Me encanta este video en YouTube de dos mamás que están tratando de enseñarse la una a la otra sobre cómo amamantar, cuándo sus hijos empiezan a gatear y temas en general. Como madre de tres niños, conozco muy bien la sutil ansia por explicar las cosas cuando uno lleva a sus hijos al área de juegos.

Lo que me parece particularmente fascinante en este video es cómo muestra que la comida orgánica se ha convertido en un nuevo símbolo para padres de familia estrictos. (Hace algunos años, la preocupación era por el jarabe de maíz alto en fructosa.)

Cuando veo estos videos me río, pero como investigadora del medio ambiente también sé –lo he comprobado- que la mayor parte de los niños tienen niveles de pesticidas en sus cuerpos que se pueden medir lo suficiente como para estar preocupados. Cuando están en una dieta orgánica, dichos niveles disminuyen.

Genial, entonces asegurarme de que mis hijos coman alimentos orgánicos sí hace que esos niveles disminuyan. Pero, ¿importa?

Cada vez más, he visto investigaciones que apuntan a una posible respuesta positiva. En un estudio, que ayudé a escribir, evaluamos información de varios niveles de pesticidas en niños lo cual mostró que cerca del 40 por ciento de los niños en los Estados Unidos han tenido una exposición acumulativa a pesticidas que pueden tener posibles consecuencias neurológicas.

El mundo está lleno de cosas que podría quitarle algunos puntos al coeficiente intelectual de nuestros niños. Las concusiones, por ejemplo. Pero, ¿qué hay de todos los demás químicos a los que están expuestos mis hijos? Debido a la forma en que están establecidas las leyes en este país, los ingredientes químicos en la mayor parte de los productos que compro en el mercado no han sido probados para ver qué tan seguros son (como los líquidos para extinguir incendios, a los cuales los residentes de California tienen el dudoso honor de tener los niveles más altos en el mundo.).

Los líquidos para extinguir incendios también han demostrado que afectan el desarrollo cerebral en niños. Y después está el tema de los PCBs, el plomo y el mercurio, los cuales (uno espera) que los niños no tengan mucho de dichas sustancias.

No estoy del todo segura de lo que pasa cuando mis hijos ingieren pesticidas aparte de todos esos químicos. No quiero enterarme, y si no tengo que hacerlo entonces puedo escoger no hacerlo. Mi estrategia como madre de familia es no espantarme por todo, pero reducir la exposición de mis hijos a cosas que sé que puedo controlar es algo que puede ser que ayude a activar todas aquéllas cosas a las que no puedo controlar que estén expuestos.

Así está la cosa: puedo escoger la comida orgánica. Soy afortunada de vivir en el gran estado de California (dejen de reírse de qué tan en bancarrota y locos estamos). En otros lugares del país, la comida orgánica puede ser muy cara y difícil de encontrar. Aquí sólo es cara. Y es más importante comprar algunos alimentos orgánicos que otros (en general, cualquier cosa que no se pueda pelar se tiene que comprar orgánico).

Me di cuenta que cada uno de mis hijos tiene sólo un cerebro. Es por eso que tengo que buscar diferentes opciones hasta que las leyes cambien y haya menos químicos que amenacen a mis hijos. Quiero aumentar la probabilidad de que su crecimiento cerebral se maximice.

Espero que mientras más cerebro tengan, tendremos menos batallas por la tarea.

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Andrea hails from Mexico City and lives in the Mission where she works as a community interpreter. She has been involved with Mission Local since 2009 working as a translator and reporter.

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