Para muchos en la ciudad, las pláticas de esta semana se han enfocado en cómo llegar al trabajo si los trabajadores de BART se ponen en huelga. Sin embargo, para los adscritos al foro de Occupy, las negociaciones de BART han brindado una oportunidad óptima para hablar de la historia de los sindicatos laborales y su futuro en la economía tecnológica.

El título de la noche sentó el tono: Brutal and Unequal: Disruption, Precarity, and the New Tech Boom (despiadado y desigual: el trastorno, la precariedad y el nuevo boom tecnológico). La prioridad fue la opción viable que muchos pasajeros tuvieron para llegar al trabajo en caso de que haya una huelga de BART: La cantidad de servicios de trayectos compartidos como Lyft, Sidecar y Uber que le permiten a propietarios de automóviles ordinarios trabajar como conductores independientes de taxi.

Aunque muchos lo ven de una forma positiva para ganar un ingreso complementario, los presentadores describieron el lunes pasado las aplicaciones de servicios de trayectos compartidos como una forma tecnológica de trastocar los sindicatos.

“Los servicios de trayectos compartidos son una industria completamente no regulada y no paga comisiones a la ciudad”, le dijo Darwin Bond-Graham, escritor y sociólogo, a los casi 24 simpatizantes sindicales. “Están robando los medios públicos”.

Bond-Graham argumentó que los taxis tradicionales pagan cargos a la ciudad a través de ventas de licencias, por lo tanto generan una ganancia para la infraestructura de transporte de la ciudad.

Ryan Smith, copresentador, exempleado de Xynga, brindó una “perspectiva experta” sobre lo que él ve como los esfuerzos de las compañías de tecnología para evitar que sus empleados se organicen. Una de las quejas más grandes de Smith fue el uso inapropiado de trabajadores contratados, la práctica estándar de las compañías de servicios de trayectos compartidos que contratan a propietarios de automóviles en lugar de contratar a conductores de tiempo completo.

“Estos muchachos no son jóvenes infortunados que retan al establecimiento”, le dijo Bond-Graham a los presentes al clasificar a las compañías de servicios de trayectos compartidos como más conocedores de grandes corporaciones que los jóvenes empresarios.

Nadie presente pareció estar en desacuerdo.

“Hay conductores [de servicios compartidos] que no tienen protecciones sindicales como los sindicatos de BART pueden darle a sus empleados”, dijo Javier Arbona, quien enseña estudios de urbanismo en Berkeley, después del foro. “A los directores de las compañías tecnológicas les gustaría ver los trenes completamente mecanizados, y destruir a los sindicatos”.

Para Arbona, considerar el pago de los ejecutivos a cargo de las compañías tecnológicas más grandes de la ciudad en comparación a los salarios que los trabajadores de BART piden, marca una gran diferencia. “Creo que el sindicato de BART está peleando por algo que vale la pena”, dijo.

No obstante, la pregunta de si los residentes de la Misión contemplarán las prácticas laborales de las compañías de servicios compartidos de trayecto o simplemente se las arreglarán para encontrar su propio camino para llegar a trabajar después de la próxima fecha límite de BART parece haber recibido la respuesta con el aumento en trayectos compartidos que hubo durante el paro en julio (Sidecar informó un aumento en el negocio del 40 por ciento durante la huelga que hubo en el verano).