Traducción de Andrea Valencia

Los partidarios de la proposición 8 se las arreglaron para silenciar las campanas nupciales de esta semana cuando el Noveno Tribunal de Circuito de Apelaciones de los Estados Unidos acordó el día lunes a la petición de suspender el fallo del 4 de agosto del Presidente del Tribunal de los Estados Unidos Vaughn Walker.

El fallo de Walker hubiera permitido la celebración de bodas para el día miércoles. Ahora se han pospuesto para finales de fin de año. El residente de la Misión Danny Della Lana quien dos veces ha tenido que posponer su boda debido a las rotaciones de votación en el tribunal, ya había decido esperar y escribe aquí sobre su decisión.

Nunca planee casarme en la próxima semana. Tampoco mi novio.

La verdad es que ya nos habíamos casado –dos veces-.

La primera vez fue en Hawai con un juez y un músico/bailarina de hula con cruda que apestaba a cerveza rancia y a cigarros. Esto fue hace más de 12 años cuando era la época de esperanza en la que pensábamos que los matrimonios hawaianos entre parejas del mismo sexo en realidad podrían tener un apoyo legal.

Boda número uno: esperanza en Hawai

Pero eso no se trato de una unión legal. En lugar de eso, fue un paso –un gran paso- para mi compañero Steve y para mí porque declaramos nuestro compromiso. También tuvo un efecto inesperado en la aceptación de mi familia hacia Steve. Mi padre quien es un científico de cohetes me llamó por teléfono para decirme que habían cancelado su viaje a la Playa Cocoa en donde verían el lanzamiento del cohete espacial para poder ir a nuestra ceremonia. Me sentí halagado y hasta emocionado, y me hubiera sentido muy mal decirle a él y a mi mamá que no estaban invitados. Esta es la razón: nuestra intención era declarar nuestro compromiso el uno por el otro y queríamos hacerlo de manera privada. Recordando todo lo que paso, creo que la homofobia interna puede haber jugado un papel. Tal vez no sentíamos que valía la pena su asistencia. En realidad, recuerdo dicha decisión con una pequeña cantidad de remordimiento.

Bueno, pasemos al día sábado 14 de febrero de 2004. Nuestros amigos David y Boone nos llamaron por teléfono para decirnos que estaban formados para casarse. Nos preguntaron si queríamos ir a celebrar con ellos. Íbamos en camino a Macy’s de cualquier forma y el Ayuntamiento estaba de camino. ¿Por qué no?

Cuando llegamos estaban en fila -¡a cinco pies de distancia de la puerta!

No lo habíamos planeado pero nos volteamos a ver y pensamos “¡Vamos a casarnos!” Llamamos por teléfono a nuestros padres y les dijimos que íbamos a cometer “desobediencia civil”.

Inmediatamente, mi papá me preguntó si nos íbamos a casar. Dije que sí y él pidió hablar con Steve para felicitarlo. Después de haberle dicho a nuestros padres comenzamos a marcar en un frenesí a nuestros amigos que podrían ir a la ceremonia, que sucedería en una hora. Por suerte, dos de nuestros más cercanos amigos contestaron la llamada y vinieron. (Unas horas más tarde sentimos remordimiento –no por casarnos, ¡sino por habernos metido en la fila! Como castigo, Steve y yo condujimos esa misma noche de regreso al Ayuntamiento con cajas de agua y galletas para dárselas a aquéllos que estaban formados para poder casarse al día siguiente).

Meses después, un juez anuló nuestro matrimonio y las 4,000 otras bodas que se realizaron.

En retrospectiva, se sintió como un matrimonio a la fuerza. Y es por eso que no lo voy a volver a hacer.

No es que estemos esperando a que suceda algo mejor. Hemos estado juntos por 15 años y ninguno de los dos se quiere separar. Más bien, queremos tener un control en la forma en que nos casamos. (Y escribir nuestra propuesta para la sección de Bodas y Celebraciones del New York Times).

Cuando el matrimonio de parejas del mismo sexo es legal de manera permanente, Steve y yo no vamos a querer una ceremonia civil sino una BODA –un evento en grande y con nuestras familias y amigos, y no una lista parcial y desorganizada de aquéllos que pueden ir o que viven cerca de donde nos estamos casando.

Además de tener el derecho legal para casarnos debe haber una dignidad social para celebrar este maravilloso rito con quien sea que uno escoja, en el momento en que uno escoja. De cualquier otra forma se siente como un evento de baja autoestima al que asistieron todos los de la lista aparte y aquéllos que no estaban ocupados en el momento –y no es que nadie en ninguna de mis bodas hubiera estado en una lista aparte. Aún así, la prisa hizo que fuera algo poco convincente y poco digno. Después de todo, ¿cuántos regalos de bodas han dado nuestras comunidades con el paso de los años? ¡Por fin es hora de venganza!

La familia: el autor, su hijo Robert y su compañero Steve Hall.

Mientras tanto, hemos puesto nuestra propiedad en totalidad en un fideicomiso irrevocable que nos da muchos de los mismo derechos y responsabilidades que un matrimonio. Todo lo que debemos y hemos recaudado, desde nuestro auto hasta nuestro hijo, lo compartimos. Eso nos hace valer mucho más muertos que vivos, y es por eso que no nos metimos en esto a la ligera.

Cuando suceda, la tercera vez será la vencida y sucederá de verdad. Puedo esperar otro o cinco años más para que el resto del país se ponga al corriente con nosotros. Va a suceder, y aquéllos que intenten postergarlo están haciendo que nuestra especie no pueda evolucionar.

Así que, Steve ¿te casarías conmigo –otra vez- en cinco años?

Andrea hails from Mexico City and lives in the Mission where she works as a community interpreter. She has been involved with Mission Local since 2009 working as a translator and reporter.

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