Durante casi veinte años mientras administraba el Café Que Tal, en el 1005 de la calle Guerrero, cerca de la calle 22 Elena Jurado, de 54 , vio a familias crecer, gente escribir libros y negocios abrir. Una persona en Yelp resumió la atmósfera del lugar como “pasé casi todo el verano de 2000 en Que Tal estudiando para el examen de abogados de California”.
Jurado estuvo de acuerdo. “La gente nos traía copias de sus libros, de sus tesis de doctorado y cosas así”, dijo. “Se hizo mucho trabajo aquí”.
Después de haber pasado algunos años sin un contrato arrendatario, Jurado recibió una oferta de casi el doble de los $3,300 al mes que estaba pagando por el local de 900 pies cuadrados con un escaparate. No pudo ver cómo el negocio, que batalló desde la recesión, cubriría dicha suma y por lo tanto decidió cerrar el café el viernes pasado.
“Si vende un plato de comida a $35 al menos tiene una oportunidad”, dijo. “Si vende café de $2 y bagels de $2 dólares, simplemente no funciona”.
Su historia no es inusual. A medida de que el boom de restaurantes en San Francisco crece, algunos caseros están tratando de sacar provecho de la alta demanda de espacio comercial en la Misión. El año pasado, Eduardo Reyes cerró Acaxutla en la calle Misión después de no haber podido negociar un nuevo contrato arrendatario con su casero.
El casero de Jurado, Luisa Hanson, una restaurantera que hace poco salió de bancarrota del Capítulo 11 de la ley de Bancarrota, está ejerciendo su derecho de obtener el valor del mercado por su espacio, dijo su abogado.
“La renta que estaba pagando hace dos o tres años ahora está debajo del mercado para esa área”, dijo Edward Higginbotham, quien es abogado”. “Es un área de moda”.
Hanson, quien ha lidiado con amargas clausuras como la del John Barleycorn Pub en Nob Hill, no respondió a llamadas en busca de comentario. En el caso del Barleycorn Pub, Hanson se negó a renovar el contrato arrendatario del querido pub en 2007. Hanson compró el edificio un año antes. El bar cerró aunque no antes de que más de 4,000 clientes firmaran una petición que le pedía a Hanson renovar el contrato arrendatario, de acuerdo con informes de prensa.
“Seguramente la situación de John Barleycorn en retrospectiva podría haberse manejado con un poco más de cuidado y sensibilidad”, dijo Higgenbotham. “Creemos que la situación es diferente”.
Jurado, una inmigrante de Venezuela, decidió arriesgarse en una ciudad nueva y abrió su café en 1994, casi inmediatamente después de haber llegado a San Francisco desde Santa Bárbara, en donde administraba una cafetería.
“Un amigo mío vio la ubicación en la Misión y estaba muy seguro de que se convertiría en una gran área”, dijo. “Y fuimos y vimos el espacio y nos lo aventamos”.
Jerry Lopez, quien ha estado viviendo en la cuadra desde hace 35 años, recuerda el café como el único negocio ahí que sobrevivió varios años. Cuatro de los cinco escaparates adyacentes en la misma propiedad estuvieron vacíos durante años antes de que tres restaurantes abrieran en los últimos diez años. Esto cambió la cuadra con la actividad nocturna y eso ayudó a limpiar el barrio, explicó.
“Fue triste verlo ir”, dijo López del Que Tal. “En especial porque tenían una buena taza de café”.
Mientras tanto, Jurado se siente feliz de haber visto que sus vecinos criaron familias y espera dedicarse a trabajar en hacer más traducciones; seguramente se mudará de la ciudad a un lugar más asequible.
“Desarrollamos relaciones muy fuertes, sabemos el nombre de cada cliente, el nombre de sus hijos”, dijo. “Tuvimos una historia con ellos y los vimos crecer”.

