Traducido por Andrea Valencia

La estatua acabada de pulir de Miguel Hidalgo, el padre del movimiento de la independencia mexicana, observaba a un pequeño grupo de residentes locales que se reunió el jueves pasado en el Parque Dolores para celebrar el bicentenario de México.

Cuando Hidalgo tocó la campana y dio el grito de la independencia de México de España el 15 de septiembre de 1810, es posible que los colonizadores españoles que habían fundado la Misión en 1776 y que todavía estaban aquí no sabían lo que estaba pasando, dijo el Profesor Abdiel Oñate, quien se especializa en historia de México en la Universidad Estatal de San Francisco.

Una vez que México salió victorioso en 1821, el país realizó varios intentos para asegurar un área con un gran territorio que se le había concedido por igual a ciudadanos mexicanos y angloamericanos.

“Era muy difícil hacer que la gente de México migrará formalmente a esta frontera. Parecía como si fuera casi el final de la civilización mexicana”, dijo el Profesor Chris O’Sullivan, quien estudia historia de California en la Universidad de San Francisco.

El gobierno en ciernes irrumpió en las tierras de la misión en espera de que pudiera integrar a los nativos que quedaban. Pero, dijo Oñate, “dichos territorios nunca estuvieron del todo transparentes en la mente de políticos y mexicanos en la parte central de México”.

La concesión del territorio y la desintegración del control de la Misión hizo que los rancheros acaudalados tomaran el mando de la economía local. “Era una sociedad agrícola de ranchos y grandes estados”, dijo Oñate. “No era un sistema democrático, era un sistema de hombres fuertes en los que los terratenientes dominaban”.

Un pequeño grupo se congregó el jueves por la mañana vistiendo ropas típicas para la celebración.

Dichos terratenientes Noe, Bernal, Valencia, De Haro y Guerrero, han prestado sus nombres a las calles de la Misión y los sub-distritos que una vez habitaron.

Aunque estos colonizadores se beneficiaron de los objetivos territoriales de los líderes mexicanos, se sentían ambivalentes en cuanto a mantener lazos políticos con el nuevo gobierno, dijo Oñate. “En aquellos años, había una guerra civil e inestabilidad en México. Ningún presidente duró más que algunos meses”.

Cuando la guerra mexico-estadounidense estalló en 1846, los Californios pelearon algunas batallas que sucedieron en territorio interno, pero muchos de los colonizadores se sentían cada vez más atraídos por la idea de una República de California independiente, la cual era en efecto, su país. Pero pronto, nada de eso importó.

La guerra terminó en febrero de 1848, unos días después de que se hubiera descubierto oro en el Fuerte Sutter. California estaba en camino prioritario para convertirse en estado, y el pertenecer al país estadounidense se convirtió en algo inevitable.

No todos los Californios regresaron a México. Los que se quedaron se convirtieron en los padres fundadores de California como estado, dijo O’Sullivan, incluyendo al Coronel mexicano Mariano Vallejo, quien ayudó a diseñar la primera constitución y fue elegido el primer senador estatal en 1850.

Tanto Oñate como O’Sullivan dijeron que la pérdida de California era una de las grandes tragedias en la historia de México.

La capitán Cindy Stowe saluda a la bandera estadounidense mientras Fabian Salazar observa la ceremonia envuelto en la bandera mexicana.

“Uno se queda helado ante las consecuencias que podrían haber tomado lugar si el oro se hubiera encontrado mientras México todavía tenía poder sobre California”, dijo O’Sullivan.

Pero los discursos de la semana pasada se centraron en el lado positivo del pasado compartido de México y California.

“Estamos aquí en el corazón de la presencia mexicana, el Parque Dolores, hogar de la Misión Dolores, la estatua de Miguel Hidalgo y la reproducción de la campana de la ciudad de Dolores, origen de la independencia mexicana”, dijo el Cónsul General Félix Corona, refiriéndose a las estatuas regaladas por el gobierno mexicano en 1962.

Javier Villagómez, de 85 años de edad, se mostró sereno mientras observaba las festividades con una satisfacción silenciosa. Nacido en México, Villagómez vino a la ciudad cuando tenía sólo 19. Cuando se le preguntó por qué se sintió obligado a asistir, contestó sencillamente “porque soy mexicano”. Crió a cuatro niños en San Francisco, y se alegró al decir que fueron a escuelas como Stanford y Harvard. “San Francisco ha sido muy bueno conmigo”, dijo Villagómez, “pero puedo ir a cualquier lugar en el mundo y mis raíces están arraigadas a ser mexicano”.

“Es un momento muy especial para mucha gente en nuestro distrito, para quienes son de origen mexicano”, dijo el Supervisor de San Francisco David Campos, “y queremos celebrar con ellos”. Blanca Córdoba, agente de bienes raíces quien trabaja en la Misión y es originalmente de Nicaragua, estuvo de acuerdo. “Hablamos el mismo idioma, sabe, somos iguales”, dijo Córdoba. “Todos estamos en este país, y este país se hizo para inmigrantes”.

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Christine Mai-Duc, a political reporter and foodie from Sacramento, got lost on her first walk through the Mission-not only in the barrio's backstreets but also in its cultural fabric. It landed her on the porch of those elusive Mission locals who know Philz- the man instead of just the coffee landmark.

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