Fetid conditions at 850 Bryant have led to multiple inmate-initiated lawsuits. The latest suit came on Monday as a result of allegedly sleep-depriving Sheriff's Department policies such as 3:30 a.m. breakfasts.

Traducción por Anabelle Garay

La Cárcel Núm. 4 del condado de San Francisco, considerada durante mucho tiempo un lugar inhumano y peligroso, cesará sus operaciones el 5 de septiembre y se enviará a los 77 presos restantes a las otras dos cárceles de San Francisco. 

El cierre se produce meses antes de la fecha límite del 1 de noviembre exigida por la Junta de Supervisores en su votación de 10-1 en mayo, que aceleró lo que parecía ser un cierre inevitable para julio de 2021. En el momento de la votación de mayo, la población carcelaria ya se estaba reduciendo mientras se intensificaba la pandemia en San Francisco. 

La voluntad de los líderes de la ciudad de cerrar las instalaciones obsoletas lo antes posible fue clara, abrumadora y, a veces, personal durante el anuncio del martes, especialmente para la alcaldesa London Breed, quien describió experiencias personales desgarradoras visitando amigos y familiares en la cárcel, que se encuentra en el séptimo piso del Palacio de Justicia en 850 Bryant St. 

“Es inhumano. Es repugnante. Está sucio”, dijo Breed. “Y no me gustaría ni ver a mi peor enemigo en ese lugar”. 

Breed y otros líderes de la ciudad marcaron el cierre como una declaración sobre el compromiso de San Francisco con la reforma del sistema de justicia penal. “Nuestro sistema de justicia penal está roto”, dijo Breed, y señaló que en “muchos casos” personas que no han cometido delitos terminan en la cárcel. Dijo que, a pesar de que la población negra de la ciudad es menos del 6 por ciento, el 50 por ciento de la población encarcelada de la ciudad es negra. 

El defensor público de San Francisco, Mano Raju, dijo que los esfuerzos para reformar el sistema van más allá del cierre de la Cárcel No. 4 del condado. Dijo que el 30 por ciento de toda la población carcelaria sufre de enfermedades mentales, más del 40 por ciento son personas sin hogar y el 50 por ciento son negros. “Estamos encarcelando a los más vulnerables entre nosotros”, dijo. 

Sin embargo, dijo que el cierre de la cárcel “es un momento histórico en San Francisco”. 

Las miserables condiciones aquí se destacaron en 2016 cuando las aguas residuales inundaron la cárcel y otros pisos del Palacio de Justicia, incluyendo la oficina del Fiscal. Esos problemas continuaron, lo que afectó principalmente a los reclusos de la cárcel, y más de 150 de ellos presentaron una denuncia en marzo de 2019. La ciudad y los presos llegaron a una supuesta conciliación de $2.1 millones en enero de este año.

El alguacil Paul Miyamoto dijo que la cárcel contigua al Salón de Justicia en 425 Seventh St. está al 55 por ciento de su capacidad y la cárcel de San Bruno está al 58 por ciento de su capacidad. Si la pandemia disminuye, Miyamoto dijo que él y otros líderes de la ciudad intentarán mantener baja la población de reos. 

“Lo bueno y tranquilizador es que ya estábamos en camino de lograr la reforma”, dijo. 

De hecho, las cárceles de San Francisco han funcionado a una capacidad relativamente baja durante años. Las reducciones se han atribuido a programas de salidas alternas previas al juicio, que evalúan si una persona acusada de un delito debe esperar el juicio en la cárcel. En febrero, el fiscal Chesa Boudin dijo que sus fiscales no exigirán fianza en efectivo en los tribunales, otro factor limitante en el número de personas que esperan su juicio tras las rejas. 

“Pudimos reducir la población carcelaria en aproximadamente un 40 por ciento usando la medida de encarcelamiento como último recurso y trabajando en estrecha colaboración con nuestros socios de reingreso para acelerar la liberación segura”, dijo Boudin en un comunicado hoy. “Esta reducción significativa en la población carcelaria, mientras que las tasas de criminalidad han disminuido, demuestra que el encarcelamiento masivo no nos garantiza mayor seguridad”.

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