Johnny Travis, left, and Herbert Gracia have pivoted to making face masks through their apparel line State of Flux. Photo by Julian Mark

Traducción por: Neus Valencia

Al momento que se enteró del apoyo federal para ayudar a pequeñas empresas con el pago de nómina el 3 de abril, Anthony Strong, propietario y chef de Prairie, dejó todo lo que estaba haciendo para presentar la solicitud.

“Todavía no he recibido respuesta de mi banco”, dijo con respecto a si recibirá la ayuda.

En cambio, el banco, que administra los préstamos de nómina, le dijo que volviera a ingresar su solicitud en su recién creado portal en línea, y, bueno, Strong intentará ello también. “Pues, en este momento, no tengo ni idea de lo que está pasando”, dijo.

Muchos propietarios de pequeñas empresas en San Francisco comparten la experiencia de Strong, necesitan desesperadamente la ayuda del gobierno, a medida que ven cómo se derrumban sus ingresos. Ninguno con los que hemos hablado ha visto un centavo.

De hecho, la Asociación de Pequeñas Empresas anunció el jueves que su “Programa para la Protección de Nómina” de $349 mil millones, que proporciona préstamos condonables a las empresas que no despiden a personal, ya no tiene fondos. Aunque el Congreso está trabajando para ampliar el programa y reponer el fondo con $250 mil millones más, no se ha llegado a ningún acuerdo.

Sin embargo, muchos de los dueños de los negocios, como Strong y otros con los que habló Mission Local, siguen afrontando la situación pensando que la ayuda nunca llegará, malabareando entre las nuevas circunstancias y juntando el valor para seguir operando, pagando salarios a algunos empleados y alimentar a sus familias.

Justo cuando entró en vigor la orden de resguardo en casa, Strong transformó completamente su restaurante de la calle 19 en una “tienda general” donde la gente puede ordenar alimentos básicos en línea y recogerlos; no obstante, con el apoyo federal, Strong dijo que podría contratar a algunos empleados más para hacer entregas y ampliar la operación.

“Creo que todos los bancos están estancados”, dijo, “Y, en este momento, no puedo determinar si tenemos posibilidades, lo cual me da un poco de miedo”.

Paula Tejeda, que sigue operando su restaurante de empanadas Chile Lindo, también está solicitando todos los apoyos que pueda obtener. Cuando estuvieron disponibles el mes pasado, ella solicitó el “adelanto de préstamo de desastres por daños económicos” de la Administración Federal de Pequeños Negocios. Básicamente, se trata de una subvención de 10.000 dólares que, de ser aprobada, estaría disponible inmediatamente; sin embargo, ese fondo también se ha agotado. Tejeda, al igual que Strong, dijo que también planea solicitar los préstamos de protección de nómina que actualmente no están disponibles, pero se mantiene cautelosa.

“¿Realmente creen que podemos aceptar llenar otra solicitud y otro formulario cuando que, literalmente, apenas y salimos a tomar aire tratando de mantener a flote las cosas de alguna manera?” dijo, frustrada.

En efecto, el trámite de solicitar estos apoyos puede sentirse como tontería, especialmente con el programa de protección de nómina. En la primera ronda de financiación, bancos como Wells Fargo y Bank of America limitaron el número de solicitantes. Por ejemplo, para solicitar con Bank of America, ya tenías que haber pedido un préstamo al banco. Al principio, Wells Fargo permitió a las empresas que únicamente “expresaran interés” en recibir los préstamos, incluso promovió que los solicitantes buscaran otros bancos: “solicita préstamos en otras instituciones para así aumentar tus posibilidades de recibirlo antes de que se agoten los fondos”.

Al final, esos fondos sí se agotaron, y quedó claro que pocas pequeñas empresas los recibieron. En California, únicamente se aprobaron 112.976 préstamos, un total de $33.4 mil millones, según un análisis de Bloomberg.

Ninguno de los negocios con los que habló Mission Local recibió el apoyo de nómina.

“Lo que vimos en la primera ronda fue que las empresas que tenían relaciones existentes con los bancos tenían prioridad, porque los bancos decidieron a discreción a quién querían ayudar”, dijo el representante Ro Khanna, D-Fremont, en una conferencia de prensa organizada por Ethnic Media Services el viernes. “Si se trataba de un pequeño restaurante o tintorería familiar que no tuviera una relación prioritaria con algún banquero, era muy difícil que consiguiera un préstamo”.

Según Khanna, él y otros legisladores demócratas estuvieron presionando para conseguir los $250 mil millones adicionales, que actualmente se debaten en el Congreso para la ampliación del plan a empresas más pequeñas, como las familiares.

Sin embargo, Tejeda podrá pagar sus cuentas este mes. Aunque únicamente pueda vender una taza de café algunos días desde su puesto en la calle 16, ha utilizado una red que ha construido a lo largo de los años para hacer entregas de empanadas fuera de la ciudad.

Para que sea rentable, anuncia en Facebook que un día de la semana hará entregas en el Este de la Bahía. Otro día, anuncia que hará entregas en el Norte de la Bahía, y así sucesivamente.

“Estoy tan abrumada y no puedo seguir recibiendo pedidos”, dijo.

De la misma manera, los dueños de la tienda de ropa State of Flux de la calle Valencia, mientras que solicitan diversos préstamos, se han dedicado a hacer cubrebocas lavables, que están vendiendo en línea y donando a los vecinos. Ese negocio podría despegar pronto, ya que la alcaldesa London Breed está exigiendo ahora a la gente que use cubrebocas en “negocios esenciales, instalaciones públicas, transporte público y a las personas que realizan trabajos esenciales”.

No hace mucho, en una tarde no pararon las máquinas de coser mientras dos empleados del taller cosían los cubrebocas por enviar. “Tenemos 4 trabajadores”, dijo el cofundador Johnny Travis, “Haremos todo lo posible por no perderlos”.

Comenta que gracias a los cubrebocas puede lograrlo. “Con los cubrebocas y la demanda, hemos estado aquí durante días y días… es como una línea de ensamblaje”, dijo.

En cuanto a si el gobierno federal cumplirá, “si cae el préstamo –genial– y trabajaremos con ello”, dijo Travis, “pero de lo contrario, no dependeré de ese dinero”.

Armando Macuil, el dueño de La Torta Gorda en la calle 24, también está buscando ayuda del gobierno y, como los demás, es escéptico. “Sé que hay muchas empresas que solicitan eso”, dijo, “pero lo necesitamos de inmediato”.

Macuil dijo que las ventas variado entre el 40 y el 45 por ciento de lo normal, y que podrá pagar el alquiler este mes. Para mantener al personal, siempre que puede les da horas, mientras que reduce los gastos. Está usando menos agua y ha reducido el tamaño de los contenedores de basura, al tiempo que usa dinero de su cuenta de ahorros.

Él sigue estando agradecido.

“Lo bueno de ser dueño de un restaurante es que no tenemos que preocuparnos por la comida”, dijo. “Es una bendición que tengamos un restaurante. Tenemos desayuno, almuerzo y cena”.

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Julian grew up in the East Bay and moved to San Francisco in 2014. Before joining Mission Local, he wrote for the East Bay Express, the SF Bay Guardian, and the San Francisco Business Times.

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