La maestra de la escuela Sanchez Elementary, Tara Ramos, ganó en marzo la oportunidad de comprar una vivienda a precio inferior al del mercado. Esta es una de las cuatro unidades a este precio del 35 de la calle Dolores, donde se completó la construcción de un edificio de cuatro pisos en 2014. En lugar de pagar la tarifa del mercado de $1.38 millones por una unidad de dos habitaciones ella pudo comprarla en $270,000.

“No pasó ni un año para que saliera mi número”, dijo con asombro Ramos, madre de una niña de dos años. Ella ha sido maestra en el sistema de escuelas públicas por 11 años.

Sin embargo, aunque los residentes que lo obtuvieron a tarifa del mercado ya se mudaron, Ramos y otro de los compradores de las unidades a precio accesible siguen en el limbo, sin estar seguros de cuándo podrán mudarse, pues se han encontrado con varios conflictos. El desarrollador culpa a los procesos del gobierno de la ciudad, mientras que la ciudad dice que hace lo que está en sus manos para mover las cosas. Mientras tanto, solo uno de los cuatro compradores de las unidades a precio inferior al de mercado logró establecerse en el lugar, y el último se retractó del trato por completo.

“Nunca tuve a un comprador de una unidad BMR (a precio inferior del mercado, BMR por sus siglas en inglés) que se sentara a esperar durante todos los retrasos que se llevan meses”, dijo Matt Fuller, un vendedor de bienes raíces que trabajó con el comprador de la unidad a precio inferior del mercado en el 35 de la calle dolores, quién con el tiempo cerró el trato.

Aunque mencionó que es común que las unidades de este tipo, también llamadas BMR, sean las últimas en cerrar el trato, en este edificio tiene cinco meses que se vendieron las últimas unidades a precio de mercado, muchas de las cuales se vendieron incluso desde enero del año pasado.

Bill Lightner, el líder de Lightner Property Group, que desarrolló el proyecto a donde Ramos espera mudarse, culpó a lo que él llamó, el proceso difícil y largo de la ciudad.

“La visión de la ciudad está distorsionada”, escribió Lightner en un correo, en referencia al requisito impuesto por el Departamento de Vivienda de la Alcaldía de que se ofrezca una unidad BMR por al menos 45 días. “El proceso de ventas de las unidades BMR puede ser muy complicado y se lleva demasiado tiempo. Como consecuencia, estas unidades fueron las últimas en venderse”.

Pueden haber sido las últimas en venderse pero las primeras que se solicitaron. Lo que resulta difícil es mudarse. Ramos incluso pidió un cambio de la escuela donde trabajaba originalmente y planeaba vender su auto para recuperar algo de dinero, pues anticipaba que su conmuta al trabajo se llevara menos tiempo. Pero el asunto no se movió.

“Continuamente tengo el sentimiento de que me voy a mudar la próxima semana”, dijo Ramos. “Me pongo a reunir recursos y siempre termino diciendo…no importa. Es algo que me está causando mucho estrés”.

Ramos y su hija leyendo. Fotografía de Laura Wenus

Ramos y su hija leyendo. Fotografía de Laura Wenus

El departamento de Planeación dice que las unidades a precios inferiores a los del mercado debieron ser las primeras en venderse e inició una demanda por incumplimiento contra el desarrollador.

Los retrasos parecen ser una mezcla de errores de construcción, obstáculos en procedimientos, y disputas legales entre el constructor y el subcontratista.

El agente de bienes raíces de Ramos le dijo que estaría cerrando el trato alrededor de mayo. Pagó la primera mitad de su enganche y firmó el contrato en marzo. Llegado junio, aún no había cerrado y le decían que se estaban haciendo pruebas debido a infiltraciones de agua que se dieron antes de que se impermeabilizara el edificio durante la construcción.

Lightner dijo que esto se debió a errores de construcción que el contratista nunca arregló.

Fuller no pareció impresionado.

“Este desarrollador fue un desastre. Fue sumamente ridículo. Estamos a la mitad de una sequía de cuatro años. Tienen un edificio nuevo en un lugar en el que no ha llovido, y dicen estar enfrentando problemas de infiltración de agua. ¿Cómo lo logran?”, se preguntó. “Y si esto fue un problema que se dio en todo el edificio, ¿hay alguna razón por la que no lo notaron antes? Esto deja los compradores BMR en una gran desventaja”.

Mientras tanto, en junio, cuando Ramos caminaba por lo que espera con ansias sea su futuro hogar, se dio cuenta de que una de las puertas de cristal que dan a la calle estaba rota y que tenía un letrero pegado que decía: “¡Peligro! ¡No Entrar!” Después de unas semanas de haber visto el letrero, se retrasó una inspección final porque un agente de bienes raíces del desarrollador por fin se dio cuenta de que el vidrio estaba roto.

“Se portaron como si no tuvieran idea de qué había pasado”, dijo Ramos. “Yo me dije ¿cómo es posible que no supieran? Hay un letrero que dice ‘¡Peligro! ¡No Entrar!”

Lightner dijo que su compañía había planeado poner bardas en el lugar para proteger el primer nivel de la atención no deseada y para evitar riesgos a la seguridad que vengan de la calle. Pero dijo que el Departamento de Planeación rechazó la idea.

“Nos dijeron que las bardas no permiten que la calle luzca tan atractiva y que iban en contra de las normas del vecindario”, escribió Lightner en un correo electrónico.

Agregó que su firma está trabajando en obtener aprobación para alguna clase de cerca que les permita prevenir problemas similares en el futuro. También mencionó que estas solicitudes de seguridad que no se cumplieron fueron la razón por la que uno de los compradores BMR se retractó de realizar la compra.

Después de otros retrasos debidos a la aparición de moho y el tiempo que se llevó arreglar el problema, le dijeron a Ramos que podría entregar la segunda parte de su enganche y firmar los papeles finales en octubre. Le dijeron que para ese momento tendría las llaves en sus manos. Pero no sucedió. Después de pagar el resto de su enganche, se le informó, mientras se preparaba para la última firma de los papeles, que había habido un conflicto entre las constructoras y el desarrollador del edificio en el 35 de la calle Dolores.

La constructora, Build Group, culpó a un subcontratista de los problemas con la construcción.

El desarrollador explicó en una demanda que Build Group retuvo pagos por lo que el subcontratista colocó un embargo sobre la construcción.

Dicho embargo implicaba que la propiedad no podía venderse. Una vez más Ramos no pudo mudarse.

“Creo que el desarrollador debería haber sabido sobre los embargos”, dijo Ramos.

“Contratamos a un nuevo contratista para que se encargue de los problemas de construcción porque estamos frustrados con Build Group. La nueva firma ya está trabajando en ello”, dijo Lightner. “Vamos a seguir a Build Group sin descanso. Son malos actores”, agregó más tarde.

A pesar de todo,  esto no ha implicado ningún progreso para Ramos, quien ahora está preocupada de que estos retrasos nunca se detengan. Aunque ha tratado de obtener la ayuda de defensores y abogados de los derechos de los inquilinos, en esta situación, puesto que es una compradora y no una inquilina, no califica para recibir ayuda. Un abogado con experiencia en el campo se ofreció a ayudarla pero le pedía una cantidad que ella no podía pagar.

“La verdad creo que la alcaldía no tiene las armas para hacerlos venderme esta unidad”, dijo Ramos.

Y tiene Razón. Maria Benjamin, Directora de los Programas Homeownership & Below Market Rate (Propiedades y Viviendas a Precio Inferior al Mercado), quien elige a los candidatos para el programa BMR dijo que su agencia no tiene ninguna capacidad legal si las partes involucradas en el trato no actúan de buena fe.

“MOHCD solo se asegura de que la unidad se venda a una familia con ingresos que califique en el Programa de Inclusión de Viviendas a Precio Accesible que el Departamento de Planeación puso en marcha”, escribió Benjamin.

Fuller, el agente de bienes raíces estuvo de acuerdo.

“Cuando hay retrasos pueden decir ‘Dejen de retrasar el arreglo’, pero lo cierto es que no tienen poder”, comentó él. “Todo lo que pueden hacer es ejercer presión.”

El departamento de Planeación, por su parte, puede tener la capacidad de hacer que las cosas comiencen a moverse. Es difícil lograr que se exija la venta de una BMR. Kate Connor del departamento de Planeación dijo que nunca ha visto que suceda en los cinco años que lleva en su puesto. Otra persona del departamento dijo que tiene un gran número de casos en el momento, pero ninguno en la Misión.

El departamento inició una demanda por  incumplimiento y envió una notificación sobre la misma (Lightner dijo que no ha escuchado de ella). Si el departamento de planeación no recibe una respuesta, se pueden generar multas de hasta $250 por día. Sin embargo, no está claro cómo aplicarían dichas multas a lo largo de la batalla legal entre el desarrollador, el constructor, y el subcontratista. Este proceso legal ya está en acción, y hay una conferencia de mediación agendada para marzo de 2016. El grupo de Lightner ya acordó hacer los pagos.

Mientras tanto, Ramos y el otro comprador de la BMR siguen en espera por sus unidades.