En la primera parte de este artículo, le presentamos a Steve Li, un exalumno de la Universidad Comunitaria a quien los agentes de ICE detuvieron en su departamento de San Francisco y poco después fue llevado a una celda de detención en Arizona. Li es de descendencia china, pero nació en Perú antes de que su familia inmigrara a Nueva York cuando él tenía doce años de edad. Hoy día, Li es uno de los más de un millón de jóvenes adultos indocumentados en los Estados Unidos que se podrían beneficiar de la nueva política inmigratoria del presidente Barack Obama.

A continuación, la segunda parte de la historia de Li.

Cuando estuvo en detención en Florence, Arizona Li trabajó ocho horas al día lavando platos por $1 dólar como paga. Li tenía permitido estar al aire libre una hora todos los días. Li comía avena y frijoles, y su atuendo cambiaba de overoles naranjas, verdes y azules. Lo peor de todo, dice él, es que se acostumbraba a ver a algunas personas y después un día ya no estaban. No tenía idea de a dónde iban.

“Estaba muy deprimido. Se le podía escuchar en su voz que le estaba pesando”, dijo su exmaestro Sang Chi, quien hablaba por teléfono con Li casi cada dos días.

Después de la presión del abogado de Li, Sin Yen Ling; funcionarios gubernamentales locales; y la gente de la comunidad de Li, la senadora Dianne Feinstein presentó un proyecto de ley privado en noviembre de 2010, justo antes de que Li fuera deportado, para permitirle quedarse en los Estados Unidos durante un año.

Feinstein, quien es partidaria de la ley de fomento para el progreso, alivio y educación para menores extranjeros (DREAM, por sus siglas en inglés), la cual ofrecerá un camino a la ciudadanía a jóvenes que fueron traídos a los Estados Unidos antes de los 16 años de edad, espera que se apruebe dicha legislación, y que Li pueda ser uno de los beneficiarios. No obstante, en diciembre de 2010, la ley DREAM no pasó del senado estadounidense.

La nueva política del presidente Obama es la última esperanza —sin importar qué tan temporal— para jóvenes adultos que fueron traídos aquí de niños, y quienes a menudo sobresalen en la escuela o sirven en el ejército.

Después de un mes y medio de detención, un agente de ICE se le acercó a Li, esta vez con un mensaje diferente: había recibido un proyecto de ley privado y se iría a casa.

Li empacó sus pantalones grises, un suéter negro de North Face y zapatos Vans —el mismo atuendo que traía en septiembre— y se vio en una estación de autobuses Greyhound con otras 20 personas que habían estado encarceladas con él. Las bolsas de papel color café tenían sus pertenencias y atraían las miradas del público.

Inmediatamente, Ling le compró un boleto de ida para Oakland. El 20 de noviembre de 2010, se bajó del autobús en California. Un pequeño grupo de gente lo estaba esperando.

“Había mucha gente llorando, muchos abrazos”, recuerda Alan Herrera, amigo de Li. “Yo pensé: ¿quién es ese? Se veía diferente. Estaba flaco y muy pálido”.

La diferencia en Li era más que física, dijo Herrera; Li ya no era el muchacho que estaba contento sin importar la situación.

“A dicho momento, no parecía ser el mismo. Ni siquiera tenía el mismo espíritu”.

Sin embargo, Chi, el exprofesor de Li, recuerda lo que fue para Li cuando le dieron las noticias de que se iría a casa.

“Estaba muy agradecido y complacido, toda esa preocupación de qué iba a hacer cuando llegara a Perú, qué le iba a pasar a mi familia ya no estaba”.

No obstante, esas preguntas no desaparecieron cuando Li se fue de Arizona. Su proyecto de ley privado expira al final de cada año del Congreso, y Feinstein debe volver a presentarlo cada año para que se apruebe. Su proyecto de ley actual expirará a principios del 2013.

¿Cómo puede alguien planear un futuro en los Estados Unidos cuando le pueden quitar todo? ¿Cómo se planea la realidad de la deportación a un país extranjero que no conoce?

“No he pensado en eso en absoluto, y no voy a siquiera a pensar en eso porque mi vida entera está aquí”, dijo Li. “Mi meta es convertirme en enfermero. Las relaciones que he creado en más de una década, mis amistades, todo mundo está aquí. No tengo nada en Perú”.

Lo que sí tiene es un sentido de que necesita hacer todo lo que puede. El año pasado, Li apareció en televisión nacional en una sesión de preguntas y respuestas con el presidente Obama, habló en una cantidad de conferencias sobre su dura experiencia, ha trabajado con la Asociación Asiática de Derecho y ha sido pasante en filantropía con asiático-estadounidenses y nativos de la Polinesia.

Después de todo, la realidad de la deportación que enfrenta nunca está fuera de su mente, aunque no le guste admitirlo.

“Sólo una vez le pregunté cuál era su situación, y sólo una vez dijo: ‘mi proyecto de ley es temporal y se acabará’”, dijo Herrera. “Podía notar que no quería profundizar en el tema”.

Sin embargo, sus amistades no están nada más haciendo a un lado el pensamiento de su deportación, como tal vez Li hubiera esperado.

“Todos sabemos que es una solución temporal y todos sabemos que él todavía se está enfrentando a la deportación, pero estoy cien por ciento seguro que piensa en eso”, dijo Herrera. “Es por eso que creo que está tan ocupado y que es tan proactivo, porque no quiere regresar”.

“Pienso en lo que va a suceder después de un año, si debería decirles adiós en lugar de hacer todo esto, ir a la escuela”, dijo Li. “O seguir estudiando y seguir luchando por algo que no sé si ayudará o no”.

Es posible que Li nunca sepa la respuesta a estas preguntas. Y ahora debe vivir una nueva vida, sin la constante presencia de sus padres; el pasado mes de abril, fueron deportados a China.

Los papás de Li se mudaron a Perú para huir de la política de un sólo hijo de China así como de la persecución religiosa por ser cristiano. Una vez ahí, operaron un restaurante chino pero se convirtieron en objetivos de la opinión antiasiática cuando el presidente peruano Alberto Fujimori, de descendencia japonesa, fue derrocado por un golpe de estado en 2000. El restaurante que tenían fue supuestamente atacado por fuerzas rebeldes, y en un incidente separado, la mamá de Li fue agredida.

En los Estados Unidos, la familia solicitó asilo político tanto de Perú como de China. Su petición fue negada en 2003, y en 2004 perdieron una apelación, dijo Ling.

Meses antes de la deportación de sus papás, Li se sentía incómodo al hablar del tema.

“Surge en conversaciones con mi mamá”, le dijo a Mission Local en ese momento. “Llora en la noche porque no sabe qué me va a suceder a mí o a ella. Es como un gran elefante en el cuarto. Uno no quiere hablar de eso porque no hay solución, pero ahí está”.

Hoy día, Li vive solo y recibe apoyo de su iglesia y de sus amistades.

“No cabe duda que fue difícil ver a mis papás pasar por esto”, dijo. “Tuvo un gran impacto. Ha sido difícil vivir solo e investigar dónde vivir y el dinero, pero lo estoy tomando paso a paso”.

“Sólo imagínese si usted estuviera en mi situación”, dijo Li. “Creo que si sigo pensando en esto, entonces no voy a poder ir a la escuela o ni siquiera concentrarme. Por lo que lo mantengo a un lado”.

Seguir con la vida no es fácil para Li, y no es nada más porque se enfrenta a la deportación. Al final del día, es un inmigrante indocumentado, y deberá lidiar con las realidades de eso.

“Después de lo que pasó, he vivido sin estar seguro de mi futuro”, dijo. “Voy día con día e intento tratar de terminar mi educación en este momento”.

Lisa Chen, con la Asociación Asiática de Derecho, opina que es algo de lo que hablan a menudo. “Existen las luchas del día con día de alumnos indocumentados —dinero para la escuela, becas. Es un cambio completo para él. Él no sabía que antes era indocumentado”.

Li está emocionado de empezar la escuela en UC Davis en el otoño y, debido a la Ley DREAM de California, seguramente tendrá que cumplir con la matrícula estatal y los requisitos GPA para solicitar beneficios de asistencia financiera para alumnos. Actualmente, Li se encuentra trabajando, algunas veces como tutor, y ahorrando dinero aunque también espera encontrar becas que paguen su matrícula. Su meta final es convertirse en enfermero, lo cual es posible que pueda continuar en la escuela de posgrado.

Es gente como la que conoció en Arizona que Li opina que le hacen sentirse motivado para seguir en la lucha de la deportación de jóvenes indocumentados cuando siente que quiere rendirse. Hace algunos meses, recibió una carta de Xum, alguien de 19 años de edad a quien conoció y con quien estuvo encarcelado. Xum, quien es de Los Ángeles, se graduó hace poco de la preparatoria y será deportado a Guatemala.

“Es muy triste y además entristece saber, que todavía están ahí y que gente como ellos serán deportados, que se les va la oportunidad por entre las manos”, dijo Li.

“Podría ser yo, y ¿qué haría?”

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