La semana pasada los vecinos de la tienda de jugos y panadería Jocelyn’s Bakery ubicada en las calles 20 y Lexington se dieron cuenta de que ya no venían clientes por pan dulce mexicano ni por jugos ni a platicar con la dueña. En lugar de ello encontraron las ventanas cerradas y un letrero que dice “Cerrado, infinitas gracias”.

Un vecino y lector escribió lo siguiente sobre Jocelyn: “Cada que entraba a la tienda, la dueña emanaba calidez y amistad. ¡Estaba desde 1994! Era una alternativa perfecta a todas las nuevas tiendas burguesas de jugos y pertenecía a una latina”.

Los clientes regulares enfatizaron la atención y cuidado que daba la dueña a sus clientes. Un café siempre iba acompañado de un pan dulce gratis y los clientes regularmente pasaban más tiempo en la tienda platicando.

Chris Siebert quién ha vivido cerca de la panadería de la Avenida Lexington por 16 años, recordó a la dueña, Jocelyn, como alguien “agradable, magnífica” y “siempre sonriente”.

A pesar del nombre del lugar, Jocelyn’s Bakery (La Panadería de Jocelyn), esta era preferida por sus jugos creados para tratar varios padecimientos. Además de siempre tener un precio accesible. De acuerdo con Andrea Valencia, antigua reportera de Mission Local, la tienda, ubicada entre las calles Misión y Valencia, era un paraíso, un tanto venido a menos, que mezclaba lo mejor de dos mundos.

A diferencia de los jugos de lugares nuevos, y más lujosos que hoy están de moda, y que prometen desintoxicar y limpiar el cuerpo, “los nombres de los jugos de Jocelyn eran atrevidos y descarados, resaltando lo feo de tu cuerpo”, escribió Valencia. “Afortunadamente para los clientes, esto logró se formara un lazo mágico entre ellos y el vendedor que preparaba tu elixir. Si pedías el jugo para el acné, Jocelyn te decía que aún recordaba cómo se sentía ser joven. Cuando pedías el jugo para el estreñimiento, te preguntaba cómo estabas de tu pancita”.

Pero, al parecer, los clientes se fueron. Micaela Lazcano, cuya familia es dueña y administra el edificio que albergaba la panadería, dijo que la semana pasada la tienda quebró y que ahora la familia está buscando a un nuevo inquilino para que rente el local.

Esto fue parte de lo que Siebert llamó la “oleada” de cierres que se han dado en el área durante los últimos años. Aún no sabemos por qué cerró la panadería, aunque Siebert piensa que tiene que ver con el hecho de que una gran parte de la clientela Centroamericana se ha mudado del área.

Parece que uno de los vecinos dejó una nota para la antigua dueña:

La nota que alguien dejó en la tienda. Fotografía de Emma Neiman

Realizaremos actualizaciones a esta publicación si recibimos mayor información.

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