Traducción de Neus Valencia y Elías Andraka

“¿A dónde en realidad va el papel?” Preguntó la mujer. “Lo que quiero decir es que estoy acostumbrada al correo electrónico, a cosas como esa”.

Ha llegado el momento de explicar cómo sucederá la intercomunicación cuando se caigan las redes inalámbricas. “El locutor principal se comunica por radio con otro operador que se encuentra en el otro lado de la ciudad”, dijo Denise, jefa del batallón de bomberos. “Y ese operador toma notas. Después, otra persona piensa en la forma de cómo hacerlo llegar a otra persona”.

“Por lo tanto, el papel original no llega a ningún lado”.

“No”.

“El recurso más escaso en cualquier desastre es la INFORMACIÓN”, dice el manual de capacitación para alumnos del Equipo de Respuesta a Urgencias del Barrio (o NERT por sus siglas en Inglés).

“Si uno no lo escribió, NO SUCEDIÓ”. Para entonces, a la clase se le instruye en el arte de las formas NERT: mensajes, evaluaciones de daños, registros de estados de incidente, registros de unidades y recursos de personal.

¡Papeleo! Se escuchan suspiros. Pero a medida de que llegan los mensaje entrantes (por ejemplo: un incendio en una casa ubicada en la esquina de las calles Buchanan y Hermann, o un vecino de la tercera edad en las calles de Hayes y Scott que ofrece suministros) los grupos se dispersan para investigar y el papeleo comienza a tomar forma: siempre y cuando uno no sea la persona encargada de hacerlo. “Cualquier persona que quiera este trabajo es bienvenido a hacerlo”, murmuró una mujer medio desanimada y marcando cajas con sujetapapeles.

Hay también una breve lección sobre lo que se debe hacer en caso de un ataque químico, biológico, radioactivo o nuclear: identificar los riesgos al buscar animales muertos o humo sospechoso; cortar la ropa de uno mismo con tijeras y bañarse con agua fría; sellar la habitación de seguridad designada en el hogar, hacer uso de la cinta adhesiva y el plástico que se ha cortado previamente para colocar en ventanas y puertas.

El comparar cada categoría de la capacitación NERT es como si fuera un sueño, algo irreal o antisocial. “Si hay un ataque terrorista”, dice Newman, “corra. No es un delito. Corra”.

Casi siempre, las ultimas dos clases NERT son para guiar a los alumnos sobre lo que deben hacer durante un desastre y para que cuando el momento llegue, lo hagan automáticamente. Precisamente por eso se apagan los medidores de gas y fingen que las víctimas están ensangrentadas y después se les hace triaje. También se apagan los incendios.

“¿Será algo tonto tener un acrónimo para algo tan sencillo como usar un extintor?” preguntó un bombero que estaba usando una bengala de luz para incendiar una piscina de combustible diesel para que los estudiantes que esperan su turno pudieran extinguirla. “Pero todo el tiempo nos topamos con incendios de rutina en hogares y encontramos extintores como estos, medio llenos y lejos de donde las llamas se están esparciendo. La gente olvida quitarle el seguro, entonces se queda doblado y atorado adentro”.

“¿Por qué revisamos los signos vitales de alguien antes de sacarlos de los escombros?” preguntó un bombero mientras un grupo se reunía alrededor de un muñeco de plástico que estaba enterrado bajo una pila de tablas. “Porque no queremos rescatar a un cadáver. No somos un equipo de recuperación de cuerpos”.

Una mujer asiática de mediana edad se arrodilla y se inclina hacia la cabeza de plástico del muñeco tal y como nos han enseñado a todos. Hace esto dos veces y después mira hacia arriba. “Está respirando”, dijo.

Un grupo comienza a quitar las tablas del muñeco y las apila de manera ordenada como si fuera un juego de Jenga, (mejor conocido como armado superpuesto) para que de esta forma se pueda levantar la tabla y se pueda sacar al muñeco. El bombero se baja hacia la tabla, la cual ahora un ángulo soporta gracias a una cuadrícula apilada de madera. Él brinca un poco sobre la tabla para probarla y dice “buen trabajo”.

“Ahora que los han liberado”, sigue diciendo el bombero, “tienen la ‘hora mágica’ para atenderlos. Tengan a la mano una cobija, una tabla que sirva como camilla antes de mover el cuerpo, una silla o cualquier otra cosa antes de mover a la persona para que así puedan llevarlos al área de triaje”.

Se detiene un momento y dice: “a menudo mueren después de haberlo rescatado. No es su culpa. Simplemente es algo que sucede -debido el efecto de la descompresión del peso por haber estado bajo los escombros. De cualquier forma, es mejor que uno sea rescatado a quedar atrapado entre los escombros”.

Se baja de la plataforma, el equipo reúne la madera y la acomodan en huacales. Otro aprendiz dobla el muñeco y lo guarda en su estuche de plástico. El bombero observa, aún pensativo.

“Asegúrense de inventar una palabra clave en caso de que necesiten salir del edificio rápidamente”, le explica otro bombero al equipo de triaje. “¿Quién está a cargo de la seguridad?”

Un hombre fornido con una playera polo levanta la mano. “Nuestra palabra clave es ‘¡corran!’”.  El grupo consigue atender a todos en el área de triaje de manera apropiada a excepción de un hombre quien estaba en la lista y necesitaba atención inmediata. “¿Por qué hicieron eso?” pregunta el bombero, una vez que se confirma que el hombre era capaz de responder a ordenes y que presentaba una respiración y un flujo sanguíneo normales.

“!Porque tiene un gran pedazo de vidrio en la frente!” dice el aprendiz indignado y señalando en dirección de la victima. En efecto parecía tener un pedazo de vidrio enterrado en la frente.

“No dejen que eso los distraiga”, dice el bombero. “!No dejen que las apariencias los distraigan! Además, pasaron por alto otra cosa. ¿Qué les faltó?”

“¿Las manos?” pregunta alguien mientras señala un par de manos de yeso que sobresalían de un rincón.

“¿Y qué significan las manos?”

“¿Que hay alguien por ahí corriendo sin manos?”

“Así es”, dice el bombero. “Alguien por aquí tiene una herida grave, tomen nota de eso”. El encargado de tomar notas en el equipo escribe “ manos perdidas”

“¿Nos llevamos las manos?” pregunta alguien.

“No, a menos que encontremos a la persona a la que pertenecen. De cualquier manera, en un desastre, es poco probable que alguien se dedique a colocar partes del cuerpo”. El grupo se veía desanimado con estas noticias.

Pensar en desastres reales en lugar de ficticios  conlleva cierta medida de seriedad.  Satisfechos de haberlo realizado correctamente nos proponemos dejar de lado los procedimientos y damos un paseo normal y sin formación en camino hacia el pastel de celebración y los sombreros que nos esperan en la sala contigua.