MyMission es una serie de entrevistas con un diverso grupo de gente, cada uno con su propia experiencia de la Misión. El verano pasado, realizamos esta serie y pusimos extractos en un libro de bolsillo de mapas culturales, recursos y recuerdos que puede comprar en librerías como Modern Times y Dog-Eared Books. Este verano, pensamos en revivir la serie.

En los 80, Laurie Anderson se fue de Berkeley y se mudó a un local de máquinas vacante que era propiedad de la Compañía Estadounidense de Latas. Desde entonces ha estado ahí. El local de máquinas, Project Artaud, creó el Teatro Artaud, y SOEX, entre otras cosas. Hoy día, alrededor de 70 artistas viven ahí.

Mission Loc@l: ¿Cómo era el barrio cuando se mudó aquí?

Laurie Anderson: Era una ciudad fantasma de Estados Unidos. Había restaurantes para la clase obrera que abrían a las 6 a.m. y cerraban a las 3p.m. El Slow Club solía ser uno, y era uno de los lugares a donde los conductores de Muni iban por su desayuno.

Y por eso muchos de nosotros aprendimos a cocinar. Y siempre había cosas sobre la Misión. Todavía me sorprende que hoy día puedo salir y comprar una taza de café.

ML: ¿Cómo se mudó a la Misión?

LA: Obtuve un estudio en Artaud en 1981, y me mudé cuatro años más tarde. Le di a una amiga mi precioso departamento de renta controlada que tenía en Berkeley. Hubo niños, y un divorcio y ella lo necesitaba mucho más que yo.

ML: ¿El edificio era legal para poder vivir en él?

LA: Me perdí a toda la juventud alocada de aquí. Las historias de cómo se financió el edificio. La persona que dio dinero generosamente que estaba ahorrando para el pago por adelantado para su cambio de sexo. Todo esto es un mito Artaud hasta ahora.

Este edificio solía ser un espacio enorme. Para cuando me mudé, ya habían puesto los muros que dividían los estudios. El edificio se legalizó después de lo que sucedió, cuando la ciudad dijo “¡woah! ¿Qué están haciendo?”

La forma en que se legalizó fue poco a poco: los muros, la electricidad, salidas en caso de incendios. Cada pequeña caja es diferente, lo cual hace que este sea un lugar interesante. Uno nunca sabe lo que hay detrás de cada puerta. Mi estudio es inusual porque nunca hice mucho de él.

ML: Escuché que este lugar tiene un arreglo financiero muy particular. No son condominios…

LA: No son bienes raíces, porque no se puede vender a precio de mercado. Uno tiene el derecho a usarlo, se pueden hacer mejoras, hay que cumplir con el código. Pero si tiene 500 mil dólares debería invertirlos en otro lugar.

Los costos de las mejoras que uno hace a su espacio se le pueden traspasar a la siguiente persona, pero no hay muchas cocinas sofisticadas por aquí.

ML: ¿No es como estos espacios llamados live/work, o sí?

Era tan falso. El concepto live/work es evidentemente para alojar a artistas, pero no creo que haya muchos artistas en ninguno de estos edificios de live/work de por aquí.

ML: ¿Cómo se calcula el valor de las mejoras?

LA: Tenemos a un arquitecto que viene y lo evalúa. “Ah, veo que tienen luces en riel.. Ah, veo que usaron tablaroca para construir ese muro”. Todavía no tengo un lavabo en mi estudio. Queda en mí ponerlo.

ML: ¿Y cómo es que la gente puede pedir uno de estos espacios?

LA: Existen siete alas diferentes en el edificio, cada una depende de la gente que se registre. El proceso se ha convertido en algo ligeramente más formal. La gente viene y pone todo un teatro. Muestran sus portafolios, películas. Tienen entrevistas personales, varias entrevistas personales.

ML: ¿Y qué hay de las galerías? ¿No solía SOEX estar ahí?

LA: Tanto SOEX como Artaud son proyectos que comenzaron las personas en el edificio. Sin embargo, se hizo claro que la forma en que las cosas se financiaban era convertirse en una organización sin fines de lucro y pedir subsidios. Tenía que haber una junta externa, participación de la comunidad.

Southern Exposure tuvo que mudarse porque el edificio en el que estaba necesitaba una remodelación sísmica. No obstante, sigue siendo un maravilloso aporte a la comunidad. Y ZSpace ahora tiene al Teatro Artaud. Seguimos mejorando estos proyectos y luego los pasamos.

ML: Cuando se mudó aquí por primera vez, ¿a qué otro lugar en el barrio iba? ¿Alguna vez salía por tragos?

LA: La verdad es que no salgo a bares. Salgo a caminar. Salgo a la azotea. Camino hasta el paso peatonal en Utah, entre las calles Mariposa y 18. Es escalofriante y maravilloso caminar por la 101. El jardín de la comunidad en la plaza McKinley tiene muy buenos columpios con cadenas muy largas, y uno puede llegar bastante alto. Creo que las quitaron y las reemplazaron con algo más seguro.

ML: ¿Cuándo sale a caminar?

LA: Cuando nada está saliendo bien, o cuando me siento demasiado exitosa. Cuando me pongo a caminar en mi cajita y necesito salir. Cuando uno vive en la Misión, uno realmente vive en ella. Es bueno ir a algún lado en dónde poder obtener perspectiva.

Me gusta el aspecto de pequeño jardín de la Misión. Es un lugar agradable para caminar. La gente no tiene mucho espacio, pero hacen un jardín de plantas nativas o cultivan rosas. Hay cosas que suceden en las calles y esquinas más raras. Me gusta el cementerio en Misión Dolores. Solía ser completamente gratuito, uno podía entrar a caminar.

ML: ¿Cómo era vivir ahí en los 80?

LA: Ahora tengo un hijo que tiene 23. Cuando él era un niño pensaba que vivíamos en el mejor barrio del mundo porque vivíamos entre una compañía de grúas, la central de Muni y una planta de cemento. El edificio terracota enfrente de nosotros solía ser una planta de cemento. El edificio con las chimeneas que todavía es una lavandería comercial de baja tecnología y tradicional.

Esos condominios eran en donde Bike Kitchen tiene un espacio, el que solía ser un estacionamiento de camiones Penske.

El edificio gris en donde ahora está Coffee Bar solía ser una fábrica de mayonesa. Best Foods solía ser el dueño. Solía haber trenes llenos de ingredientes de mayonesa que pasaban por las vías del tren en la calle Florida hacia ese edificio.

ML: ¿Era ruidoso?

LA: En el Teatro Artaud solíamos programar nuestras exposiciones alrededor de los trenes.

Lo interesante de este barrio es que la gente viene y va. Estos lugares como Circolo, El Rincón, Whisper, son como lugares de contratación. Los DJs vienen y se van por una noche. Y después, seguido, llega la juventud de los suburbios que le gusta venir a la ciudad y alocarse. Y no se dan cuenta de que en realidad hay gente que vive aquí. Es el riesgo de un barrio de uso mixto. Uno nunca sabe qué tipo de uso llegará a la mezcla.

Pero los domingos son maravillosos aquí. Muy tranquilos.

ML: ¿Cómo fue criar a un niño aquí?

LA: Fue genial. Nos juntamos con otros padres de familia y compartimos el cuidado de los hijos. Había bastantes niños en el edificio, todavía los hay. Pusimos espacios como Jackhammer Park, la gente taladraba el espacio y plantaba algunos árboles frutales. Los niños jugaban ahí. Ese espacio cambia según lo que otros proyectos estén haciendo ahí.

ML: ¿Cómo cambió el tipo de obra que hacía ahí?

LA: Trabajo mucho con objetos encontrados, cosas que se caen de los camiones, cosas atropelladas, cosas que la gente tira como ganchos rotos de la lavandería que está por aquí; latas aplastadas, o una pata de conejo que las termitas atacaron y que le quitaron la piel. Solía encontrar ensayos escolares todo el tiempo, esos siempre son interesantes.

Ahora voy mucho a Mendocino, y lo que encuentro es diferente: huesos y calabazas. Pero todavía hay muy buen material callejero aquí.

Follow Us

Andrea hails from Mexico City and lives in the Mission where she works as a community interpreter. She has been involved with Mission Local since 2009 working as a translator and reporter.

Leave a comment

Please keep your comments short and civil. Do not leave multiple comments under multiple names on one article. We will zap comments that fail to adhere to these short and easy-to-follow rules.

Your email address will not be published. Required fields are marked *