Estaba oscuro y hacía frío en la calle Bartlett la pasada noche de domingo, pero aún así había ruido en la calle. La canción “I’ll Be Missing You” de Puff Daddy se escuchaba desde un auto estacionado, todas las puertas del coche abiertas a la escena de adultos, muchos con ropa de los 49ers de San Francisco mientras lloraban, se abrazaban y congregaban. Los niños pequeños se agachaban para prender velas en una ofrenda temporal donde casi una semana antes la policía encontró a Maurice White, de 28 años de edad, muerto a balazos por la espalda y el cuello.
Dos días después, Vincent Jacobo, de 56 años de edad, quien era el compañero de piso de la víctima, se declaró no culpable de asesinato y regresará al tribunal en noviembre. Jacobo está detenido sin fianza en la cárcel del condado número cuatro en el 850 de la calle Bryant y se negó a ser entrevistado para este artículo.
De acuerdo con documentos judiciales, la madre de Jacobo es Maria Herrera, la abuela de White. Maria Herrera negó que Jacobo fuera su hijo al decir que “Vincent solía llamarme “mamá”, pero todos los muchachos que vienen aquí me dicen así”, y agregó que no sabe por qué Jacobo la puso como su madre en los registros oficiales.
El hijo de Maria Herrera, Isidor Herrera, también vive en el 1130 de la calle Valencia y también aparecía enlistado en documentos judiciales como el hermano de Jacobo.
“No tenía un lugar donde quedarse, no tenía familia”, dijo Maria Herrera al explicar por qué Jacobo vivía en el 1130 de la calle Valencia con ella y su familia. “No tiene sentido… él ayudaba en la casa”.
Herrera cree que Jacobo debe haberle pedido ayuda a su nieto la noche en que fue asesinado porque White no se hubiera ido de la casa a la hora en que se fue a menos de que alguien le hubiera pedido ayuda. Maria no cree que Jacobo necesitaba ayuda en realidad. “No, creo que fue premeditado”, dijo.
“Maurice siempre ayudaba a la gente en el barrio. Ese es el tipo de muchacho que era”, dijo.
Maria Herrera dijo que Jacobo, a quien a menudo se refiere como Vince, solía llamar a White “Jr” o “Bro”.
No obstante, el domingo pasado fue Maurice White quien estaba en los pensamientos de alrededor de 60 amistades y familiares que se reunieron en la vigilia informal a luz de vela. Muchos de los asistentes a la vigilia quisieron compartir sus recuerdos.
“Mi hijo era querido. Era verdaderamente querido”, dijo Elizabeth Herrera, madre de White. “Lo puede ver por toda la gente aquí. Incluso sus profesores vinieron”.
White asistió a la escuela Galileo Academy of Science & Technology, en donde era conocido por su atletismo. White jugó fútbol americano universitario como alumno de segundo año, y también jugó basquetbol, béisbol, fútbol, lucha, dijo su madre con orgullo.
“Los deportes hicieron que mis hijos no estuvieran en las calles”, dijo.
No obstante, una vez que dejó la preparatoria la vida de White se hizo más difícil. Los registros judiciales muestran varios encuentros con la policía, y por lo menos una condena por sustancias controladas a finales de 2011. Su abuela dijo que White pasó un mes o dos en la cárcel en algún momento, pero no pudo recordar cuándo o por qué.
Maria Herrera dijo que White trabajó después de la preparatoria como un guardia de seguridad pero que también tenía antecedentes por “cosas tontas”.
En la vigilia, las amistades y familiares de White se centraron en los buenos tiempos y lo que hacía que fuera especial.
Johnny Herrera, el primer primo de White, dijo que White era más como un hermano para él que un primo. Herrera, algunos años más joven que White pasó un año más o menos con White en Galileo, donde lucharon y jugaron béisbol juntos.
“Estaba con él en este barrio todos los días”, dijo Johnny Herrera. “Tenía carisma. Nunca se le olvidará”.
El sobrino de White, quien alguna vez vivió con White, declaró que su tío siempre estaba tratando de ayudarlo a que fuera un persona mejor.
“Siempre me dijo que nunca renunciara a algo”, dijo su sobrino.
Muchos hablaron del altruismo de White y su amable corazón. Cuando una amistad de la familia, la hija de Marcella Flores recibió un disparo afuera de su casa en la calle Keith y la avenida Shafter en el Bayview hace un año, White le ayudó a volver a caminar.
Flores dijo que White había recibido un disparo en el estómago algunos años antes y supo cómo ayudar a su hija.
“Él ayudaba a todos”, dijo Flores. “Él acompañaba a la gente que estaba en la calle a su casa y que parecían que necesitaban ayuda. No veo cómo es que esto le pudo haber pasado a él porque él no guardaba rencor”.
Maria Herrera le dijo a Mission Local anteriormente que White y Jacobo no siempre se llevaron bien. Solo unos meses antes, los dos se pelearon y White lo golpeó, dijo ella. Nueve días después, explicó que se había referido a la pelea que sucedió hace algunos meses. Herrera recuerda que Jacobo había tratado de jugar con su bisnieta, Jada, pero que la familia la conoce como Bobo, mientras que la niña de tres años estaba claramente agitada.
“Vincent la levantó ese día e intentó darle vueltas, pero ella estaba gritando, y Maurice salió y le dijo “no la agarres, no se está riendo”, pero Vincent volvió a darle vueltas y así comenzó la pelea”, recordó. Desde esa pelea, Maria no escuchó de ningún otro conflicto entre ellos.
Jacobo tuvo varios encuentros con la ley.
Alrededor de los 19 años de edad, fue condenado por asesinato en 1976. El fiscal Scot Clark dijo esto ante el juez durante la primera comparecencia judicial de Jacobo por el asesinato de White el 17 de octubre, de acuerdo con el periódico San Francisco Appeal. No está claro cuánto tiempo pasó en prisión. Mientras se le imputaron otras acusaciones, el Departamento de California de Correcciones y Rehabilitación se negó a dar cualquier tipo de información sobre qué acusaciones terminaron en condenas porque Jacobo está actualmente bajo investigación por un nuevo delito.
Jacobo fue detenido el lunes el mismo día de la balacera mientras caminaba en la calle Valencia entre las calles 22 y 23. Jacobo estaba en la cuadra en donde vivía con su sobrino así como con su madre —quien también es la abuela de su sobrino— en el segundo piso del 1130 de la calle Valencia.
Mientras la canción que se escuchaba en la calle Bartlett cambiaba a rap y más gente llegaba a la calle, los familiares y amistades comenzaron a compartir detalles de la vida de White.
Fredo Flores, primo de White, dijo que si pudiera volver a ver a White una vez más, le diría que “te hice un infierno por no poder desarmar la puerta del abuelo, pero sé que tienes el pecho más fuerte que nunca antes haya visto. Te amo, primo”.
Otis Herrera, hermano de White, se sostenía de Hudari Murray, la entrenadora de fútbol americano de White en Galileo, y lloraba en su hombro.
Tomó un respiro profundo, vio a Murray, todavía abrazado y le dijo: “estoy listo”.
“No cabe duda de que era un rey entre reyes, en la comunidad, en el campo de fútbol americano, en todos lados”, dijo Otis Herrera.
Murray agregó que “como alumno de décimo grado, era uno de los mejores que nunca antes haya visto en Galileo… es difícil ver a muchachos que veo como mis propios hijos, a quienes les enseño lecciones de vida que se vayan antes de mí”, dijo Murray con los ojos llenos de lágrimas.
Algunos recuerdan a White como alguien que ayudaba a otros en la Misión.
“Si necesitabas ayuda cargando tus víveres, o si necesitabas cualquier cosa de la calle Misión, él era el que iba”, dijo el hermano de White.
Otis Herrera entonces comenzó a recordar la sonrisa de su hermano. Murray lo abrazó más cerca.
“Quiero que su hermano recuerde esa sonrisa. Podría llenar un cuarto con esa sonrisa”, dijo Murray.
José Valle, cantinero de Cava 22, un bar en las calles 22 y Bartlett publicó una fotografía de White con una corona enfrente de su puerta, también habló de la sonrisa de White.
“Siempre estuvo alrededor de mí. Agarraba un trago y venía a saludar”, dijo Valle. “Siempre estaba bromeando con la gente, siempre contando historias”.
Valle se negó a compartir algunas de esas historias al describirlas como demasiado inapropiadas.
Otros en la vigilia también lo recuerdan como la vida de la fiesta.
“No importaba si eras negro, blanco o lo que fuera”, dijo un asistente. “Para el final de la fiesta, Maurice tenía a todos hablando”.
Los amigos de White estaban actualmente colaborando para el financiamiento del funeral de White en www.youcaring.com. Con ocho días restantes, los organizadores enlistados como “Johanna and Friends” habían recaudado $3,583. Su objetivo era de $5,000.
Muchos de los que asistieron a la vigilia en la calle Bartlett planean asistir a todos los procedimientos judiciales de Jacobo.
“Voy a ir a todo”, dijo Elizabeth Herrera mientras amistades asentían con la cabeza.
Jacobo regresará a juicio el cuatro de noviembre en el Departamento nueve a las nueve de la mañana.
Rigoberto Hernandez colaboró con reportaje adicional.

