La gente que va a bares se muestra despreocupada al empujarse con sus bebidas en mano y al maniobrar para pasar por entre una masa de cuerpos bailando en el Bar Blondie’s y No Grill. En la parte de atrás, un segundo bar le ofrece a la gente un momentáneo alivio. No obstante, se llena rápidamente.

“¿Siempre está así de lleno?” le preguntó un periodista de Mission Loc@l al barman.

“Esto no está lleno”, dijo.

Bueno, está más lleno de lo que debería estar. A las 10:15 p.m., en una reciente noche de sábado, Mission Loc@l contó a 146 personas. Un letrero detrás de la puerta de entrada, en donde una mujer cobraba $5 dólares el cover a lo que parecía una fila sin fin, decía “Capacidad Máxima: 49”.

¿Un peligro de incendio? Sí. Pero, no espere que el Departamento de bomberos tome medidas drásticas a dichas infracciones.

“No está es nuestra jurisdicción vigilar esos [bares] con 49 personas o menos”, dijo Mindy Talmadge, agente de información pública para el Departamento de Bomberos de San Francisco.

Talmadge está en lo correcto. El Departamento de Bomberos sólo regula espacios que han solicitado convertirse en un “lugar de reunión público”, una categoría que después de una inspección y un pago administrativo, le permite a un negocio aumentar legalmente una capacidad mayor a 49.

De los cuatro propietarios del bar con quienes nos pusimos en contacto para este artículo, dos no respondieron y dos se negaron a hablar oficialmente. Dichos propietarios opinaron no poder solicitar un permiso de reunión público porque sólo tenían una salida —no obstante, tampoco pueden tener una ganancia al sólo permitir a 49 personas a la vez en el interior.

Tienen poco qué preocuparse en términos de multas municipales.

Normalmente, nadie monitorea los bares con una capacidad máxima establecida de 49 personas. El Departamento de Bomberos es la única oficina municipal que monitorea la capacidad máxima, y sólo envía a un inspector o jefe de batallón a dichos bares si alguien llama para quejarse. Es por esto que normalmente los bares permiten que entre tanta gente como sea posible.

Alrededor del 40 por ciento de los bares en la Misión —alrededor de 23 de apenas 59 lugares— enlistan de manera pública la capacidad máxima a 49, lo cual no se regula. Otros 20 lugares no publican placas de capacidad máxima (una infracción al Código Anti-incendios de San Francisco), pero si se juzga por su modesto tamaño seguramente muchos de estos lugares tienen designado un máximo de 49 personas.

De los populares lugares para ir a beber que visitamos en diferentes sábados por la noche, todos tuvieron más de 49 personas. Salir en una emergencia hubiera sido difícil.

A las 11:30 p.m., el Lounge Casanova estaba abarrotado con 109 personas, y un cuello de botella humano en el bar alentaba el intento de cualquiera por entrar o salir. A las 10:45 p.m., Amnesia tiene pocas personas, pero en un espectáculo de comedia dos semanas antes, la gente abarrotó cada pie cuadrado de espacio disponible para estar de pie. A las 10:30 p.m., pasar por entre la gente en el Latin American Club es un poco más fácil, pero el bar sigue al doble de su capacidad máxima.

“Supongo que no sabría lo que significa estar a capacidad”, dijo Diana mientras estaba de pie en la parte de atrás de Latin American Club, lejos de una de la única salida.

Adentro de Blondie’s, Sasha y Kim se carcajean y menean la cabeza cuando se les pregunta si todos podrían salir en caso de incendio.

“No si uno está atrás”, dio Sasha.

Eso no parece perturbar a las demás personas que van a bares. Kim no cree que el bar debería monitorear la capacidad. “Eso podría hacer que no haya un buen ambiente”, dijo.

Es verdad, pero ¿debería usted poder esperar salir en caso de incendio?

“Es por eso que tenemos una ocupación máxima”, dijo Talmadge del Departamento de Bomberos.

Está diseñado, dijo ella, para proteger a los clientes en caso de un incendio o emergencia. En 2003, 21 personas murieron en una estampida en el club nocturno E2 en Chicago, y más de 100 personas murieron en un incendio en 2003 en el club nocturno Station en Rhode Island. Estos han sido incidentes que condujeron a redadas de los departamentos de bomberos por capacidad máxima en Chicago, Rhode Island, Wisconsin, Iowa y Florida, entre otros. Pero en San Francisco, la regulación permanece disoluta.

En Los Ángeles, todos los bares están regulados sin importar el tamaño. El inspector Jim Fisher de la LAFD declaró que las estaciones locales de bomberos inspeccionan bares con ocupación máxima de 49 personas cada tres años, al menos.  En general, los bomberos  visitan cada bar una segunda vez sin hacerlo saber para que la estación de bomberos esté familiarizada con la distribución en caso de una emergencia.

En San Francisco, cualquier nuevo restaurante o bar pequeño puede recibir una designación de capacidad máxima de 49 personas sin solicitar un permiso de lugar de reunión público, según Talmadge. Cada bar necesita satisfacer una inspección inicial de seguridad para abrir sus puertas, pero no hay una inspección de seguimiento.

Para un lugar designado con cualquier capacidad por encima de 49 personas, el propietario debe pagar un permiso y enfrentarse a inspecciones anuales sin previo aviso. No obstante, los bares que deciden no solicitar el permiso y exceden de manera ilegal la capacidad de 49 personas no están regulados, precisó Talmadge.

Incluso así, el Inspector Brett Evart de la SFFD se sorprendió de que hubiera un hacinamiento en la Misión.

“Suena como que hay un problema en el que la gente está tratando de salirse con la suya en el sobre uso de un salón”, dijo Evart. “Vamos a tener que revisar este tipo de problema”.

Obtener un permiso para un lugar de reunión público sería imposible para muchos bares pequeños en la Misión porque los lugares deben tener al menos dos salidas para que califiquen para tener una capacidad legal máxima de más de 49 personas —algo que el Latin American Club, Casanova, Blondie’s y muchos otros bares en la Misión no parecen tener.

Además, si un bar es pequeño, solicitar un permiso de reunión público en realidad podría disminuir la capacidad permitida a menos de 49 personas, según el Inspector Chin de la Oficina de Prevención de Incendios de San Francisco. Si un lugar no solicita un permiso, se le designa una capacidad de 49 personas sin ningún cálculo o inspección.

Cuando un negocio no solicita un permiso de reunión público, las fórmulas entran en acción. La capacidad máxima se determina con una ecuación que toma en consideración el número de salidas, el espacio disponible y cuántas personas caben sentadas, según el Código Anti-incendios de San Francisco.

Los negocios que sólo tienen espacio en donde sólo se puede estar de pie tienen permitido tener a una persona por cada cinco pies cuadrados. Pero, si sólo hay una salida, no se puede exceder la capacidad máxima de 49 personas y no pueden solicitar un permiso para un lugar público de reunión.

Eso deja pocas opciones para los bares con una sola salida, por lo que muchos ignoran la cifra.

Afuera del bar con una capacidad máxima de 49 personas, un guarura precisa que no deja entrar a más de 49 personas. Él mantiene un “total” preciso en una tabla que sostiene.

Pero adentro, el bar casi llega al doble de su capacidad.

“Algunas veces te dan un codazo y es difícil saber cuando la gente entra y sale tan rápido”, dijo el guarura, quien se negó a dar su nombre por miedo a ser despedido.

Otro guarura opinó que determina cuánta gente puede entrar “con sólo sentirlo”.

El Departamento de Bomberos no obliga a los bares a que alguien cuide la entrada, y está claro que incluso si hay alguien afuera, la capacidad máxima no es una prioridad.

“Sí, es obvio que está sobre capacidad. Puedo ver eso”, dijo un guarura cuando se le presionó en relación a la ley.

“No conozco las reglas. Cuando me dicen que ya no debe entrar la gente, me detengo”, agregó, en referencia al personal adentro del bar.

Si se presenta una queja y los inspectores anti-incendios ven que un bar está sobre capacidad, el propietario podría recibir un citatorio e incluso el lugar se podría cerrar en situaciones extremas. Sin embargo, ya que a los clientes no parece importarles el abarrotamiento, hay una baja posibilidad de que el Departamento de Bomberos obtenga quejas.

Afuera de Blondie’s, un par de chicas de Francia se toman un descanso para fumar un cigarrillo.

“Ya sabe, somos francesas. No nos importa nuestra salud. Fumamos, bebemos”, dijo Diane, quien se negó a dar su apellido.

Adentro del Latin American Club, Karl se encogió de hombros cuando se le preguntó si alguna vez piensa sobre su seguridad en bares abarrotados. “Es ignorancia deliberada”, dijo al tomar otro sorbo de su cerveza.