Cuando estaba en la escuela de medicina, el apodo que le dábamos era “bolas de fuego”. Proviene de decir la misma oración original en Inglés una y otra vez, más o menos.

Es cierto que los fibromas se sienten como bolitas en fuego para la mujer que las padece, y los ginecólogos ven muchos de estos casos. Un estudio reciente de ultrasonido encontró fibromas en más del 80 por ciento de mujeres negras y el 70 por ciento en mujeres blancas. En 1992, un estudio basado en muestras necroscópicas calculó que el 50 por ciento de las mujeres tiene fibromas.

El útero es un órgano muscular único cuyas células tienen la capacidad de crecer rápidamente durante el embarazo y se encogen a un tamaño muy pequeño en sólo seis semanas después de haber dado a luz. Un tumor de fibroma es el resultado de un crecimiento desenfrenado de una sola célula narcisista de músculo en el útero, una que pide a gritos que la vean y se niega a dejar de crecer.

En algunas mujeres, los fibromas pueden causar malestar. Pero para las mujeres que tienen muchos de ellos, son muy dolorosos, provocan sangrado en exceso y en algunos casos infertilidad. Los fibromas son la razón más común por la cual las mujeres tienen histerectomías.

Alrededor de la mitad de las mujeres con fibromas no poseen problemas importantes relacionados con ellos. La otra mitad lucha los fibromas con médicamento o procedimientos médicos: un proceso que contribuye al alto costo del cuidado médico para estas mujeres, pérdida de productividad y una baja calidad de vida.

¿Qué es lo que causa estos crecimientos parasitarios, descritos inicialmente en la medicina china tradicional en el 100 a.C, y en 1793 en la medicina occidental en Londres? Lo único que tenemos son asociaciones. Es obvio que los factores genéticos juegan un papel importante ya que algunos fibromas persisten en algunas familias. Las mujeres que comienzan a menstruar a temprana edad son más propensas a padecerlos. También las mujeres con sobrepeso, mujeres que hayan  nacido en un ambiente de pauperización y aquéllas que nacieron de madres diabéticas.

El ejercicio y comer una dieta a base de plantas puede que proteja en contra de los fibromas, pero las mujeres que recibieron una fórmula de leche de soya durante su infancia también son propensas a padecerlos. Curiosamente, las mujeres que fuman son menos propensas a padecerlos, pero no hagan de esto una excusa para comenzar a fumar.

Como científico que estudia los lazos entre la salud reproductiva y nuestro medio ambiente, los descubrimientos en animales pueden ser una advertencia para humanos. Las conexiones más interesantes son aquéllas entre fibromas y la exposición a químicos de estrógeno. Se sabe que hay fibromas en las sales bálticas expuestas a químicos que imitan el estrógeno.

Los fibromas también se pueden ver en roedores de laboratorio que han sido expuestos a dietilstilbestrol (DES). ¿Recuerda el DES, el estrógeno sintético que se le dio a casi 6 millones de mujeres estadounidenses embarazadas en los años de 1940 a 1970 bajo la creencia de que evitaría el aborto espontáneo? Tuvo mala publicidad después de que un estudio en 1971 hubiera comprobado que causaba cáncer vaginal poco común en las hijas de mujeres que lo tomaron mientras estaban embarazadas; no obstante, está relacionado con fibromas uterinos.

En las tres décadas que DES se usó, se le dio a más de sólo mujeres embarazadas que estaban preocupadas por abortos espontáneos. También se le añadió a las vitaminas prenatales como una buena medida para que muchas mujeres estuvieran expuestas. Se le dio a ganados preñados como una forma de mejorar la base de la industria ganadera. Las probabilidades de que casi todos los niños nacidos en los Estados Unidos en esas tres décadas hayan estado expuestos a varios niveles de DES en el útero es muy alta. ¿Puede esa ser la razón por la cual los fibromas son tan comunes en las mujeres de hoy día?

Tendrá que pasar mucho tiempo antes de que tengamos la oportunidad de saberlo. Los efectos de los químicos pueden saltarse generaciones. Las exposiciones químicas de su abuela puede determinar sus cambios de salud. El ganado estadounidense ya no recibe DES, pero muchos rebaños todavía reciben estrógeno sintético, así como testosterona, progesterona y crecimiento hormonal. Por cierto, el DES es primo hermano del disfenol-A (BPA), un químico que imita el estrógeno y que se ha convertido en omnipresente en nuestro medio ambiente.

Debido a que más de 80,000 químicos se encuentran en el mercado y que no tienen una buena evaluación para la seguridad humana ni son regulados por la Oficina de Protección al Medio Ambiente de los Estados Unidos, todos seguiremos estando expuestos en maneras que dificultan rastrear el problema (como los fibromas) al origen.

Las buenas noticias son que el Senador Frank Lautenberg (D-NJ) acaba de volver a presentar un proyecto de ley para modificar la Ley de Control de Sustancias Tóxicas (TSCA, por sus siglas en Inglés) para darle al EPA mayor autoridad en la obtención de información medio ambiental y de salud proveniente de compañías químicas. Esto ayudaría en determinar qué químicos necesitan evaluación a futuro, y tal vez cuáles necesitan retirarse del mercado para proteger la salud del público. Además exige que los estadounidenses tengan un mejor acceso a la información sobre los posibles peligros de los químicos que hay en sus lugares de trabajo. Es una ley por la que vale la pena luchar. Con información como esta podemos comenzar a ir más allá del principio de asociación y buscar el origen.

Aquéllos interesados en actualizaciones sobre el proyecto de ley de Lautenberg pueden visitar: saferchemicals.org

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Andrea hails from Mexico City and lives in the Mission where she works as a community interpreter. She has been involved with Mission Local since 2009 working as a translator and reporter.

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