En la calle Misión hay un lugar en donde se pueden comprar maletas de descuento y a unas puertas de ahí se puede comprar frutas y verduras baratas. Ahora también hay un local en donde podrá complacer sus ganas por el dulce.

“Si quiere quedarse en el barrio, vaya a Reeds”, dijo Aaron Dolson, copropietario de la tienda de regalos que acaba de abrir en la calle Misión, The Fizzary, en donde se venden refrescos y dulces.

El martes pasado por la mañana, Dolson asistió a un cliente del área a escoger el mejor refresco de jengibre entre los cientos de opciones de bebidas carbonatadas que hay en el local.

Su cliente, Francisco Sánchez, llegó para buscar algunas oscuras bebidas locales. Fue así que Dolson lo guió entre una curada colección de botellas de vidrio de refresco de cola, soda y Coca-Cola. Y lo hizo como lo hace un experto de vinos: habló de con qué tipo de comida puede acompañarlo, los tipos de notas de sabores y ofreció una asesoría.

“¿Un gran sabor a uva? Bueno, le recomiendo éste”, dijo Dolson al agarrar una botella regordeta con un líquido violeta oscuro. “La mayor parte de las sodas tienen 160 calorías…”.

Sánchez lo interrumpió: “En nuestra casa, a la gente no le importan las calorías, sólo quieren probarla”.

Sánchez había llegado con la persona apropiada.

Dolson y su socio Taylor Peck, cuyo nombre aparece en el refresco de la casa del local, Taylor’s Tonics, no sólo están ahí para ganarse un dólar de su obsesión por el dulce. El par se preocupa por ofrecerle a la Misión una soda de calidad.

Dolson guió a su cliente a pie por el pequeño local. Se podía escuchar el golpeteo en el piso de sus botas cuadradas. Con un parche negro de peluche para el ojo, un sombrero Bowler de fieltro y un montón de plumas blancas alborotadas en la banda del sombrero Dolson parece ser tan ecléctico como su colección de bebidas. No obstante, habla muy en serio sobre la bebida carbonatada.

Los socios abrieron The Fizzary a finales de agosto, y venden botellas individuales por $2 dólares y $4 por cuatro paquetes. Los muros del local están alineados con pequeños estantes y cajones amplios. En medio hay una selección de dulces clásicos en tarros de vidrio y pequeñas cubetas de metal. Dolson y Peck escogieron botellas de vidrio tachonadas y refrescos de cola con etiquetas hermosamente diseñadas lo suficientemente estilizadas como para exhibirlas en la cocina después de beberlas o antes de reciclarlas. No obstante, cuando se trata de los dulces, el sabor es lo más importante y The Fizzary cubre las bases de sabores: soda Royal Crown, Coca-Cola con azúcar verdadera, la clásica root beer Berghoff de Chicago, y experimentos con ruibarbo, arándano y cerveza con limonada.

“Mi tesoro más valioso en la tienda es esta botella de Dr. Pepper original de Dublin”, dijo Dolson mientras sostenía una botella pequeña llena de la receta de hace 121 años. “Está hecha de azúcar imperial de Texas, y sólo las tenemos en las vacaciones”.

La suya es una venta de dulce líquido sin arrepentimientos en una época en la que la ley de San Francisco prohíbe que se venda refresco en máquinas. La ciudad de Nueva York ha emitido una prohibición en la venta de refrescos grandes en restaurantes, cines, estadios y estados del país que ganan millones de tasas e impuestos en la venta del refresco porque quieren que la gente los consuma menos. Así que si espera que los propietarios de The Fizzary entren en razón y le ofrezcan bebidas y botanas que posiblemente puedan hacerlo engordar, enfermizo o cualquier otra cosa, Dolson no lo dudaría y seguramente lo haría de esta forma.

“Siempre pondremos una nota al pie”, explicó Dolson. “En realidad va en los escaparates ‘¡asegúrese de lavarse los dientes!’ Pero somos un local estilo boutique, estamos aquí para vender un paquete de cuatro refresco a alguien que quiera irse a casa y beber tal vez uno a la semana durante cuatro semanas en lugar de tomar un paquete de seis y beber cinco refrescos en una sola noche”.

A pesar del impuesto, la prohibición o los esfuerzos conscientes de salubridad, la gente siempre probará algo dulce, agregó Dolson.

“No podemos detener eso. Nunca va a estar fuera de estilo, pero podemos cambiar el tipo de azúcar que se le pone y cuánto se usa”, dijo.

Parece ser que Dolson es una buena autoridad del lado oscuro de la soda. Dolson se crió y alguna vez se postuló en la campaña para alcalde en Denton, Texas en donde más de la mitad de los restaurantes circundantes a la ciudad venden comida rápida. El estado recaba el 6.25 por ciento de las ventas de refrescos. No obstante, los gustos de Dolson están muy lejos de los problemas alimentarios de su ciudad de origen —prefiere el agua, y es posible que de vez en cuando beba un refresco. El 60 a 70% de las bebidas en el local contienen azúcar de caña verdadera, y no son altos en fructosa de jarabe de maíz.

“Estamos haciendo lo que hicieron hace 100 años con el refresco”, dijo Dolson. “Todo nuestro concepto es el del boticario del viejo mundo que vendía medicina junto con refrescos, licuados y dulces”.

Cuando Dolson habla de medicina, se refiere exactamente a eso. The Fizzary pronto ofrecerá hierbas secas al por mayor y setas que los clientes podrán combinar con jarabe y agua carbonatada en casa. Y muchos de los ingredientes que Dolson y Taylor Peck mezclan en su hogar son sodas con calidades medicinales con aloe vera, yerba mate y jengibre fermentado.

Detrás de las coloridas botellas de bebida carbonatada y dulces se encuentra un espacio para la comunidad de 1500 pies cuadrados que los propietarios planean usar para tener eventos sin fines de lucro. Los socios poseen un interés en grupos locales de costura, y el jueves pasado la sala fue utilizada por el cineasta de documentales de San Francisco Theo Rigby para exhibir su proyecto titulado Inmigrant Nation. Es un festival de cine interactivo en proceso sobre problemas de inmigración, un tema cercano al corazón de Dolson.

“Empleamos a muchos trabajadores migrantes para administrar nuestro negocio”, dijo Dolson sobre sus operaciones desde la Misión al sitio de embotellamiento en Los Ángeles. “Sentimos un interés muy fuerte en apoyar a la comunidad de trabajadores migrantes y retribuir tanto como ellos nos han dado”.

The Fizzary abre de 11a.m., a 6p.m. de lunes a sábado en el 2949 de la calle Misión, esquina con la calle 25.

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