Es una fiesta que se hace pasar por la filmación de una película que se hace pasar por una fiesta, o algo así. La gente no deja de pasar a tropezones por el patio trasero para investigar cuánta cerveza queda en el refrigerador mientras Lares Feliciano, directora de “Valencia: La Película: Capítulo 4”, consulta con los actores. Una vez que vuelve a comenzar la filmación, Feliciano controlará a la multitud por medio de la eficiente táctica de encerrar a la gente en el patio trasero.
Veintiún capítulos, cada uno filmado por un director diferente con un elenco diferente, componen la película titulada “Valencia: La Película”. Feliciano, una alumna de cine de la Universidad Estatal de San Francisco, se ocupó de este capítulo una vez que el director anterior decidió renunciar.
Cada capítulo tiene su propia forma de hacer las cosas, y el set para el Capítulo 4 es conocido por su limitada creatividad. El set de esta noche es el departamento de Feliciano. La iluminación es provista por unos asistentes en silencio que sostienen, fuera de escena, el tipo de lámparas de papel blanco que se pueden comprar en Ikea. Los otros capítulos se han esforzado a gran manera en mantener la veracidad histórica. Los actores del Capítulo 4 visten su propia ropa y se arreglan su propio pelo (o no). Tratan de que los teléfonos celulares no salgan en las tomas. Eso es todo.
Es así porque una parte del Capítulo 4 sucede en la Marcha Lésbica Dyke, que en la época de los 90 no se llevaba acabo en el Parque Dolores. Carente de presupuesto para volver a crear la marcha, la Marcha Lésbica Dyke de los 90 proporcionó una cierta libertad. La libertad de no hacer mucho alboroto sobre qué tan específicamente lésbicos fueron los 90. Se tomó la decisión y la Marcha Lésbica Dyke se filmó en la Marcha Lésbica Dyke estilo documental.
“Fue un poco extraño”, dijo Rayna Matthews, quien interpreta a Iris. “La gente venía y me abrazaba y me decía: ‘estás en una película en este momento si me das un abrazo’”.
“Pero después Lares nos daba caguamas”, dijo Annie Danger, quien interpreta a Michelle Tea, autora de “Valencia”. “Y entonces todo mejoró”, dijo.
Danger se encuentra en la interesante situación de saber y pretender ser Tea. Las dos se fueron de gira juntas el año pasado como parte de un espectáculo de poesía spoken word que Tea comenzó y que todavía organiza. “Ahora nos vemos el uno al otro”, dijo Danger, “y yo le decía: ‘¡te estoy interpretando! ¡Qué raro! ¡Qué extraño!’”.
Danger llegó a San Francisco para, como ella lo puso, “entrar a la escuela de arte, y ser gay”, antes de haberse ido de viaje por el país vendiendo sistemas de drenaje para aguas negras. “Nunca leí el libro”, dijo, “simplemente no era interesante para mí. Lo estaba viviendo”.
Danger estuvo aquí durante la época del libro, pero no aparecía en el libro en sí. Muchas otras personas de San Francisco sí aparecían. “Valencia”, que a menudo se clasifica bajo ficción, tiene el sentido y falta de arco de narración que hay en la vida real. Cuando se publicó, causó un furor del tamaño de una memoria, entre la gente real o imaginaria que se veía, en el sexo, drogas y decisiones cuestionables de vida en las páginas del libro.
Tea ha sido más honesta sobre establecer la base de los eventos de la vida real, al punto de haber incluido fotografías de ella y de Iris (de la vida real) en una entrevista con Samuael Topiary, ambos directores del Capítulo 18 y su semejante en la vida real de un personaje llamado Bonzai en “Valencia”. En el Capítulo 18, Topiary aparece como ella misma mientras confronta, como una vez lo hizo, a un grupo de cristianos en la marcha de orgullo gay mientras estaba en un viaje de ácido.
Tea escribe en la entrevista:
Sí, gente, Valencia es una memoria (¡por favor no me quiten el premio de Mejor Ficción Lésbica, de la Fundación Literaria Lambda!) la escribí cuando era joven, demasiado joven para saber que la gente ficcionaliza eso (improperio), y al ficcionalizarla me refiero a que dicen ‘¿Qué? Es ficción. No sé de qué estás hablando’.
“Valencia” opaca otras líneas también. Está claro que Danger y Matthews, quienes interpretan a una pareja apunto de estar juntos, son algo de la vida real. “Annie me llamó y me dijo: ‘¿quieres ser una estrella conmigo?” es la forma en que Matthews describe el proceso de escoger al elenco.
Entonces, ¿están actuando?
Sí que lo están, dijo Matthews, con convicción. “Tenemos que actuar como si no hubiera sucedido antes”.
Mercedes Gibson, quien interpreta a Willa la que pronto quedará abandonada, afortunadamente no es la novia de nadie a punto de ser botada en la vida real. Estuvo en el elenco después de haber aparecido en un piloto de televisión en un papel que describe como “una DJ muy atractiva como distracción”. Danger fue la primero que se eligió del elenco.
“Ella tatuó casi todo mi brazo izquierdo”, dijo Feliciano, a modo de explicación. “Annie ha tatuado a la mitad de su elenco. Annie es la primer persona en la que pienso. Annie representa todo lo que yo quería en un intérprete”, y observa a Danger, quien está tratando de meterse un palito de luz resplandeciente por una de las fosas nasales.
Es hora de dejar salir a la multitud, que a su vez llena la sala mientras la banda por única noche, Rescue Dachsund, comienza a tocar una canción estridentemente punk.
“Necesito que se MUEVAN”, gritó Feliciano mientras el camarógrafo se ponía detrás de ella.
“¿Quiere decir bailar?” preguntó una voz de la multitud.
“Sí. Al decir moverse me refiero a bailar. Gracias por esclarecerlo”.
Y con eso, la multitud comenzó a bailar.

