Las 3,295 páginas de expedientes revelan una falta de organización y coherencia en la estructura de mando del enfrentamiento sucedido en marzo de 2018 en el que la policía abatió a un muchacho armado de 19 años de edad.


Traducción en español de Andrea Valencia 

Jesús Adolfo Delgado Duarte estaba tendido en la cajuela del automóvil de su amigo, un Honda Civic color negro en la calle Capp, entre las calles 21 y 22. 

Fue en marzo de 2018 cuando tuvo que tomar la decisión de su vida al ver a diez agentes de la policía de San Francisco colocarse en formación de medio círculo con armas en mano. Delgado tenía un arma de fuego con él también; se encontraba sosteniendo la puerta de la cajuela con la mano derecha mientras sostenía nerviosamente la pistola con la mano izquierda.  “Abre la cajuela”, dijo la oficial a través del megáfono de la patrulla; el tono de la agente era calmado, casi a forma de súplica, pidiéndole que abriera la cajuela y mostrara la mano izquierda que no era visible. “Señor, si tú no enseñas tus manos, te vamos a echar balazos”.

Delgado se vio en la necesidad de tomar una decisión: podría haber bajado de la cajuela, haber sido condenado a pasar tiempo en la cárcel y, quizás haber sido deportado a México, en donde había nacido hace 19 años antes del momento en cuestión; o, podría haber levantado su arma y morir. 

Delgado dirigió su mirada hacia la agente Milen Banegas, quien le daba órdenes en español a menos de diez pies de distancia de él.  Días después, Banegas le dijo a los detectives de homicidios que “uno podía ver todas estas emociones por las que estaba pasando”, “hasta cierto punto, parecía que él estaba llorando”.

Banegas recuerda haber visto que Delgado se persignó. Fue como “si él estuviera teniendo un episodio psicótico… como si él estuviera intentando decidir qué hacer”. 

De pronto, la decisión se hizo aun más fácilmente: un agente que estaba atrás, de pie y a la izquierda de Banegas le disparó a Delgado un cartucho de perdigones en el antebrazo derecho. 

Varios de los diez agentes que le terminaron disparando a Delgado aseveraron ante detectives que Delgado hizo un gesto de dolor, se retorció de dolor o quedó inconsciente. Banegas, una de las agentes que estaba más cerca a Delgado, recuerda algo más: la expresión en la cara de Delgado se tornó en “rabia”.

Segundos después, Delgado repentinamente extendió la mano izquierda en la que sostenía una pistola Millenium Taurus de 9mm y tiró un disparo a la falange de agentes. Solo un tiro pudo dar cuando los agentes respondieron tirándole 99 veces. La policía abatió a Delgado al haber disparado veinticinco balas que terminaron con su vida.

Crime scene photo of trunk in question and Delgado’s covered body. (Imagen del lugar de los hechos donde se muestra la cajuela en cuestion y el cuerpo del occiso.) Photo courtesy of the Department of Police Accountability

La balacera se escuchó en todo el barrio. La muerte de Delgado fue la primera y única balacera policial en el Distrito de la Misión en el año 2018. 

Se llevaron acabo protestas; una semana después, se llevó acabo una reunión comunitaria en la escuela primaria César Chávez en la que se mostraron las grabaciones de las cámaras que portaban Banegas y las de otros agentes. En la grabación se puede ver claramente que Delgado, quien era sospechoso de asalto a mano armada perpetrado minutos antes del incidente, disparó primero hacia los agentes. 

Sin embargo, los expedientes de casi 3,300 páginas que detallan el caso en la investigación en curso, y en donde se incluyen declaraciones de más de una docena de agentes presentes en la balacera, pone en evidencia una historia aun más compleja: una situación de crisis inestable, según ilustra el testimonio, que escaló debido al manejo de la situación a manos de la SFPD.  

En lugar de haber ganado en tiempo y mantenido su distancia tal y como indica la norma del departamento policial, los agentes asumieron una formación de medio círculo a 15 pies de distancia de la cajuela en donde estaba Delgado sin salida. Esto va en contra de la norma de uso de la fuerza que recomienda “buscar cubierta para evitar crear una amenaza inmediata que pueda requerir el uso de la fuerza”.

Less-lethal shotguns are kept in many patrol cars. The one pictured here was used on Luis Gongora Pat on April 7, 2016. The DPA indicated that it, as with Delgado, escalated the tense encounter.

Las transcripciones de los interrogatorios con los agentes presentes en el lugar de los hechos indican que, en lugar de haberse dado tiempo y distancia entre ellos y Delgado, la respuesta de la SFPD fue desorganizada y sin un agente de mando presente. Es decir, los agentes tomaron decisiones de forma independiente que agravaron o estabilizaron el complejo hecho.

Antes del momento en que Delgado quedó confinado en la cajuela habían ya pasado dos años y cuatro meses desde que cinco agentes le dispararon a muerte a Mario Woods en diciembre de 2015 habiéndole tirado 21 veces en una interacción de apenas y un poco más de un minuto. Dicha situación también se distingue por la desorganización e impaciencia de los agentes. Un año después, el departamento policial cambió la forma en que lidia con el despliego de uso de la fuerza en la que los agentes deben centrarse en apaciguar las tensas situaciones en las que los individuos pueden estar en crisis.  

Ese no fue el caso con Delgado. 

En seis minutos, el enfrentamiento terminó de manera abrupta cuando el agente Bryan Santana decidió desplegar lo que la SFPD llama un “arma de impacto de rango extendido” o un arma menos letal que dispara cartuchos de perdigones.

La decisión que tomó Santana limitó los esfuerzos de otro agente, Banegas, quien intentaba razonar con Delgado. Banegas fue tal vez la única agente que reconoció una crisis emocional en Delgado, pero no hubo comunicación entre ella y los agentes. El hecho transcurrido en seis minutos terminó antes de que un agente de mando pudiera haber llegado para coordinar a los agentes e idear un plan. 

Officer body camera footage of the scene.

Encima de todo esto y a pesar de que los agentes creían que la novia de Navarro-Flores era inofensiva, no la sacaron del automóvil durante el encuentro que culminó en una lluvia de balas.  

“Sentí que pasó tan rápido”, Banegas le dijo a los investigadores cuando le sugirieron que ella había estado hablándole a Delgado “un largo rato”.

“No sentí que hubiera pasado tanto tiempo”, dijo ella. 

En efecto, según varios ángulos del video que muestran lo ocurrido, Delgado disparó la primera bala y este hecho fue algo que el personal de policía en mando no dejó de recalcar en la reunión comunitaria realizada la semana después del incidente. 

Sin embargo, él no fue el primero en responder agresivamente. Delgado disparó su arma únicamente después de haber sido recibido con una ronda de munición menos letal. De hecho, no está claro si él supo con qué le dispararon los agentes ya que en ningún momento, tal y como dicta la norma, alertaron que iban a disparar un cartucho de perdigones.

El amigo de Delgado a quien conocía desde quinto año de primaria, Víctor Navarro-Flores, obedeció las órdenes de los agentes al haber salido del coche con las manos en alto a inicios de lo transcurrido. Mientras lo esposaban antes de la balacera y cerca del costado del conductor de su coche Honda, Navarro-Flores le dijo a los investigadores que Delgado le había dicho: “Lo siento por hacerte esto pero no voy a regresar a la cárcel ni voy a ser deportado”.

Jesús Adolfo Delgado Duarte (cuarto desde la izquierda) con sus compañeros de trabajo. Courtesy of Madelin Calderon, who is the first person from the left.

Delgado nació el 25 de diciembre de 1998 en Guadalajara, México. Su padre, José Delgado, era vendedor de madera, y María Duarte, ama de casa. Cuando José llegó por primera vez a San Francisco en 1999 se dedicó a trabajar en lo que podía para ahorrar dinero. 

María se le unió dos años después con Jesús y sus dos hermanos mayores con quienes cruzó el Río Grande en un vehículo hasta haber llegado a la frontera en McAllen, Texas desde donde encontraron la manera para reunirse con José en el Distrito de la Misión en San Francisco.

En una entrevista reciente, los padres de Delgado describieron a su hijo como un “niño alegre” que recibió distinciones en la escuela primaria y secundaria, aunque algunas veces gravitaba hacia alborotadores. El joven Delgado conoció a Navarro-Flores en la Secundaria Aptos en Twin Peaks, dijeron sus padres. Delgado terminó por graduarse de la preparatoria Life Learning Academy en Treasure Island en diciembre de 2016; también dijeron que un mes después de eso le renovaron su estatus de Acción Diferida para los Llegados en la Infancia (DACA, por sus siglas en inglés).

“Como ya tenía sus papeles estaba pensando en conseguir un mejor trabajo”, dijo María. “En esos días, él hablaba de conseguir una licencia de peluquero”.

Delgado tenía una novia y tenía un trabajo en el Metro PCS de la 2380 de la calle Misión. Ahí fue donde terminó su turno a las ocho de la noche el seis de marzo de 2018, unas horas antes de haber terminado en la cajuela del coche de su amigo a dos cuadras en la calle Capp.  

Un amigo llamado Jairo recogió a Delgado y lo llevó manejando al McDonald’s de la calle 24 y Misión, en donde se reunieron con Navarro-Flores y su novia, Cristina Juárez, según lo dicho en un interrogatorio de Navarro-Flores con detectives en una demanda civil presentada por la familia de Delgado. 

Jairo se fue, pero los otros tres muchachos continuaron la noche juntos. Pasaron a Muzio’s, una licorería en las calles 21 y Van Ness, en donde compraron cigarros Backwoods y agua. Alrededor de las 10:33 p.m. los tres adolescentes se estacionaron en la calle Capp, entre la 21 y la 22. 

Poco después, Delgado asaltó a un señor a mano armada, según relataron las víctimas. No obstante, la índole del delito está en disputa. La demanda que presentó la familia Delgado alega que Navarro-Flores le pidió a Delgado “que le hiciera un favor para cobrar una deuda con dos personas que estaban como a una cuadra”.

Por otro lado, Navarro-Flores le dijo a los investigadores que el asalto había sido idea de Delgado. 

El video de vigilancia muestra el auto Honda Civic de Navarro-Flores estacionado entre las calles 21 y 22; muestra a Delgado salir del auto cuando Navarro-Flores abre la cajuela y regresa al lugar del conductor. (Navarro-Flores se declaró culpable de asalto en junio y actualmente está cumpliendo una condena de 128 días en la cárcel del condado).

Lo que no está en disputa es que Navarro-Flores intentó irse conduciendo alrededor de las 10:36 p.m. después de que Delgado se hubiera metido en la cajuela, de la cual no pudo cerrar la puerta del todo. Los detuvieron inmediatamente ya que había agentes patrullando el área de las calles Capp y 21. 

Los primeros en el lugar de los hechos fueron los agentes Stephen Cassinelli, Joshua Tupper y Sean Cody, quienes alumbraron sus linternas detrás de los tres adolescentes que intentaban huir. El auto Honda de los adolescentes se detuvo. Los tres agentes iniciaron un enfrentamiento con arma en mano. Dos minutos después, para las 10:38 p.m., ya se habían juntado cuatro patrullas en el lugar y diez agentes apuntaban sus armas a la cajuela en donde claramente se podía ver a Delgado recostado de espalda. 

Banegas, veterana hispanohablante de la SFPD, llegó también al lugar de los hechos alrededor de las 10:38 p.m.

Al hablar con una de las supuestas víctimas del asalto, Banegas escuchó a otros agentes gritarle a Delgado. Los agentes pedían también un agente que hablara español. En ese momento, Banegas se dio cuenta que tenía que hacerse escuchar por encima de las órdenes que provenían de todos lados y que pudieron haber confundido al adolescente en la cajuela.  

“Por eso pensé que necesitaba un megáfono. Necesito un megáfono”, le dijo a los investigadores. 

Un minuto después, alrededor de las 10:41 p.m., Banegas intentaba hablar con Delgado a través de un megáfono desde la patrulla más cercana a él. Le dijo a los investigadores que podía ver la cara del adolescente claramente. 

“Estábamos en proximidad cercana”, dijo en un interrogatorio por separado con los investigadores cinco meses después del incidente. “Pienso que era la misma distancia entre usted y yo”.

“Muestre sus manos: abra la cajuela” dijo ella en español a Delgado. “Señor, por favor muestre sus manos”. 

Mientras intentaba comunicarse con Delgado, Banegas dijo haber podido ver que las emociones de Delgado fluctuaban sin control. Un momento parecía estar a punto de llorar y al otro tenía la mirada en blanco. Aunque la voz de Banegas tenía un tono de calma y casi de ruego, algunas de las órdenes que dio pudieron haber escalado el enfrentamiento. “Si no muestras tus manos, te vamos a echar balazos”, le dijo varias veces. 

Banegas le dijo a los investigadores que pensó que Delgado estaba repasando sus opciones. “Pensando una y otra vez”, dijo ella al rendir lo que había pensado que pasaba por la mente de Degado. “¿Me rindo? ¿Qué debo hacer?

Sin que Banegas supiera, otro agente tenía también una estrategia para obtener una respuesta de Delgado. El agente Bryan Santana llegó al lugar de los hechos casi al mismo tiempo que Banegas. Santana vio a varios agentes apuntando sus armas y rifles al auto Honda Civic de color negro iluminado por un reflector. 

Santana, quien entonces contaba con dos años de experiencia en la fuerza y quien normalmente patrulla las calles a pie en la calle 24, vio a los agentes detener al conductor del auto, quien después resultó ser Navarro-Flores. También vio a alguien en la cajuela del auto.  

“No estaba haciendo nada, no se estaba moviendo, solo estaba ahí sentado”, le dijo Santana a los detectives al día siguiente. 

A medida de que los agentes siguieron gritando órdenes y Banegas había comenzado a hablar con Delgado a través del megáfono, Santana supuso, sin haberlo hablado con nadie más, que el lugar de los hechos “se había casi anquilosado”. Había suficientes agentes que apuntaban sus armas contra Delgado. Santana pensó en poder contribuir de otra manera. 

“Solo sabía que había suficientes agentes preparados ya con armas letales apuntando hacia el auto”, le dijo Santana a los detectives. “Quise aportar algo diferente y estaba buscando quién tenía una [pistola de perdigones], o algo menos letal u otra cosa diferente a un arma”.

Santana encontró una y la cargó.

Se unió a la fila de agentes que estaban a casi 15 pies de donde se encontraba Delgado. 

Banegas ya estaba hablándole a Delgado a través del megáfono.

Durante un minuto y nueve segundos, Banegas le pidió a Delgado que mostrara las manos. 

Santana supuso que ya había sido tiempo suficiente y decidió iniciar otra estrategia. 

Sin orden de ningún agente en mando, ya que no había ninguno presente, y sin haber consultado a Banegas o a nadie más en el lugar de los hechos, Santana abruptamente anunció que dispararía el rifle de perdigones y procede a disparar. 

“Entonces, como quería ver su mano y no quería que sacara el arma, le disparé [los perdigones]”, le dijo Santana a los investigadores.

“¡Luz roja!”

Esta es la palabra clave que utilizan los agentes para indicar que se disparará un arma menos letal. El primer aviso que Banegas recibió de que Santana dispararía su arma fue cuando él comenzó a gritar que lo haría.  

Después de casi 69 segundos de diálogo de la agente hispanohablante, los cartuchos de perdigones le pegaron en el antebrazo derecho a Delgado. 

“De repente, su expresión facial cambió”, recordó Banegas. “Fue una de rabia, estaba enojado”.

Para Banegas se puso en claro que al haberle disparado los perdigones, Delgado ya se había decidido.

Delgado “tomó su decisión, como ‘no, esto es lo que haré’…”.

Banegas le escuchó dar un grito “como de guerrero”. Otros agentes creen haberle escuchado gritar “Fuck you”.

Con el arma en la mano izquierda, le disparó una vez a los agentes. La respuesta fue inmediata. 

El agente Stephen Cassinelli disparó 13 veces hasta vaciar el arma. 

El agente John Ishida disparó 13 veces hasta vaciar el arma. 

El agente Sean O’Rourke disparó 13 veces hasta vaciar el arma. 

El agente Colby Smets disparó 13 veces hasta vaciar el arma. 

El agente Corbyn Carroll disparó 13 veces hasta vaciar el arma. 

El agente Juan Gustilo disparó su arma corta nueve veces. 

El agente Loren Chiu disparó su arma corta nueve veces. 

El agente Nicholas Nagai disparó su arma corta seis veces. 

El agente Ari Smith-Russak disparó su rifle AR-15 cuatro veces. 

El agente Joshua Tupper disparó su rifle AR-15 seis veces.

Una vez que el fuego cesó, varios agentes recuerdan haber visto la silueta de una persona en el asiento trasero del Honda Civic. Era Cristina Juárez, la novia del conductor, Navarro-Flores. Se había quedado en el asiento trasero, junto con su cachorro pitbull. Algunos agentes sabían que ella estaba en el auto, pero aun así dispararon y declararon ante los detectives haber intentado apuntar esquivando el asiento trasero. 

“Intenté apuntar mi rifle en una dirección en la pudiera darle al sospechoso sin haberle pegado a la mujer en el auto”, dijo a investigadores el agente Smith-Russak, quien disparó un rifle AR-15. “Dado que hasta ese punto pensaba que ella no era una amenaza”.

Navarro-Flores estaba sentado en una de las patrullas con la ventana abierta y pudo escuchar a su novia gritar y llorar, según declaró ante detectives. “Por favor, no nos disparen, por favor, no nos disparen”, la escuchó gritar. 

La demanda que presentó la familia Delgado, en donde se acusa a la ciudad de homicidio culposo de Delgado y violación de sus derechos a garantizar la cuarta enmienda, alega que Juárez estaba bajo los efectos de estupefacientes y dormida durante el transcurso del encuentro, aunque no está claro aún en qué pruebas se basa esto.

La División Jurídica de SFPD declaró que no ha podido encontrar la grabación del interrogatorio de Juárez con los detectives, según se afirma en una carta enviada el 18 de junio de 2018 a investigadores del Departamento de Rendición de Cuentas de la Policía. Es posible que el interrogatorio arroje luz al estado mental de Delgado o, al menos, confirme cómo es que Juárez fue dejada vulnerable en el enfrentamiento donde diez agentes de la SFPD dispararon sus armas.

Juárez no pudo ser contactada para comentar sobre el tema. 

No obstante, Navarro-Flores estaba enloqueciendo. “Fue una locura porque no supe qué estaba haciendo él, es como si, no hubiera querido bajarse de la cajuela ¿o, qué?” Navarro-Flores le dijo a los investigadores esa noche. “Simplemente abrieron fuego contra él”.