En una tarde de miércoles, una niña latina de ocho años de edad espera con un amigo más grande que ella en el paradero de Muni en las calles 18 y Guerrero. “Solía irme en el autobús escolar cuando iba al campamento de verano en la YMCA, pero ya no”, dijo.
La junta escolar de San Francisco disminuyó el número de autobuses amarillos escolares en 2010 a 25 autobuses de los 50 que había, y todavía tiene planeado realizar más recortes en dos años. Los niños que van a la escuela en la Misión, como otros en la ciudad, a menudo terminan haciendo uso del transporte público cuando van a la escuela en un lugar diferente al de su barrio.
A medida de que las clases se han vuelto a reanudar, el Muni —y hasta cierto punto el BART— se llena con todo tipo de gente desde niños de kinder con loncheras a adolescentes alborotadores. Sin embargo, en entrevistas con alumnos y adultos, muchos de los pasajeros habituales defendieron o aceptaron el derecho de un adolescente a ser ruidoso. Algunos se quejaron de los adolescentes y otros opinaron sentirse protegidos por los niños abordo del autobús.
“He notado a muchos niños en el autobús, la mayor parte de ellos tiene entre 13 y 14 años. Pero nunca me molestan. Me gustan los niños”, dijo Jesús Alcantar, trabajador de cuidado en hogares y quien tiene 45 años de edad.
Kellen Gillispie, ingeniera de 29 años de edad, fue a la preparatoria en San Francisco e hizo uso de una combinación de Muni y BART, tampoco percibe el ver a los niños que usan Muni como algo malo.
“Ya hay autobuses que van a todos lados, ¿para que tener autobuses escolares encima de eso?”, dijo.
Algunos pasajeros mayores recordaron presenciar el acoso a niños y mostraron una actitud protectora ante pasajeros más jóvenes. En septiembre de 2009, un muchacho de 11 años fue apuñalado abordo de un autobús de San Francisco. Un muchacho de 18 años de edad también fue apuñalado en febrero de este año.
Asimismo, otros pasajeros contaron sus historias. Jesús Ruelas, de 55, quien esperaba el autobús en las calles 16 y Misión dijo que “una noche en Muni vi a como cinco tipos; uno le quitó a una muchacha su teléfono y todo. ¿Y la gente en el autobús? ¿El chofer? No hicieron nada”.
Para ayudar a crear un medio ambiente más seguro, los pasajeros asiduos como Portia De Pasquale opinaron que los niños necesitan más supervisión de los padres, o que simple y sencillamente les den su propio autobús.
“En San Francisco el autobús no es seguro”, dijo mientras observaba el paradero en las calles 24 y Misión. “Este es un lugar asqueroso para abordar el autobús”.
Cuando se le preguntó si los niños causan problemas en los autobuses, De Pasquale respondió: “Por supuesto que sí. ¡Son niños!”
Asimismo, los adolescentes expresaron preocupación por alumnos más jóvenes.
Un joven serio de 14 años con un uniforme de la Junior ROTC precisó que su escuela todavía ofrece servicio de autobús escolar, pero sólo para alumnos en educación especial y se preocupa por los niños que se encuentra en autobuses públicos.
“Hay muchos más niños toscos [en el Muni] estos días”, dijo Kevin, “rayan los autobuses”.
Un alumno, de 18 años de edad, que va a la preparatoria y espera el autobús en las calles 24 y Misión antes de ir a clases describió un trayecto abordo del autobús 29-Sunset con su equipo de fútbol.
Cuando iba camino a la cancha, dos hombres se subieron al autobús. Uno le pidió usar su teléfono celular. “No sé por qué mi amigo le dejó usar su teléfono, pero el tipo comenzó a hacer una llamada”, contó, “y de repente, mi amigo se dio cuenta de que no le iban a regresar su teléfono. Fue entonces cuando otro tipo se levantó y le dijo a todo mundo que vaciara sus bolsillos”.
Sólo algunos pasajeros culparon a los adolescentes.
Gwen Armbruster, administradora de 33 años de edad en la Universidad de Artes en California, toma el 22-Fillmore para llegar a trabajar. “Me he dado cuenta de que el autobús se llena bastante con adolescentes de la preparatoria alrededor de las 8:30 a.m., pero por las tardes puede ser peor”, dijo, “porque los niños pueden ser muy toscos, ruidosos y molestos”.
Armbruster piensa que los grupos de adolescentes pueden hacer que el trayecto en autobús se sienta un poco menos seguro, en especial si se llevan la contraria todo el tiempo.
Los conductores estuvieron de acuerdo, pero parecían aguantar el ruido. Un conductor que se estaba tomando un descanso en las calles 16 y Bryant expresó que en general no tiene problemas con los muchachos.
“Sólo son ruidosos, groseros y no tienen respeto por los mayores”, dijo. Pero en general, no tiene gran problema con los muchachos aparte de que sean ruidosos. “Y la mayor parte del tiempo, los dejo que sean ruidosos ¡porque son niños!”
Ted, conductor del 22-Fillmore, de mediana edad y con quien es fácil hacer conversación, dijo que “aquellos de nosotros que hemos estado aquí por un tiempo… sabemos cómo lidiar con ellos”.
Ted movió la cabeza de lado a lado cuando se le preguntó si los niños le dan lata. “No, no”, dijo al ajustarse los lentes oscuros, “¡son los adultos quienes me dan lata!”
(Nota del editor: una versión anterior de este artículo precisa que la cifra de autobuses se había reducido a la mitad en 2010 a 25 autobuses. Dicha cifra es el objetivo para el año 2013. Este año, la cifra de autobuses escolares se redujo de seis a 38. El distrito comenzó en escuelas en las que el uso del servicio era el más bajo.)

