Una vecina estaba en su casa, dormida, cuando escuchó cinco disparos justo afuera de la ventana de su recámara. Se tiró al piso y se escondió cuando escuchó a alguien gritar “vámonos [improperio] de aquí”. Después, hubo silencio.

La madrugada del tiroteo del viernes en las calles 23 y Harrison en la que Reynaldo Cordova de 26 años de edad murió, dejó a muchos residentes del área consternados.

El día después de que la vecina escuchara los balazos y hablara con la policía, seguía preocupada de que hubiera otra balacera en su barrio.

“Nunca antes habíamos tenido algo como esto”, dijo la mujer, quien ha vivido ahí durante sólo seis meses, pero lleva 12 años en el barrio. “Nunca habíamos tenido ningún problema. Es muy sorprendente”.

La policía sigue en busca de la persona que disparó, quien creían ser un adolescente de entre 16 y 18 años de edad que huyó en un Subaru verde por la calle Harrison. Cordova vivía en la calle Florida, según le dijeron varios testigos a Mission Loc@l.

Aunque algunos vecinos expresaron desconcierto después del homicidio, otros opinaron que este tipo de violencia era normal para el barrio.

Mientras estaba de pie afuera de su casa sobre la calle 23 con parientes, una mujer dijo que el barrio “nunca es seguro”. La señora opinó que aunque no estaba sorprendida por la violencia, no deja de preocuparse. Señaló que a unas casas de ahí, su mamá había escuchado los balazos desde su recámara en la calle 23. Su madre estaba muy espantada como para volverse a dormir y llamó a su hija en la madrugada.

“Me llamó cerca de las 5:30 a.m., porque se supone que se va a trabajar a las 5 a.m., y tenía mucho miedo de salir”, dijo. “No se siente segura y me dijo que tuviera cuidado”.

Altar en honor a la víctima que falleció en las calles 23 y Alabama. Foto de Marta Franco.

No obstante, la señora dijo que su familia no espera que haya un gran cambio. En 2006, recordó, su primo de 15 años de edad fue asesinado sobre las calles 24 y Harrison. A principios de este año, su hijo fue asaltado. Además, otro familiar, quien pidió no ser identificado, dijo haber presenciado una balacera justo afuera de su ventana hace algunos años.

“Quiero hacer una protesta para que haya más policía por aquí”, dijo la señora; “la policía nunca anda por aquí”.

Sin embargo, otra residente de edad mayor que iba camino a casa sobre la misma calle con su carrito de compras opinó que no hay mucho que la policía pueda hacer.

“No se pueden poner en cada esquina”, dijo ella.

Para ella, se trata de tomar precauciones para evitar estar en situaciones peligrosas.

“Este no es un lugar en el que, a mi edad, me sienta cómoda caminando a la 1 o 2 de la madrugada”, dijo; “no me voy a exponer de esa forma”.

La balacera dejó a muchos residentes preocupados por sus familias. Después del homicidio, la vecina que escuchó los balazos debajo de la ventana de su recámara declaró que lo pensará dos veces la próxima vez que deje que su hijo de 15 años de edad se inscriba en un equipo de béisbol.

“Tendría que tomar el camión a casa después de práctica —y me hace pensar mucho en eso”, dijo. “Me molesta. Tener que preocuparme por eso me molesta. Se les debería permitir hacer cosas normales”.

Un adulto joven, quien vive cerca de las calles 23 y Harrison, opinó estar “entumecido” por la violencia en el área, la cual agregó, “sucede todo el tiempo”. Aún así, se preocupa por su  mamá, quien trabaja el turno nocturno y tiene que caminar a casa todas las noches.

Mary Robinson, quien vive en el área, dijo tener custodia de sus cuatro nietos. Aunque les dice que tengan cuidado, le inquieta que no siempre la escuchen.

“Cuando andan haciendo sus travesuras, puede que les disparen”, dijo Robinson; “hace que me quiera mudar, pero ¿a dónde se puede ir? En todos los barrios hay violencia”.

Mientras estaba de pie enfrente del altar levantado en honor a Cordova en la esquina de las calles 23 y Harrison, la vecina Serafín Saavedra recordó las consecuencias que tiene este tipo de violencia.

“Me entristece que haya podido escuchar que le dispararon a su hijo”, dijo Saavedra; “que mueran enfrente de uno”.

Andrea hails from Mexico City and lives in the Mission where she works as a community interpreter. She has been involved with Mission Local since 2009 working as a translator and reporter.

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