De repente, los iPhones, las computadoras portátiles y las tabletas cuyos clics, ruidos y brillo se pueden apreciar en las cafeterías de la Misión se ha vuelto un recordatorio de las malas prácticas laborales. Hoy día, los usuarios de la Misión luchan con un nuevo dilema: qué hacer al respecto.

Sí, la mayoría sabía que sus apreciados artefactos se producían en China, en donde las prácticas laborales son deficientes; sin embargo, un reportaje de hace poco en This American Life y una serie en el New York Times no dejado duda alguna.

“Muchos de los bienes que portamos están hechos en China en condiciones que en nuestro país consideramos inaceptables”, dijo Adrienne St. Aubin, quien trabaja en la industria tecnológica. “Soy una admiradora de la innovación e incluso así hay aspectos que nos preocupan”.

St. Aubin ve un potencial en lo que el consumidor puede hacer. “Necesita estar organizado, pero es posible hacer un boicot para decidir no comprar dispositivos eléctricos durante un mes para llamar la atención. Veo una posible voluntad de hacer eso”.

Algunos usuarios ya se han registrado en campañas en Change.org o SumOfUs, informó el San Francisco Chronicle, y está claro que en la Misión, en donde el amor a la tecnología y las preocupaciones por la sustentabilidad convergen, dicha conversación ya ha comenzado.

“Es difícil”, dijo Sergio Flores afuera de Four Barrel Coffee. “La producción aquí es más cara”.

Jon Riner, quien estaba cerca de ahí, agregó que “si no se producen en un buen medio ambiente laboral, es obvio que no lo voy a aceptar, pero…” es una oración que a menudo no terminan. Entonces, ¿existen opciones?

Después de haber sido entrevistado por un periodista adentro de Four Barrel, Drake Beaton, empleado en SFO, acudió a sus compañeras Nicole Beach y Emily Erb. ¿Estarían ellas dispuestas a pagar más por una tecnología de comercio justo?

“Yo sí”, dijo Erb, quien explicó que le gustaría ver trabajos de manufactura otra vez en los Estados Unidos. “Pero en San Francisco vivimos en una ciudad muy conciente”, dijo al indicar que en otras partes, puede ser difícil de aceptar.

Beaton fue directo al grano sobre cómo las prácticas laborales pueden haber cambiado. “Los consumidores hablan por medio de los dólares”.

A algunas mesas de distancia, Josey Baker cuestionó la excusa altamente aceptada del alto costo. “Apple gana mucho dinero. Tal vez esa riqueza se podría distribuir mejor”.

La conversación en la comunidad tecnológica, dijo Jocelyn Boreta, directora del programa de comercio justo de la organización de derechos humanos Global Exchange, es un gran paso.

“Esas grandes compañías reconocen que tienen negocio porque sus clientes están detrás de su producto”, dijo Boreta. Los clientes, dijo ella, nunca respaldarían a compañías si supieran de las condiciones en las fábricas en el exterior.

Para cambiar la forma en que se trata a los empleados de Apple, agregó, “la compañía debería ver una disminución en la ganancia”.

En Ritual, Ana Zacapa cree que poner atención a las prácticas laborales le ayudaría a Apple. “A corto plazo puede ser más barato producir en malas condiciones laborales, pero a la larga las compañías que integran la sustentabilidad serán más exitosas”, dijo.

Aunque la atención ha estado en Apple, en parte debido a las inauditas ventas de iPads y iPhones, nadie cree que Apple es el único problema. Sin embargo, debido a su fuerza en la industria, Apple puede ser el líder en el cambio, opinaron los usuarios de la Misión.

“Tal vez toda esta cosa con Apple pueda ofrecer transparencia”, dijo St. Aubin.

Amy Tucker propuso una regulación más rígida. “Los consumidores pueden ayudar a concientizar, pero es entonces cuando una persona en una compañía toma una sola decisión”.

Boreta dijo que las campañas de consumidores han tenido éxito en el pasado. Boreta trabajó en una demanda de 2003 que tenía como objetivo al fabricante de ropa Levi Strauss. En los 90, Levi Strauss era conocido como una marca estadounidense. “Con la bandera estadounidense izada en lo alto”, dijo Boreta, “se basaban en lo ‘hecho en EE.UU’ y con un concepto laboral único”.

La verdad era lo opuesto a eso. Aunque las fábricas de Levi Strauss estaban en Saipan, una isla territorial de los EE.UU en las Marianas del Norte, los trabajadores de la fábrica de Saipan recibían un pago de la mitad del salario mínimo que la ley estadounidense exige. En 2004, Boreta ayudó a saldar la demanda de Saipan en contra de Levi Strauss al asegurarse de que los trabajadores de Saipan fueran tratados con dignidad. Hasta 2009, los fabricantes de ropa como The Gap, Nike y Walmart también tenían fábricas en Saipan.

Hace poco, la Campaña de Ropa Limpia (Clean Clothes Campaign, en inglés), una organización dedicada a mejorar las condiciones laborales en la industria de la ropa, fue eficiente en hacer que Tommy Hilfiger hiciera cambios en las prácticas laborales de sus proveedores. La campaña terminó con la prohibición a sindicatos de comercio en Indonesia y los trabajadores que habían sido despedidos de las fábricas se volvieron a contratar, según el informe anual de 2010 del grupo.

Los ejemplos como éste muestran un avance en la industria de ropa y textiles, pero Boreta advirtió que cualquier campaña del consumidor debe ser escéptico ante las afirmaciones de una compañía. “Creo que han sido eficientes en crear una concientización entre los consumidores”, dijo Boreta en referencia a las campañas. “Pero es controversial decir que han sido eficientes en cambiar las políticas laborales de la compañía”.

“Las compañías más grandes tienen los fondos para crear una estrategia de mercadotecnia para realmente mejorar [la idea del cambio] sin en realidad hacer algún cambio que vaya a afectar al trabajador”, dijo. “Es muy fácil torcer los ajustes en la mano de obra y hacer que sea una imagen muy colorida de que se atienen a las normas laborales”.

Andrea hails from Mexico City and lives in the Mission where she works as a community interpreter. She has been involved with Mission Local since 2009 working as a translator and reporter.

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