En la esquina de las calles 20 y Misión se encuentra un espacio de 12,000 pies cuadrados que poco a poco se está transformando. El edificio que alguna vez fue un hotel de ocupación individual (SRO, por sus siglas en inglés) está cubierto de pintura en espray y madera de contrachapado.

El rumor es que después de que una persona falleció por causas desconocidas en una de las habitaciones hace más de dos décadas, el resto de los inquilinos se fueron. Durante 20 años, el edificio permaneció abandonado. Algunos opinan que la causa era un fantasma, otros porque el edificio cayó en un estado de deterioro.

En la actualidad, el edificio es conocido como 20mission. Durante más de un año, comenzó a llenarse de informáticos, trabajadores independientes, comediantes y artesanos que habitan y trabajan en un mismo lugar. Y aunque los inquilinos opinan que el fantasma del inquilino que falleció todavía merodea los pasillos, no cabe duda que las vibras de la mansión embrujada ya no existen.

En un día común y corriente, 20mission se ve y se siente como una especie de dormitorio, bajo una mínima construcción, por el momento. Los activos inquilinos se hacen camino de unidad en unidad, por entre los desarmadores y lijas en los pisos todavía no terminados. El olor a madera nueva, pintura inunda los pasillos.

Hay 40 residentes y cada uno tiene una recámara estándar por $1400 dólares al mes. La edad de los residentes varía de entre mediados de los 20 a 40 años. Comparten cinco baños, cuatro regaderas, una lavadora y secadora y un gigantesco espacio de oficina en el primer piso. El precio de renta es el de un estudio típico en San Francisco.

El casero Jered Kenna, director ejecutivo de la compañía informática de finanzas Tradehill, se enteró del edificio a través de un amigo. Kenna pensó que el edificio “parecía ser un lugar perfecto”, conforme a su interés por solventar las preocupaciones entorno a vivienda de los residentes de San Francisco y tratar de crear un espacio colaborativo. Kenna ha sido el casero desde hace más de un año y tiene el contrato arrendatario de un año en el edificio que ha agregado 41 unidades al mercado de vivienda.

La sala de 20mission está completamente amueblada con cómodos sofás de colores y una televisión de 60 pulgadas de pantalla plana que se encontró en la calle. Las noche de película y juegos son comunes. Los residentes a menudo cooperan con $10 para improvisar una barbacoa en el patio.

En la cocina comunal, los residentes algunas veces preparan comidas para compartir con quien desee acompañarlos. 20mission tiene condimentos gratuitos como la sal, azúcar, aceite de oliva y mantequilla. En la azotea hay un espacio donde tienen gallinas, y de ahí agarran huevos orgánicos. Cuando hay un excedente de huevo y mantequilla, algunos residentes hornean pastelillos para compartir.

Este concepto de compartir entre iguales es una característica que ha definido a la generación del milenio (personas que nacieron entre la década de los 80 y los 90, según explica la escritora australiana Rachel Botsman en su libro “What’s Mine is Yours: The Rise of Collaborative Consumption”).

En su conferencia TED en 2010, Botsman declaró que son dos factores los que motivan a los oriundos de la era digital: una renombrada creencia en la importancia de la comunidad y una crisis global que ha consternado fundamentalmente el comportamiento del consumidor.

En los estilos de vida urbanos como el que hay en el Distrito de la Misión, compartir es algo que tiene sentido. “La mayor parte de la gente que conozco ni siquiera toma taxis, usan Zipcar. Y no se quedan en hoteles, usan Airbnb”, dijo Kenna, de 20mission. “La misma gente que hoy día nunca aceptaría dar un aventón, ahora no tiene problemas”.

Stefan Aronsen, residente de 20mission, dirige SFIntercom, una compañía startup con el objetivo de ayudar con la mercadotecnia de grupos. Aronsen declaró que una de las partes positivas de vivir en 20mission es ser parte de una comunidad. “Tener amistades instantáneas es un beneficio adicional”, dijo Aronsen. “La parte laboral es un bono más”.

Entre los residentes hay un chiste, comentó Aronsen, de que si alguien se sienta en la cocina, él o ella está destinado a conseguir un trabajo. “Crea un escenario para nosotros”, dijo Aronsen. “Extiende nuestro alcance… No cabe duda que incuba y lanza compañías”.

Desde que Aronsen ha vivido en 20mission, encontró a un escritor en el pasillo que crea contenido para el sitio web de su compañía startup; consiguió a un programador en el edificio que le ayudó a desarrollar el sitio web y, además Kenna le pidió que le ayudara con la mercadotecnia de su compañía tecnológica. A partir de ahí, Kenna puso en contacto a Aronsen con otra compañía de tecnología que necesitaba ayuda con la mercadotecnia.

El espacio para vivir y trabajar aloja más que tan solo un negocio independiente. Hace poco, Aronsen y varios de sus compañeros de piso estaban en la cocina después de haber cenado cuando se les ocurrió una idea: una “aplicación para dar y recibir abrazos”.

La voz se corrió en el edificio. La aplicación le permite a los usuarios buscar a otros usuarios en el área dispuestos a regalar abrazos. “Eh, eso es algo muy de San Francisco”, dijo Nik Graf, residente originario de Austria.