George Lipp ha estado yendo a Philz desde el 2006. Estas piezas fueron escritas entre 2006 y 2009.

Bueno, a las 10 de la mañana fui a Philz por mi taza de café mezcla especial Tesora. Tomé una precaución demás, ya que el día anterior se me había caído cuando intenté poner la tapa protectora del vaso en el baño. No nada más había perdido mi café y los tres dólares que costó, sino que iba a tener que padecer la salvaje especulación de los trabajadores al analizar el desorden. Ni siquiera en el español de Hugo Chávez se podría explicar la gran mancha en el excusado y el fuerte aroma a café recién hecho.

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Philz estaba lleno de bomberos. En estos días o se toman su descanso a las 10 a.m., o Philz es el nuevo cuartel para el Engine 7. Apuesto a que es esto último.

Un muchacho y su novia llegan y salen en lo que yo llamo un atuendo “refugio chic ” … y yo debería saberlo. El muchacho traía una barba de candado desaliñada. Ya sabe, del tipo en el que cada pelo tiene vida propia. Sus gafas se veían como lentes de laboratorio, con todo y la protección lateral. Se veían como si hubieran pasado por una parranda o dos. La muchacha estaba cubierta en andrajos. Bueno, la primera regla del refugio chic es estar limpio. Todo tiene que estar lavado pero se debe ver como si la lavada haya sido lo último que podría aguantar la fibra.

“Me mudé a San Diego”, dijo la muchacha. “Así que Phil, ¿cuándo vas a abrir en San Diego?”

Phil, quien porta su conocido sombrero, hizo su conocida movida de echar los brazos para el frente con las manos juntas y los dedos entrelazados.

“Compra un lugar y nos asociamos. Haremos algún nuevo tipo de negocio empresarial”.

Un negocio empresarial, un negocio empresarial, ¿de qué, en el nombre de Dios, está hablando? ¿Cómo es que se pueden concesionar las luces de Navidad del baño unisex? Por cierto chicas, este es un lugar donde todos están de pie.

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Hay una barista que siempre me saluda con uno de esos guiños “sólo entre nosotros dos”. El problema es que saluda a todos así. Uno de los bomberos se inclina por encima del mostrador para hablar con ella.

Mientras trato de parecer que estoy leyendo un artículo de noticias sobre Philz pegado debajo del mostrador de vidrio, me inclino hacia la conversación de “entre sólo nosotros dos”.

“Sí, estoy casada”, dijo la barista. “Ya sabes, estaba en México, me puse bien borracha y me casé. Ya sabes, es para siempre”.

El bombero con la cabeza afeitada se fue para atrás como un incendio de categoría 4.

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Bueno, no pude más y me fui por un café a Philz… y, ya saben, ya casi se me había olvidado qué es lo que me gusta del lugar. Para empezar, está claro que no es la taza de café a $3.25 sino la gente.

Cuando entré había un tipo con un perro. No estoy seguro de cuál era más extraño. Empecemos con el perro. Tenía rayas como si se las hubieran pintado. Tenía una oreja parada y la otra doblada. Y digo parada, pero no como si estuviera escuchando algo. Creo que su antena derecha siempre estaba así. “No importa”, decía su cara.

El dueño era joven pero vividito. Vestía un sombrero de cuero que era una mezcla elegante de una gorra de aviador de la primera guerra mundial y el sombrero de un pastor mongol. Espero que lo haya hecho él porque no me puedo imaginar a nadie en el planeta que use uno. Tan extraños como eran los dos, se complementaban con gracia.

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Pedí lo de siempre, un Tesora grande, sin menta, sin espacio para crema, leche, 2%, sin grasa, soya o nada. “Aquí tiene, pruébelo… ¿está perfecto?” preguntó la barista.

Fue entonces cuando un torbellino de muchacho entró. Se fue directo detrás del mostrador, se hizo una taza de café, agarró un cuernito del mostrador y salió por la puerta de enfrente. La muchacha que estaba tomando mi orden sonrió y dijo “¿qué fue eso?”

Las otras dos chicas dijeron, “sí, creo que es amigo de Phil”. La otra agregó que “acabo de llamar a Phil por si acaso”.

“Ya sabe, no sabía si tenía que detenerlo o qué”, dijo la cajera.

A lo que el barista agregó “no hubiera intentado detenerlo aunque se estuviera robando mis cosas”.

“¿Le puedo ayudar a alguien?” preguntó el barista y el lugar regresó a la normalidad.

“¿Qué es lo más fuerte que tienen? Qué noche”, dijo una muchacha que portaba una sudadera andrajosa con lo que parecía ser un logo de Hello Kitty, excepto que la carita regordeta era esquelética.

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Una muchacha muy guapa llegó con su atuendo usual de refugio chic pero con accesorios que parecían ser un cinturón de pistola con todo y los hoyitos para los cartuchos. En lugar de una Smith and Wesson traía un iPhone. Esto no era una adaptación artística. El cinturón estaba diseñado para sostener el teléfono.

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Andrea hails from Mexico City and lives in the Mission where she works as a community interpreter. She has been involved with Mission Local since 2009 working as a translator and reporter.

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