea: abogados del municipio, bibliotecarios y otros funcionarios de San Francisco son ahora rastreadores de contactos. En este momento, hay 105, incluyendo miembros del personal y estudiantes de medicina de UCSF.

Sin embargo, el rastreo de contactos por sí solo “no será una solución milagrosa”, dijo Reid. “Únicamente funciona como parte de una respuesta del sector salud altamente desarrollada”, lo que significa que los recursos deben estar disponibles para apoyar y monitorear a aquéllos que han sido aislados.

Dr. Mike Reid spoke at the start of the Grand Rounds. Screenshot.

Ser asintomático y ser inmune

El Dr. Brian Schwartz, profesor de enfermedades infecciosas de UCSF, explicó cómo la gente puede infectarse de COVID-19, sin mostrar síntomas durante días y aún así ser altamente contagiosos. De ahí la importancia de realizar pruebas constantemente y rastrear a los contactos.

Citó un estudio publicado el viernes pasado en donde se examinó un brote en un centro de enfermería especializada en Seattle a finales de febrero. Cuarenta y ocho de 76 residentes de edad avanzada dieron positivo durante una investigación. De los que dieron positivo, 27 inicialmente no mostraron síntomas, pero con el tiempo, 24 desarrollaron los síntomas de la enfermedad, y algunos fallecieron. La tasa de mortalidad en el lugar fue del 26 por ciento. 

Según Schwartz, algunos de los residentes habían estado transmitiendo la enfermedad durante seis días enteros antes de mostrar síntomas, “lo que sugiere que varios días antes de desarrollar síntomas… estos pacientes fueron capaces de transmitir la infección”.

En consecuencia, los colegas de Schwartz, las doctoras Diane Havlir, Monica Gandhi y Deborah Yokoe, recomendaron en un artículo del New England Journal of Medicine que los centros de enfermería especializada, así como las cárceles, los albergues para personas en situación de calle y los centros psiquiátricos de reclusión, deberían ser sometidos a pruebas y reanálisis constantemente.

Por otra parte, Schwartz señaló que las probabilidades eran “altas” de que la presencia de anticuerpos en nuestra sangre –lo que significa que se ha contraído el virus– es señal de inmunidad. “Pero esto aún se desconoce”, dijo, ya que no hay suficientes datos para respaldar una conclusión.

Añadió que es muy probable que cualquier inmunidad que podamos desarrollar sea temporal. La inmunidad a otros virus de la familia de los coronavirus no ha durado mucho tiempo, comentó. 

Atención médica en Nueva York

Amir Jaffer, el director médico del Hospital Presbiteriano de Nueva York en Queens, habló del pandemónium que hubo cuando su hospital se inundó con pacientes en marzo. El primer paciente con COVID-19 llegó al hospital el 8 de marzo. “Tengo que reconocer que cuando empezamos a tener los primeros casos, no teníamos idea de lo que nos esperaba”, dijo. “Nos sorprendió mucho la cantidad de aumento que tuvimos”.

De hecho, los números aumentaron rápidamente. El hospital empezó a recibir hasta 50 nuevos pacientes al día. En su punto más alto, el hospital de Queens tenía 105 pacientes con respiradores, dijo; en este momento todavía hay más de 90 con respiradores. (En comparación con los cuatro pacientes con respiradores que hay ahora mismo en el hospital de UCSF). Secciones enteras del hospital se transformaron en unidades de cuidados intensivos para los pacientes de COVID-19, ya que tuvo que aumentar su capacidad a 120 camas en la UCI, al tiempo que había escasez de personal para atenderlos. 

“Ha sido una lucha diaria”, dijo.

A pesar de que el hospital hacía su mejor esfuerzo, fallecieron aproximadamente 500 personas de unas 2,000 que fueron admitidas debido a la infección de coronavirus en el hospital, comentó Jaffer. Algunos de sus colegas también han muerto, “no podemos olvidar las vidas que se han perdido a causa de este feroz virus”. 

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Julian grew up in the East Bay and moved to San Francisco in 2014. Before joining Mission Local, he wrote for the East Bay Express, the SF Bay Guardian, and the San Francisco Business Times.

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