El debate sobre el condominio del 1050 Valencia llegó a un punto interesante la noche de miércoles cuando dos facciones de San Francisco quedaron divididas, aunque cuyos intereses a menudo están alineados. Por un lado del debate se encuentra la gente en contra de los condominios modernos porque cambian el carácter histórico de un barrio. Por otro lado, están aquellos que apoyan la vivienda asequible.

Y para complicar todavía más las cosas, los defensores de vivienda asequible se han aliado con un constructor de condominios.

Todo esto ha sido posible gracias a las peculiaridades generales de la política de San Francisco, y una muy específica en San Francisco es la ley de vivienda asequible.

En diciembre pasado, la Junta de Apelación de San Francisco decidió que el edificio de condominios que se construirá a lado del Teatro Marsh (en donde actualmente se encuentra Sugoi Sushi en un edificio que solía ser un Kentucky Fried Chicken) tuvo que disminuir la altura del edificio de cinco a cuatro pisos. No obstante, es ahí donde se encuentra la complicación. A medida de que se desarrolla el diseño del edificio, el cambio reduciría la cantidad de unidades a nueve, lo que significa que el constructor no necesitará construir vivienda asequible en el lugar, de acuerdo con la ley municipal. Solo los edificios con diez unidades o más tienen que acatarse a la ley que, al momento en que se aprueban los condominios, le exigen a los constructores incluir 15 unidades asequibles en el lugar. (Desde entonces, se ha reducido al doce por ciento).

Por lo tanto, el 1050 Valencia será un edificio más pequeño, pero uno completamente al precio del mercado.

“Con su voto reduciremos unidades, ¿qué si se ha mejorado la asequibilidad de vivienda? No”, dijo Tim Colen, director ejecutivo de la Coalición de Acción de Vivienda de San Francisco, una organización sin fines de lucro que apoyó el condominio del 1050 Valencia hace seis años. “Si queremos que mejore la asequibilidad de vivienda en San Francisco, necesitaremos cientos de 1050 Valencias”.

Sin embargo, algunos de los opositores a los altos condominios opinaron que el debate de la altura y la vivienda asequible era una opción falsa y propusieron que el constructor diseñe un proyecto más denso al poner más unidades por piso.

Scott Sánchez, administrador de zonificación del Departamento de Urbanismo, testificó que los Supervisores John Ávalos, David Campos, Jane Kim, Eric Mar y Scott Wiener presentaron cartas en contra de la reducción de altura.

El Supervisor Wiener también redactó provocadoramente un artículo de opinión que se publicó en el Chronicle esta semana: “Bienvenidos a la política de vivienda en San Francisco: una política con base no tanto en las funestas necesidades de vivienda en nuestra ciudad, sino en quién puede traer a la mayor cantidad de gente en la audiencia pública. Este proceso de toma de decisión caso por caso menoscaba todas las formas de vivienda, tanto asequible como a precio de mercado. En efecto, los proyectos de vivienda asequible son mucho menos posibles debido al tiempo, costo y energía que se necesitan para mover un proyecto para pasar por el desafío de aprobación en San Francisco… No podemos seguir diciendo que salvaremos el bosque, mientras continuamos cortando los árboles”.

Ese no fue el único argumento en contra del fallo de la Junta de Apelación en diciembre. En el testimonio provisto ante la junta, Andrew Junius, abogado del constructor Mark Rutherford, argumentó que la decisión de la junta en diciembre quebrantaba la ley de responsabilidad en vivienda en California. Dicha ley establece que un proyecto como el 1050 Valencia solo una agencia local podría alterar significativamente el proyecto si ha “tenido un impacto adverso en la seguridad y salubridad pública”.

“¿Dónde está la prueba que establece que un edificio de cinco pisos sería menos seguro que uno de cuatro pisos?” preguntó Junius.

Los integrantes de la junta declararon que deseaban escuchar más sobre el impacto y la legalidad de quitar uno de los pisos del edificio propuesto, lo que pospondrá un voto final en el proyecto hasta el próximo mes.

“Apoyo completamente los descubrimientos del borrador”, dijo la Comisionada Arcelia Hurtado sobre la resolución que incluía bajar la altura del edificio. “Pero, hay una pregunta sobre cómo aplica aquí el código gubernamental”.

El condominio alto, de cinco pisos, ya había sido aprobado por el Departamento de Urbanismo cuando los grupos del barrio apelaron el proyecto, primero ante la Junta de Supervisores, el cual anuló la apelación, luego ante la Junta de Apelación. Esta es la segunda vez en pocos meses que el voto de la Junta de Apelación ha retrasado un proyecto grande en el Distrito de la Misión que el Departamento de Urbanismo ya había aprobado.

En octubre, la junta también concedió una apelación a los oponentes del local Jack Spade que tenía planes de mudarse a la calle 16. La compañía abandonó sus planes después del fallo de la junta.

La audiencia del miércoles pasado ante la Junta de Apelación estaba programada para finalizar el fallo de la junta en el 1050 Valencia desde el mes pasado. Además de disminuir la altura, la junta impuso varias condiciones para disminuir el impacto de ruido en el Teatro Marsh. La construcción pararía a las 4 de la tarde, y el edificio completo tendría que incluir un muro a prueba de ruido entre el muro sureste del proyecto y el Teatro Marsh para que las funciones no se vieran interrumpidas. Los futuros residentes también habrían que haber tenido que firmar un acuerdo de cláusula de divulgación que reconocería que se mudarían a lado de un centro de funciones en vivo.

Durante la sección de comentarios públicos, 21 oradores, principalmente artistas del Teatro Marsh y simpatizantes, exhortaron a la junta a adoptar las condiciones que creó para el proyecto 1050 Valencia en diciembre. La mayor parte del testimonio público se centró en el ruido.

“El Marsh es más que un simple teatro, es un espacio de la comunidad”, dijo el artista y profesor Echo Brown. “Nuestro trabajo es proteger ese espacio. Si permite que el ruido [de la construcción] intervenga en lo que hacemos, no está respetando la integridad de lo que hacemos en ese espacio”.

Los simpatizantes del Teatro Marsh propusieron un edificio más denso y más pequeño que incluya vivienda asequible.

El abogado Stephen Williams representa a la Asociación del Barrio Liberty Hill, uno de los principales grupos que argumenta que el edificio rompería con el carácter histórico de las casas victorianas del área. Williams le dijo a Mission Local creer que la crítica a Wiener de la Junta de Apelación ha interferido inapropiadamente con otro cuerpo municipal.

“¿Qué tipo de supervisor de un barrio apoya a un constructor fuereño a favor de la ganancia por encima de sus votantes?” preguntó Williams.

La Junta de Apelación se volverá a reunir el 26 de febrero para votar sobre el plan.