Es el lugar perfecto para proyectar películas alternativas y eso es lo que la organización sin fines de lucro ha estado haciendo en la calle Valencia esquina con la calle 21 desde 1986 –una época en la que la gente venía a Valencia por los espectáculos de punk clandestinos y no por la comida gourmet.
En la actualidad, los muros del lugar que han recibido alabanzas de usuarios en Yelp (“¡Cine! ¡Música! ¡Arte! Este espacio ofrece una mezcolanza de diversión de medios masivos”) están en blanco a la espera de que el equipo de voluntarios de ATA cubran los muros con pinturas que se venderán en una subasta a fines de mes para impulsar las finanzas de la organización.
El evento titulado fun raiser (un juego de palabras en Inglés para fundraiser) del 29 de enero sucedió en una época en la que la renta de ATA ha estado subiendo –se ha más que duplicado desde 2008- y la organización sin fines de lucro está buscando una alternativa para recaudar dinero, dijo Isabel Fondevilla, voluntaria desde hace tiempo y quien tiene el puesto de tesorera en la junta de directores.
Fondevilla dijo que la organización se encuentra en charlas con el casero para negociar un contrato de arrendamiento a largo plazo, pero el aumento en la renta hace que sea difícil mantener el lugar”.
“Estamos sobreviviendo”, dijo.
Sobrevivir es algo en lo que ATA es bueno haciendo. Mucho antes de que Valencia se convirtiera un lugar para bicicletas, consumidores urbanos y restaurantes como destino, ATA estuvo entonces adelantado a su época. Hoy día, el grupo de renegados se ha convertido en algo como una institución aunque una financieramente precaria.
Los pósters y fotografías del pasado de ATA se consideran parte de la historia, y están expuestos en Radical Light –una exposición sobre cine y video alternativo en San Francisco en el Museo de Arte de Berkeley en la Universidad de California y en el Archivo de Cine del Pacífico.
Sin embargo, la organización todavía posee su importancia con exposiciones artísticas, performances y escaparates con curaduría como el de la instalación del domingo en escaparates que presentó a dos mujeres meditando.
Fundado por primera vez en un almacén/departamento para solteros en SoMa por John Martín y Marshall Weber, estudiantes en el Instituto de Arte de San Francisco, en 1984, ATA se mudó dos años más tarde a la Misión después de que un incendio hubiera destruido el lugar. (La página en línea sobre la historia culpa a los caros vestuarios de poliéster de Marshall por haber sido la causa del incendio).
Además del alcohol y las drogas reconocidas en la crónica de la historia sobre la fundación de ATA, Martín y Weber también fueron pioneros al exponer y curar videoarte. En la actualidad, ATA es uno de los únicos lugares en el Área de la Bahía que muestra películas experimentales hechas por artistas locales sin costo para el artista.
En medio de un pizarrón para avisos de la oficina el cual incluye un centro de mesa de piña hecho de pañuelos y una cadena de oro en forma de dólar se encuentra una de las pistas de la resistencia de ATA: un póster anuncia una fiesta de agradecimiento para voluntarios. Aquí, dichas fiestas tienen un significado especial porque los voluntarios son los que forman el baluarte de la existencia de ATA.
Sólo una persona –un bibliotecario profesional- recibe un cheque, dijo Fondevilla. El resto del equipo, el cual varía entre 20 a 30 personas, participan en paneles para hablar de sus festivales de cine, reciben boletos en la entrada, curan exposiciones y cumplen con al menos cuatro horas a la semana.
Los voluntarios, quienes han formado un lazo con la comunidad que celebra días festivos y cumpleaños juntos, provienen de lugares como Sudamérica, India e Irán. Les encanta el cine, dijo Fondevilla, “pero también son personas que sólo quieren contribuir a la comunidad y mantener una pequeña sala de cine en la calle Valencia”.
“Se vuelven adictos”, dijo Fondevilla al explicar la razón por la cual la gente se queda. “No hay una recompensa monetaria, pero es una experiencia muy gratificante –el conocer a personas, participar en la comunidad, ver películas, exposiciones. Tiene un valor que ninguna moneda podría pagar”.
Fondevilla lo sabe. Comenzó como voluntaria hace ocho años. De hecho, dijo, fue algo que cambió su vida. Se mudó a la Misión desde el norte de España por su primer esposo; después de su divorcio, ATA fue lo único que impidió que regresara a casa. “Todas las personas que conocí, la oportunidad de aprender –ser voluntaria con la ATA es una de las mejores cosas que he hecho en mi vida”.
Aunque Fondevilla no se integró a la ATA hasta tiempo después, está familiarizada con la tradición popular de la calle Valencia de los años 80.
En los primeros días de la ATA, la gente de la comunidad venía y usaba el equipo de manera gratuita, y existía una atención más enfocada a talleres de edición.
Aunque los fundadores Weber y Marshall están ocupados en otras cosas (Weber donará una obra de arte para la subasta) y la función de la ATA haya cambiado, Fondevilla dijo que todavía mantienen la misma visión: “Se trata de ofrecer acceso”.
Para cineasta, este acceso significa tener la oportunidad de mostrar su trabajo. Para el público “pienso que es como un tesoro… pueden ver una buena exposición como en ningún otro lugar. Es auténtico”.
Por el momento, ATA se mantiene a flote con subsidios de organizaciones como los de la Fundación Tamaas y donadores.
También reciben una parte de las ventas de los boletos –que se comparten con el artista, a favor de la ATA con un porcentaje del 60 al 40. Las proyecciones de películas solían costar $5 dólares, pero porque la renta aumentó ahora cuesta $6 dólares.
Con todo y el olor a moho, las antiguas butacas y recuerdos incluidos, ATA está feliz de tener dicho local en la Misión, dijo Fondevilla.
“Si tuviéramos un lugar agradable y limpio no sería lo mismo”, dijo refiriéndose a la importancia de mantener dicha ubicación como el hogar de la ATA.
Incluso así, la organización no está segura de cuánto tiempo permanecerá en su ubicación actual.
“Preferimos quedarnos aquí. Este es nuestro hogar”, dijo Fondevilla. “Haremos lo mejor que podamos”.
El espacio tiene un sentimiento especial, añadió, notando el distintivo olor.
¿Que es ese olor?
“¿Quién sabe?”
El evento de recaudación de fondos de la ATA comenzará con una subasta silenciosa el sábado a las 6p.m. el 29 de enero y le seguirá una subasta en vivo a las 8 p.m. Habrá presentaciones musicales de Grass Widow y Puce Moment a las 9 p.m. La entrada cuesta $6-$10 dólares. Para más detalles, haga clic aquí.




