Traducción por: Anabelle Garay

Después de los despidos masivos que ha habido, la caída por la que están pasando los negocios y la incertidumbre a futuro, la mayoría de los comercios en el Distrito de la Misión dijeron que incluso con la moratoria sobre los desalojos para pequeñas y medianas empresas anunciada el martes, esperan una recuperación muy difícil.

Christian Albertson, propietario de Monk’s Kettle en la calle 16, escribió en un correo electrónico que el lunes “tuvimos la lamentable tarea de despedir a casi todo el personal hasta que podamos volver a tener ventas en la tienda”. 

Su mejor estrategia es una que otros han seguido: tratar de superar la crisis de la pandemia y tratar de librarla para contratar a todos de nuevo. 

La ciudad ha tomado una serie de medidas para contrarrestar los desafíos que enfrentan las empresas y los empleados. El martes, la alcaldesa London Breed anunció una moratoria de 30 días sobre los desalojos a pequeñas y medianas empresas. Anteriormente ordenó lo mismo para residentes. Las moratorias se pueden extender por otros 30 días, según las órdenes.  La ciudad también ofreció $10 millones “para proporcionar cinco días adicionales de licencia por enfermedad remunerada a los trabajadores del sector privado que han sido afectados por la pandemia de COVID-19″.

Mientras tanto, la Casa Blanca está pidiendo al Congreso que apruebe un paquete de rescate de un billón de dólares. Incluiría $300 mil millones en asistencia de nómina para pequeñas empresas y $500 mil millones para dos oleadas de pagos directos a los contribuyentes estadounidenses. Además, proporcionará $50 mil millones en préstamos garantizados a la industria de las aerolíneas y $150 mil millones en préstamos a otros sectores de la economía más afectados. 

Si bien es algo bueno, aún no está claro si esas medidas harán lo suficientemente para mitigar el impacto de los despidos generalizados y el corte instantáneo de los ingresos que la mayoría de las empresas están viviendo con la orden de “refugio en casa” del Área de la Bahía. 

“Es devastador para todos los negocios aquí”, dijo Tony Cervone, chef de las tres ubicaciones de Souvla en la ciudad. Todas sus ubicaciones estarán cerradas hasta al menos principios de abril, explicó Cervone mientras estaba parado de frente al local de la calle Valencia el miércoles por la mañana. 

“Habrá una gran recesión”, incluso después que el coronavirus esté bajo control, dijo y agregó que la ciudad debería estar considerando una moratoria de tres meses en los desalojos para empresas y residentes. 

Los restaurantes que permanecen abiertos están ideando una multitud de estrategias, la mayoría de las cuales giran en torno a recortar el personal hasta lo más mínimo y pedirle a los clientes que solo pidan comida para llevar. 

Monk’s Kettle, por ejemplo, también ofrece comida para llevar de un menú completo, incluyendo cerveza, vino y sidra en botella y en lata, de 1 p.m. a 10 p.m. “Hemos ajustado todos los precios a la baja de los precios de venta al público”, Albertson escribió, explicando que Monk’s Kettle está ofreciendo un descuento en el precio de la comida si se ordena con anticipación o en la ventana de comida para llevar. 

Y, como todos los demás, Monk’s está en todos los servicios de entrega. Visite su sitio web para ver las próximas ventas de bodegas, incluso una el sábado para vender 200 botellas de Cantillon y otras ofertas

Matt Conlgan, director culinario de Mixt en la calle 20 y Valencia, dijo que el negocio depende los negocios en el barrio para sobrevivir. Los que están en el distrito financiero o en el centro de la ciudad han cerrado, y el miércoles por la mañana Conlgan estaba trasladando productos al restaurante de la Misión. 

“Estamos teniendo una demanda bastante decente en las tiendas de nuestro barrio”, dijo. Instó a los clientes a ordenar en línea : Recoger comida toma segundos y siempre están los servicios de entrega a domicilio. Pero ellos también están repartiendo en el barrio, dijo.  

Algunas empresas no tienen el lujo de ofrecer comida para llevar o entregar. “Aunque considero que el mini golf es “esencial”, dijo el propietario de Urban Put, Steve Fox, “no califica”. 

Urban Putt cerró por completo el domingo, y Fox dijo que no sabe cuándo volverá a abrir. El campo de minigolf interior en las calles 22 y South Van Ness tiene unos 45 empleados. “Básicamente despedimos a todos”, dijo Fox, a excepción de algunos gerentes que cerrarán en las próximas dos semanas. El Urban Putt en Denver, con alrededor de 50 empleados, tuvo que hacer lo mismo. 

Los restaurantes, los campos de minigolf y los bares son negocios de flujo de dinero en efectivo, sin entradas de efectivo, no hay efectivo que salga ”, dijo Fox. “Es absolutamente brutal”.  

“Como te imaginas”, agregó. “No estoy durmiendo.” 

Aunque es un establecimiento de comida, Mission Picnic en la calle Valencia ha cerrado por completo, distribuyendo gran parte de la comida no utilizada a sus 11 empleados, dijo Josh Hamilton, gerente de la tienda. Hasta el miércoles por la tarde, todavía tenían sus trabajos, dijo, pero no estaba claro por cuánto tiempo.

“No tenemos dinero para pagarles”, dijo Hamilton.

La tienda de sándwiches, que reportó una caída en sus ingresos de un 90 por ciento desde el comienzo de la crisis, está explorando algún tipo de “plan de compensación”, dijo Hamilton. Pero también puede despedirlos, para que puedan cobrar el desempleo. 

“Vimos una caída en el negocio que no justificó los costos operativos”, dijo Hamilton. “Tuvimos que tomar una decisión despiadada y cerrar”.  

La Crepe House el la calle Valencia, estaba preparando comida para llevar o repartir, pero el martes anunció que la pandemia fue “el último clavo en el ataúd” para su comercio y cerrará al final del mes.

El Dolores Park Cafe en la esquina de las calles 18th y Dolores dijo que ellos también estaban abiertos para vender comida para llevar pero que no había entrado mucha gente. Por lo general, Gabriela Fausto está administrando a otros cuatro empleados. El miércoles por la mañana eran Fausto y un empleado. 

Tartine Bakery continúa vendiendo el pan que se hornea en su local en la 18 y Guerrero. El pan está listo alrededor de las 3:30 p.m., según Carlos, quien estaba trabajando en la caja el miércoles por la mañana. Los pasteles también son negocio sólido, dijo. “Estamos tratando de resolver esto”, dijo. Una cosa es segura: no hay más largas colas en Tartine. 

En Bistro SF Grill en la 1305 Castro St, el copropietario Hasim Zecic dijo que están ofreciendo comidas a un costo de $5.50 a sus clientes y que mantendrán a sus seis empleados en la cocina. El martes, 118 personas recogieron comida y hoy tienen suficiente para 260 clientes. 

Uno de los pocos propietarios ocupados el miércoles fue Roger Wong, el dueño de Santora Supply en 825 Valencia St., que vende equipos de limpieza. Carlos Ortega, un trabajador de la construcción de Cahill, estaba allí para recoger lejía y otros artículos de limpieza. 

Wong dijo que habían podido mantener todo en el inventario, todo excepto el desinfectante para manos. 

Pero la mayoría de las empresas no tuvieron tanta suerte. “Solo estamos tratando de descubrir cómo sobrevivir”, dijo Albertson de Monk’s Kettle, “y llegar al otro lado de esto”. 

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