Traducción por Andrea Valencia

Dos muralistas importantes del Distrito de la Misión provenientes de diferentes generaciones platicaron el miércoles por la mañana y convirtieron un conflicto de murales en un nuevo proyecto de murales.

“Es un buen mensaje para los muchachos”, dijo Cuba entusiasmado sobre trabajar con Sirron Norris en un nuevo proyecto. “Es una situación en la que todos ganan”.

Norris añadió que “estoy emocionado de trabajar con ellos, quiero ver cómo va a resultar de manera pacífica y crear una hermosa paz de arte que sea un símbolo de la resolución del conflicto”.

Hace cinco años, Cuba, un muralista de 46 años de edad quien ha estado trabajando en la Misión desde principios de la época de 1980, pintó sobre un muro en las calles Bartlett y 22 con un mural titulado ‘Revolution’ el cual incluía retratos de gente joven sobre la calle Misión que los mostraba con sus puños en el aire. Norris recordó la imagen y la llamó una “escena estupenda de revolución”.

Hace dos años, un incendió quemó el muro, el cual también es la fachada oriente del Café Revolution, y Cuba junto con otro muralista, Dino, arreglaron el muro con su propio dinero.

Hace poco, el muro llamó la atención de un proyecto de recaudación de fondos programado para el 19 de junio para el Mercado de Comunidad de la Misión planeado para los jueves por las tardes. Cuba dijo que recordaba una petición de señalamientos para el nuevo mercado y lo apoyaba completamente.

Como parte de la recaudación de fondos, los organizadores decidieron poner un nuevo mural y André Larzul, el dueño del Café Revolution, ofreció el espacio en donde existía el mural de Cuba. Los organizadores del mercado se pusieron en contacto con Norris, cuyo trabajo se encuentra alrededor de la Misión en lugares como el callejón Clarion y en establecimientos como Jay’s Cheesesteaks.

Norris decidió hacer un nuevo mural para la comunidad con ayuda de jóvenes de la Misión en un proyecto en el que trabajarían en el día de la recaudación de fondos.

Norris asumió que el propietario le había informado a Cuba que su mural sería cubierto, lo que en general se considera una cortesía que el propietario le da al muralista. Sin embargo, cuando los pasantes cubrieron el mural el fin de semana pasado para preparar el nuevo, se hizo claro que no le habían avisado a nadie.

Larzul, el propietario, no respondió a correos electrónicos y no se encontraba en el café.

Cuba y sus colaboradores en el mural anterior se sintieron insultados. Tanto él como Eric Norberg, otro muralista mejor conocido como Spie, hablaron con los pasantes. Norris no se encontraba ahí en ese momento. A final de cuentas, alguien había rayado en el nuevo mural que estaba sin terminar las palabras “Destrucción de Cultura”.

Dicha acción causó enojo en Norris, quien ha vivido en San Francisco desde 1997 y ha trabajado con la comunidad casi desde entonces. Él también ha realizado un esfuerzo en especial para trabajar con niños del barrio y probar, como Cuba lo puso, que “rayar se puede convertir en una profesión”.

Norris intentó apuntar el número telefónico de los artistas y cuando lo hizo esta mañana rápidamente llamó a Cuba.

“Sirron obtuvo más de lo que estaba pidiendo (en términos de agresión) cuando en realidad fue invitado a pintar un mural y qué se supone que él deba hacer si le ofrecen un trabajo”, dijo Cuba y subrayó que obtener un mural para trabajo no es fácil y dijo que después de años de haber intentado, sólo hasta hace poco le dieron el muro del Banco Nacional de la Misión.

Norris le dijo a Cuba esta mañana que el mural sería “usado para todos nosotros y para que todos trabajemos juntos”. Norris dijo sobre Cuba que “sentí su energía y era positiva. He querido trabajar con él desde antes”.

Norberg, quien dijo que había pintado en las partes periféricas del mural anterior, dijo que el dueño del Café Revolution había fracasado en cumplir con una sencilla cortesía de atención hacia Cuba, el muralista original.

“Es un proceso de paso a paso”, dijo Norberg quien también enseña en la Escuela Preparatoria de Berkeley y ha hecho varios murales en la Misión. “Lo que hicieron estuvo mal. Hay un protocolo”.

Susan Kelk Cervantes, quien fundó el Centro de Artes Muralísticas Precita Eyes en 1977 y ha sido muralista por casi 40 años, estuvo de acuerdo.

“Si saben quién es el artista, es cortesía darle un aviso de 30 días de anticipación para que sepan que lo van a cubrir”, dijo y añadió que esto no es algo legalmente obligatorio, simplemente buenos modales en tanto a murales.

En casos en los que se usan fondos de la ciudad, dijo, a menudo hay un contrato que se firma entre el dueño y el artista conocido como la cláusula de destrucción y opción, la cual pide un aviso de 90 días.

En este caso, dijo Norberg, el mural tenía una importancia en particular para Cuba.

Hace dos años más o menos, Cuba fue puesto en una camilla en el hospital con una cadera fracturada cuando su mural original en Bartlett se incendió. En mala condición de salud, Cuba abandonó el hospital y junto con Dino, otro muralista, lo volvieron a hacer, dijo Norberg.

“Se subió en una escalera para arreglarlo”, dijo Norberg. Algo tan curativo no se debería haber quitado tan fácilmente, añadió.

El mural sobre el que se pintó tenía una imagen de un jefe indio americano nativo.

Cuba confirmó esta historia. “Fue el primer mural que hice después de haber estado en cama”, dijo. “El haberme levantado y haber pintado ‘Revolution’ significaba algo”, dijo y añadió que en ese momento estaba caminando con bastón, pero que subir y bajar de la escalera fortaleció su pierna. No había forma de que Norris hubiera sabido esa historia, dijo.

En efecto, cuando Norris escuchó sobre la conexión de Cuba con el mural, se sintió afligido.

No obstante, ambos muralistas estaban listos para superarlo y crear algo nuevo –y ambos sonaban felices de hacerlo juntos.

Aunque al menos una tragedia muralística se ha resuelto, hay otra que permanece siendo un problema a unas cuantas cuadras de distancia en las calles 24 y Capp. Cervantes volvió a atribuir esto a la situación de malos modales que existe ahí, sólo que esta vez, dijo ella, fue la culpa del artista.

Francisco “Twick” Aquino comenzó a pintar un nuevo mural sobre las calles 24 y Capp en el mes de enero y para marzo, no sólo cubría el ala norte de la calle 24, sino que cubría la esquina de la calle Capp.

El casero del edificio lo cubrió hasta la esquina, los grafiteros lo siguen rayando y por lo tanto es un círculo vicioso que continúa.

Cervantes dijo que el artista y el dueño necesitan hablar, pero también dijo que percibe al artista como una persona que podría ser eficiente en hacer las paces.

“Durante años y años, el propietario no quiso ningún mural ahí. Ahora lo ha tolerado hasta la esquina y una vez que se expanda no va a tener control y siento empatía por ella”, dijo Cervantes. “Uno quiere hacer que el dueño se sienta bien y que se sienta que tiene una voz”.

La solución de Cervantes: “El artista debe ofrecerse a limpiarlo y hacer una mezcla con el resto de la arquitectura del edificio”, dijo. Para darle un retoque –como un buen mural.