Cuando Mónica Ribeiro vio por primera vez a Juan, un exatleta indigente, lo primero que notó fue su perro. Ese día, mientras Mónica hacía sus mandados decidió llevarle un poco de comida a la mascota de Juan; al darle la comida para su mascota, Juan le pidió un favor porque ese día tenía dos entrevistas de trabajo. Le preguntó si estaba dispuesta a cuidar al perro mientras buscaba trabajo y Ribeiro aceptó.
Comenzaron a platicar y Ribeiro comenzó a conocer a Juan.
“Simplemente lo observé, sabes, la verdad es que vi cómo era”, dijo Ribeiro. Lo que vio fue un señor con un carrito muy bien organizado, buenos modales y un perro pequeño. Y lo que es más importante, vio a alguien relativamente limpio que “no estaba completamente desquiciado todavía”.
Mónica pensó en la recámara adicional que tenía vacía y entretuvo la idea de invitar no nada más al perrito, sino también a Juan.
Ribeiro lo platicó con su esposo. “Casi siempre tiene una buena intuición cuando se trata de personas”, dijo su esposo. “Creo que seguramente ve un poco de su hermano en él”. El hermano de Ribeiro es un músico talentoso que desde hace tiempo ha estado batallando para ser independiente y encontrar un trabajo estable. Además, Ribeiro ya había experimentado con el hospedaje altruista: una vez permitió que un pintor que le había estado haciendo trabajos se quedara en una recámara adicional cuando el pintor estuvo a punto de quedarse sin hogar. El señor aprovechó su tiempo, encontró otro trabajo y se mudó en pocos meses.
Además, dijo su esposo, “no me quita nada hacerlo. No hubiera querido que se viniera a vivir aquí, pero si puedo ayudar a alguien a que estar estable parece ser algo apropiado”.
Así que el esposo de Ribeiro acordó de nuevo a tener un invitado, y Juan se mudó a un cuarto en el que guardaban cosas en el primer piso de su casa de tres pisos, cerca de las calles 21 y South Van Ness. Juan tiene una ventana, un plato caliente y acceso a un baño.
La invitación fue el principio de una relación que le daría a Ribeiro la oportunidad de echar un vistazo a las políticas de la ciudad sobre indigencia y la mentalidad de al menos un hombre indigente. Aunque ella vive cerca de uno de los campamentos de indigentes de la calle Shotwell, su relación con los hombres y mujeres en las tiendas de campaña es mínima. A menudo, les regala algunas cosas pero muy rara vez platica con ellos.
Ribeiro no tiene una opinión sobre los campamentos, pero por su experiencia con Juan ha podido ver de primera mano lo difícil que es salir de las calles. En un mes de haberlo conocido, Mónica se convirtió en su benefactora al leer complicados documentos con él para intentar descifrar las solicitudes para pedir asistencia pública.
“Es muy complicado, y esperar que una persona que tiene hambre y no ha dormido pueda pasar por este proceso no es nada razonable”, dijo Ribeiro.
Tomemos como ejemplo el proceso de obtención de ayuda a través del programa del condado de ayuda para adultos, mejor conocido como CAAP (por sus siglas en inglés). Juan llenó una solicitud para pedir un subsidio de dinero en efectivo. La cantidad, dijo Pamela Tebo, directora de CAAP, se “determina a través de la ley local y estatal” y el fallo se puede apelar.
Juan solicitó un subsidio en efectivo a través del programa de servicios laborales del condado con ayuda personal y esperaba recibir $444 dólares, la ayuda máxima disponible a través de este subsidio. Sin embargo, Juan recibió $39.27
En parte, la discrepancia puede reflejar la confusión sobre la cantidad máxima. Los $444 son el valor máximo de la asistencia que el condado otorga, pero no es necesariamente la cantidad máxima en efectivo. Puede que incluya asistencia alimenticia y apoyo de alojamiento. Además, Juan accidentalmente acordó aceptar alojamiento durante su entrevista inicial, incluso cuando se estaba quedando con Ribeiro, lo cual pudo haber reducido la asistencia que recibió.
Jennifer Friedenbach, directora ejecutiva de la Coalición sobre Indigencia, declaró que el proceso está diseñado para evitar que la gente tenga un fácil acceso a la ayuda pública.
“Lo mismo pasa con la gente que está tratando de obtener ayuda por discapacidad, lo hacen muy complicado para que la gente se rinda”, dijo Friedenbach.
Existen cuatro programas a través del programa de ayuda del condado que brindan ayuda a los residentes más desamparados de San Francisco, y puede ser difícil para los clientes averiguar dónde hacer la solicitud, dijo Friedenbach.
Toda ayuda pública exige no nada más una identificación (existen programas públicos que pueden ayudarle a los clientes a obtenerlas), pero algunos piden estados de cuenta de banco y comprobante de ingresos. Dependiendo del programa, los clientes pueden pedir comprobante de trabajo o comprobante de que la persona está buscando trabajo, lo cual a menudo requiere bastante papeleo. Para asistencia a través de la porción de Ayuda General del CAAP, también se le puede pedir al solicitante que complete horas del programa de trabajo para desempleados.
Y lo que es más, la creciente frustración por los grupos de indigentes que frecuentan las calles Shotwell, Capp y Sevenson ha hecho que los esfuerzos por disminuir la indigencia compliquen cualquier proceso de solicitud que exista.
Cuando la policía multa a una persona indigente, las oportunidades de que esa persona pueda pagar la multa son muy escasas. El resultado es la acumulación de multas sin pagar, lo cual termina en una orden judicial que prohíbe que un cliente obtenga alojamiento, lo que por ende hace eficazmente que los indigentes permanezcan en las calles como resultado de haber estado en las calles.
“Nunca, nunca [la imposición de multas] ha hecho que la gente pueda salir de la indigencia”, dijo Friedenbach.
Con esa complicación de lado, Ribeiro sigue preocupada de que personas como Juan, que es capaz y que está motivado, a menudo pase inadvertido cuando las personas aún más necesitadas tienen prioridad. Aunque Juan no tiene más que educación de bachiller, ha tenido varios trabajos y está familiarizado con el proceso de solicitud de empleo.
Friedenbach está preocupada de que la atención a los programas públicos no está ayudándole a los indigentes a ser más autosuficientes.
“Algunas veces, le pueden ayudar con trabajos (como a través de la asistencia pública) pero honestamente, creo que hay muy poco énfasis en el empleo en San Francisco”, dijo. “Hay una pequeña cantidad de dinero que se gasta en eso y es una cantidad muy pequeña de programas”.
Desde el comienzo, fue bastante claro para Juan, Ribeiro y su esposo que el trabajo es el boleto para salir de esta situación. No obstante, obtener un trabajo es algo que se dice más fácil de lo que se hace. Para Juan, las promesas sin sustento y el orgullo han sido dos obstáculos difícil de superar, comentó Ribeiro.
Las ofertas de trabajo desaparecían cuando los gerentes que habían acordado una entrevista de repente no estaban disponibles o posponían las entrevistas indefinidamente.
“Él llegaba y nadie estaba ahí; llegaba y nadie estaba ahí… es mucho de lo mismo… parece que solo quieren que se rinda”, dijo Ribeiro.
Ribeiro, quien comenta no ser una liberal de hueso colorado, también se dio cuenta que Juan algunas veces puede ser su peor enemigo. Para su pesar, Juan es condescendiente con ella sobre su benevolencia e inteligencia “para una mujer”, y lee una y otra vez tomando nota de la Biblia en lugar de familiarizarse con la computadora que alguien le regalo; además, ha estado rechazando ofertas de cosas como redacción de résumés.
“Simple y sencillamente estoy muy frustrada”, dijo Ribeiro. “Juan no es arrogante, pero por su comportamiento veo que rechaza ayuda de algunas personas, tal vez piensa que él sabe lo que es mejor. Hubo alguien de la agencia de contratación, un editor… los rechazó a todos”.
Pero, tal vez la ayuda que ofrecían no era lo que Juan necesitaba. Muchos programas que ayudan a los marginados a encontrar trabajo le piden a los clientes que asistan a clases de redacción de résumés u otro tipo de clases de preparación, dijo Friedenbach.
“Algunas veces, la preparaciónn laboral es una fórmula que no necesariamente aplica para todo el mundo”, dijo. “Si está más avanzado, es posible que asistir a clases de preparación laboral no sea apropiado para usted. Pero, tiene que hacerlo durante dos semanas completas”.
Con o sin preparación laboral, después de semanas de frustración para Ribeiro, Juan tuvo suerte al encontrar un trabajo como lavaplatos en un restaurante en SoMa. Además, se las arregló para ajustar su información con el programa de ayuda del condado, lo que aumentó el subsidio de dinero en efectivo a lo que Ribeiro calcula que es aproximadamente $300.
Ribeiro y su esposo esperan que pronto, así como el pintor al que ayudaron, Juan tenga suficiente dinero como para encontrar su propio departamento. Inquieta por el hecho de que Juan parece creer que ahora son amigos y se quede más de lo permitido, le dijeron a Juan que tiene hasta Febrero para quedarse.
“Creo que ella se da cuenta que él así es”, dijo el esposo de Ribeiro, en referencia al invitado anterior. “Todo lo que necesitó fue suficiente tiempo como para encontrar un nuevo lugar y ahorrar un poco de dinero. Ella cree que puede volver a suceder”.
Parece ser que así sucederá.
Los nombres de Juan (quien se negó a ser entrevistado para este artículo) y Mónica han sido cambiados para proteger su privacidad.



