Después de semanas de incertidumbre, el 14 de marzo Adobe Books superó una hazaña de supervivencia al último minuto.
Un día antes de la fecha límite de media noche del 15 de marzo, la librería de segunda mano alcanzó los $60,000 en el todo o nada de la campaña de financiamiento colectivo de Indiegogo para poder salvar al local, el cual ha estado batallando debido a grandes aumentos en la renta y otras dificultades financieras.
Las personas de la comunidad de Adobe se prepararon para la fecha límite, una época que seguramente definiría el destino de la tienda. El dinero ayudará a pagar un inminente aumento a la renta que, con base a los precios del mercado, aumentaría la renta entre $6,000 a $8,000 al mes —miles de dólares más de los $4,500 actuales que se pagan al mes.
Los miembros de la comunidad lanzaron la campaña como parte de un proyecto mayor para cambiar el modelo de negocio de la tienda de propietario individual a cooperativa.
La recaudación de fondos fue una hazaña para los simpatizantes, quienes no poseen una gran riqueza, de acuerdo con Andrew McKinley, propietario de Adobe. A pesar de numerosas contribuciones, con todo y una por $5,000, la mayor parte de los fondos provino de pequeñas donaciones, de acuerdo con Calgano Cullen, miembro de la cooperativa.
“La librería moriría sin apoyo de la comunidad local”, dijo McKinley, con los brazos cruzado y asintiendo con la cabeza afuera de Public Works, en donde realizaron uno de los varios eventos de recaudación de fondos. “No es como si fueran un montón de artistas acaudalados que quieren salvar la tienda”.
El éxito de la campaña significa que Adobe seguirá existiendo, al menos por ahora. Si no pueden costear permanecer en la actual ubicación de la calle 16 —un lugar hogareño y estilo beatnik— entre las calles Valencia y Guerrero, tendrán que irse a otro espacio. Lo que es importante es que siga existiendo, opinan sus simpatizantes.
La alta renta no es la única razón que amenazó con cerrar a Adobe.
“Adobe como es, sin importar cuánto nos guste, no produce ganancias”, dijo Cullen. “Queremos tomar lo que nos encanta de la tienda, al funcionar como un centro para la comunidad y cambiarlo a un negocio que pueda ser sostenible”.
Lo que le está sucediendo a Adobe no es un evento aislado, dijo Brett Lockspeir, miembro de la cooperativa que se encarga del presupuesto y finanzas de la tienda. Las librerías de segunda mano en el país están batallando. Entre 2002 y 2011, el número de librerías independientes registradas en la Asociación Estadounidense de Vendedores de Libros disminuyó de 2,400 a 1,900. Si las librerías independientes quieren sobrevivir, tienen que ser creativos y desarrollar nuevos modelos como el plan de Adobe para poder convertirse en una cooperativa de trabajadores/consumidores.
Incluso aquéllos que apoyan a las librerías independientes reconocen que las ganancias superan a tiendas como Adobe, en parte por propios hábitos de consumo.
“Yo soy parte del problema”, dijo Tim Kaihatsu, cliente de Adobe desde hace casi dos décadas. “Yo compro libros electrónicos. Los lugares como este van a quebrar por gente como yo”.
Adobe siempre ha sido una librería tradicional: sin un inventario computarizado y sin presencia en línea. El lugar en sí mismo es difícil de navegar. Los libros están repartidos por todos lados: amontonados en los estantes de madera, apilados encima de las mesas de vidrio y en cajas de cartón blando.
McKinley reconoce que la tienda no puede sobrevivir como está. El modelo tradicional de librería de segundo uso no es sostenible con la aparición y dominio de los gigantes de librerías en línea como Amazon. Es más fácil comprar en línea que en una librería, lo cual disminuye la demanda por espacios para la venta de minoreo. Las preferencias de los clientes para comprar y recolectar libros ha disminuido.
Bajo el modelo de cooperativa propuesto, los miembros de la comunidad comprarán membrecías de niveles de $10, $15 y $30 al mes y recibirán a cambio descuentos, podrán asistir a eventos gratuitos y subscripciones de arte. McKinley ya no sería el propietario de la tienda, pero seguiría buscando libros de segunda mano en mercados de pulga, ventas de cochera, tiendas de doble uso, ventas de bibliotecas, subastas de libros y otras librerías —una actividad que cándidamente describe como una de sus “más grandes emociones”.
La cooperativa planea expandir el componente de mercancía y arte de la tienda con la venta de productos como tarjetas, libros en blanco, mapas y playeras. Además, volverán a evaluar el inventario y se desharán de artículos que no se han vendido en años. Bajo el nuevo modelo, el local venderá libros en línea y libros nuevos además de libros de segunda mano. Lockspeir opina que Dog Eared Books en la calle Valencia es un gran ejemplo de una librería exitosa que vende libros nuevos y usados.
El objetivo de la cooperativa, de acuerdo con la página de la campaña de Indiegogo es “desarrollar un nuevo Adobe que sea tanto lo que nos gusta del viejo Adobe como mucho más y con un plan de negocios sostenible que se pueda convertir en un modelo para otros esfuerzos como el nuestro y así mantener vivas en nuestras comunidades a la cultura, las artes y los pequeños negocios.
Para clientes como Kaihatsu, Adobe ha ocupado un lugar importante en la Misión. En una reciente tarde, rondaba el pasillo del local tomando fotos con una cámara antigua. Kaihatsu fue profesor de historia y cliente de Adobe de muchos años y decidió pasar por la tienda cuando se enteró que tal vez cerrarían.
Kaihatsu observó un puñado de fotografías de los simpatizantes de Adobe y reflexionó en lo que significaría si, después de 25 años el local cerrara sus puertas. “Si en realidad cierra”, dijo y señaló una pila de libros usados y destartalados en la tienda “por Dios, que pérdida”.
Kaihatsu no era el único preocupado por la crisis financiera; cuando los partidarios del local escucharon del aumento en la renta y la posible clausura se quedaron impávidos. Muchos han estado frecuentando el lugar durante años y lo veían como algo más que una librería, como un lugar en dónde compartir ideas, energía creativa y reflexiones.
“Adobe ha sido una parte tan importante de nuestras vidas como artistas, escritores, amantes de libros y habitantes de la Misión”, decía un párrafo de la sección “Quiénes Somos” de la campaña de Indiegogo, “no sólo por los libros, sino por los eventos impromptu y reuniones, la galería que muestra a artistas locales, los debates, las amistades y vínculos que se nutren entre nosotros y el espíritu generoso y de bienvenida del lugar —no podríamos ver a la Misión sin eso”.
Para el lunes 11 de marzo, con tan solo cuatro días restantes, la campaña todavía carecía de $20,000. Cullen declaró que no estaba segura de si el grupo podría llegar al objetivo. “Al principio, tenía mis dudas”, confesó. No obstante, esa incertidumbre desapareció rápidamente. “Es maravilloso para mí, en las últimas semanas hemos adquirido tanto apoyo”, dijo. “Ha sido maravilloso la cantidad de gente que nos ha apoyado. Ahora la página de la campaña en Facebook tiene 1,700 me gusta”.
Y esos clics se han materializado. Aunque la campaña haya llegado a su meta, no está claro si Adobe podrá seguir a flote después de que se acaben los $60,000 o no; o si el colectivo podrá funcionar como un modelo lucrativo de negocios para la tienda.
Cullen opina que la transición sucederá lenta y precavidamente.
“Lo que quiero que la gente sepa es que vamos a tomarnos nuestro tiempo en decidir exactamente qué cambios haremos y cómo vamos a administrar el negocio”, dijo. “Nos vamos a tomar nuestro tiempo y respetaremos la enorme tarea que tenemos frente a nosotros, e intentaremos hacer lo más posible de esta campaña y asegurar que Adobe permanecerá durante mucho tiempo”.

