Por más de una década, los inquilinos de tres unidades de un edificio en la calle 26 declararon haber sido acosados, mentidos e intimidados por un señor que hace poco no pudo pagar $41,000 dólares en renta al casero del edificio, algo que puso a todos los inquilinos en riesgo de desalojo.

Los casos de desalojo todavía están en juicio, pero fue hasta hace poco que la mayoría de los más de 20 inquilinos entendieron qué papel juega Germán Maldonado en sus vidas, quien tiene cincuenta y tantos años de edad.

Algunos pensaron que era el administrador del edificio que daba los cheques de los inquilinos al casero; otros pensaban que él era el casero. En efecto, Maldonado tenía la pinta de alguien con recursos.

Albert Maldonado choosing the best glass of wine

Germán Maldonado escogiendo la mejor copa de vino.

Un argentino que alguna vez fue propietario del Minimum Champagne and Wine Bar en la calle Valencia, Maldonado es un ávido admirador del vino, la música española y el flamenco. Hasta hace poco, se le podía ver en Café Revolution disfrutando de una cerveza o en La Boheme en la calle 24 viendo el fútbol con un grupo de amigos. La gente que frecuenta ambos lugares comentó no haberlo visto recientemente.

Pero, en realidad, Maldonado no era un administrador oficial del edificio ni tampoco casero. Desde 2001 había sido el inquilino principal de las cuatro unidades que son propiedad de Thomas Aquilina en el 3150-3154 de la calle 26, según muestran los documentos judiciales.

Maldonado vive en una de las unidades y separó los departamentos de cinco recámaras en diferentes unidades que rentaba a casi 20 o 30 personas al mismo tiempo, de acuerdo con los inquilinos.

Hasta hoy, existen más de 20 inquilinos –algunos son menores de edad– que comparten tres de los departamentos. Algunos de los inquilinos son inmigrantes indocumentados y ellos, junto con muchos otros, hablaron sobre las tácticas de intimidación de Maldonado, el acceso que tenía a sus departamentos y la confusión sobre quién era.

“Fue todo un acto por el señor Maldonado para que nunca sospecháramos quién era el propietario. Nosotros creímos que él era el dueño de los departamentos que nos rentaba. Es ilógico que una persona rente cuatro departamentos a una sola persona, así que uno cree que es el dueño porque le pagas la renta y los biles. Y luego un día, te dicen que es una evicción y todo se convierte en chisme,” dijo Machetes, una de las inquilinas que está peleando el desalojo.

Esa confusión pudo haber seguido de no haber sido por un caso judicial que el casero presentó en contra de Maldonado en mayo pasado en donde le pedía que regresara $41,000 de pago atrasado y el desalojo de todos los inquilinos.

En julio, Maldonado y el casero llegaron a un acuerdo en el caso. Parece ser que Maldonado argumentó con éxito haber gastado $5,000 en reparaciones y por lo tanto no había estado pagando la renta. Todavía hay varias preocupaciones de habitabilidad en las cuatro unidades que subarrendaba. Los dos llegaron a un acuerdo, pero los detalles no son públicos y el casero parece haber perdonado el monto restante. Sin embargo, el acuerdo también estipulaba que todos los inquilinos serían desalojados.

A dicho punto, algunos inquilinos comenzaron a darse cuenta que algo no estaba bien. Algunos funcionarios intentaron colocar el aviso de desalojo pero Maldonado logró evitar que colocaran los avisos y amenazó a los empleados que por ley estaban haciendo del conocimiento el desalojo a los inquilinos. “Váyase de mi propiedad y deje de acosar a mis inquilinos antes de que llame a la policía”, dijo Maldonado, según muestran los documentos judiciales en la declaración de un empleado que intentó colocar los avisos.

Si insistían en poner los avisos, dicen los documentos, Maldonado los hubiera quitado.

“En mayo, cuando le pregunté si había una evicción, me texteó que no me preocupara, que no había ninguna evicción, que no era verdad”, dijo Machetes.

Después, a finales de agosto los inquilinos se enteraron que serían desalojados el dos de septiembre porque según el casero no habían pagado renta durante cuatro meses. No está claro si dicho acuerdo permite o no que Maldonado se quede.

Desde entonces, los inquilinos han encontrado un abogado que tomó su caso y están todos peleando el desalojo y, al mismo tiempo, enterándose sobre quién es el hombre que tomaba sus cheques de renta.

Por su parte, Maldonado se negó a hablar del caso judicial. Después de semanas de haber intentado ponerme en comunicación con él en su casa en la calle 26 o en alguno de los lugares comunes que visitaba (desde entonces su bar de vino y champaña cerró), me lo encontré por casualidad en la oficina de documentos públicos.

Maldonado estaba contento de hablar sobre su negocio de vino como contratista independiente y recordó a Stefania Rousselle quien produjo el video para Mission Local sobre la inauguración del bar de vino.

Cuando pasé al caso de desalojo, objetó.

“Ese no soy yo, yo vivo en la calle Valencia, siempre en Valencia. Tengo que regresar a esto”, dijo interrumpiéndome. Momentos después, ya no estaba.

No obstante, los inquilinos de la calle 26 opinan que Maldonado todavía está ahí. Cuando los inquilinos se lo encuentran, Maldonado se burla de ellos.

En un video de 2009 sobre la inauguración de su bar de vinos, Maldonado dijo “me encanta este barrio, me encanta el ambiente de este barrio y se merece un buen bar de champaña”.

Pero, los inquilinos opinan que la persona que conocen es bastante diferente del hombre de voz suave que aparece en el video.

“Tiene dos caras”, dijo María Machetes, una de las inquilinas del edificio de la calle 26. Machetes conoció a Maldonado en 2008 en una galería de arte improvisada en cocheras conocida como La 23, en las calles 23 y Misión.

Machetes estableció una relación amistosa con Maldonado en la galería, la cual solía frecuentar y comprar fotografías. Cuando Machetes estaba buscando un lugar donde vivir, Maldonado se ofreció a rentarle un cuarto en la unidad 3150 de la calle 26.

“Me mudé en junio y para julio [una noche] dije ‘buenas noches’ y me contestó con el primer desplante”, recordó Machetes sobre el cambio en la actitud. Desde entonces, su relación comenzó a deteriorarse.

Maldonado entró a la unidad en varias ocasiones sin el conocimiento de los inquilinos y contestaba agresivamente cuando le preguntaban qué estaba haciendo en el departamento sin previo aviso.

Machetes recuerda que Maldonado usaba lenguaje corporal para intimidarla a ella y a su compañera, algo que la obligó a quedarse con una amistad temporalmente.

Las amenazas continuaron. Hace poco, Machetes estaba caminando por las calles 24 y Misión cuando “un amigo de Germán me dijo que me iba a golpear”, dijo Machetes, quien denunció el incidente a la policía.

En los 13 años que ha vivido y trabajado en el Distrito de la Misión, Machetes ha participado activamente con Women Against Rape y otras organizaciones que motivan a la gente en la comunidad a alzar la voz cuando están siendo victimizadas o aprovechadas. “Nadie me había roto como él lo hizo”, dijo sobre el continuo acoso de Maldonado. “Se conecta con los latinos a un nivel moral”, dijo.

Otros inquilinos estuvieron de acuerdo y relataron que Maldonado llegaba sin haber sido invitado y tenía fiestas frecuentemente.

“Él [Maldonado] tenía fiestas tres veces a la semana. En algún momento había una banda tocando en una de las recámaras y la gente venía con sus cuarenta y veintes de cerveza”, recordó Agustín Ramírez, uno de los inquilinos que está peleando el desalojo.

Cuando Maldonado instaló una cámara de seguridad en la unidad 3152 apuntando a la entrada, los inquilinos se sintieron vigilados en lugar de protegidos. Uno de los inquilinos cubrió con calcomanías la cámara para evitar que Maldonado vigilara el edificio.

Además, los inquilinos tomaron en serio las amenazas de Maldonado de llamar a inmigración.

Tom Anderson, quien solía vivir en una de las unidades hace 12 años por un breve periodo de tiempo antes de haber regresado, recordó haber llegado a casa un día y haber encontrado a la novia de su compañero de piso Marcelo llorando en los escalones porque ICE se había llevado a su novio. Maldonado, le dijo, había llamado a agentes de inmigración para que se lo llevaran.

Mark Hooshmand, el abogado que representa a los inquilinos, cree que hubo connivencia entre el casero y Maldonado. “El casero sabe claramente lo que está sucediendo. Y tenemos que hacerlo responsable,” dijo Hooshmand.

El casero no pudo ser localizado para este artículo, y cuando me puse en contacto con su abogada me comentó que las negociaciones del acuerdo todavía están en proceso y que no están seguros de si los inquilinos querrán aceptar el acuerdo bajo los términos del casero.

Hooshmand comentó que el casero creó una “situación falsa” al tener a tantos subinquilinos y un solo inquilino principal. Un efecto de esto fue que Maldonado “estaba cobrando más que el casero”. Hooshmand calcula que Maldonado estaba obteniendo $1,000 dólares adicionales por unidad.

El Hooshmand Law Group está tomando declaraciones en preparación para un juicio con jurado que se llevará acabo en las próximas semanas.

Maldonado le dijo a Mission Local una vez que “hay una historia de amor en cada vaso de vino”. En efecto hay, al menos, una historia.