Photo by Lola M. Chavez

Traducción por: Neus Valencia

Toda América ha visto cómo se han ido transformando sus comunidades: los comercios esenciales colocaron señalamientos en todos lados para reforzar el distanciamiento físico, y se publicaron miles de videos, tanto cómicos como institucionales, en los medios de comunicación sobre cómo lavarse las manos. El distanciamiento físico y el lavado de manos fueron herramientas esenciales para detener la propagación de COVID-19. Posteriormente, el 3 de abril, el Centro para el Control y la Prevención de Enfermedades, CDC por sus siglas en inglés, emitió una recomendación para añadir un elemento más: los cubrebocas de tela.

Aunque se debe reservar el uso de cubrebocas quirúrgicos y mascarillas N95 para el personal médico, el CDC aconsejó que las personas en espacios públicos, donde el distanciamiento físico pueda resultar difícil, utilicen cubrebocas de tela para evitar la propagación del virus. En pocas semanas, las ciudades emitieron lineamientos sobre el uso de cubrebocas con diversos grados de severidad. San Francisco comenzó a pedir a los residentes que los usaran en las filas y en las tiendas, pero el mes pasado estableció una de las órdenes más estrictas, que exige que las personas (con algunas excepciones) usen cubrebocas cuando anden en la calle o al menos a 30 pies de distancia de las personas que no vivan en sus hogares.

¿Qué cambió?

La investigación y las entrevistas con varios epidemiólogos indican que más que cualquier otra investigación específica acerca de los cubrebocas, lo que hizo que los cubrebocas fueran importantes tuvo que ver con el hecho de que fuimos comprendiendo cómo funciona el virus, y esa comprensión continúa evolucionando.

“Una de las mayores mejoras ha sido nuestra comprensión acerca de la transmisión asintomática del COVID-19”, según Marie Stoner, epidemióloga de Research Triangle International, un instituto de investigación sin fines de lucro con sede en Carolina del Norte. “Este hallazgo ha sido informado cada vez en más estudios como resultado de documentar las transmisiones y las personas asintomáticas en la comunidad.” Stoner señaló varios estudios también citados por el CDC en relación con este hallazgo.

En su recomendación acerca de los cubrebocas de tela, el CDC menciona siete estudios diferentes publicados entre mediados de febrero y mayo como fundamento para sus nuevos lineamientos sobre el uso de cubrebocas. A diferencia de la investigación sobre la eficacia de los cubrebocas, cada estudio se centra en la transmisión asintomática.

El primer estudio, publicado en el New England Journal of Medicine a principios de marzo, reportó que un empresario alemán parecía haber contraído COVID-19 de un colega que lo visitó, que no mostraba síntomas cuando estuvieron en contacto antes de que ambos dieran positivo en la prueba de COVID-19. En otro estudio, citado por el CDC, se determinó que la carga viral del SARS-CoV-2, el virus que causa el COVID-19, en un paciente asintomático es similar a la de los pacientes sintomáticos, “lo que sugiere el potencial de transmisión que tienen los pacientes asintomáticos o mínimamente sintomáticos”.

“Gracias a que ahora sabemos que la gente puede transmitir el virus sin mostrar síntomas, podemos mejorar la forma en que debemos responder para prevenir la transmisión”, dijo Stoner. “Es importante limitar el contacto y usar cubrebocas, ya que usted o alguien más puede dar positivo para el COVID-19, pero aún no mostrar síntomas”.

Dado que se piensa que el virus se propaga principalmente a través de gotículas que se esparcen cuando las personas infectadas tosen, estornudan o hablan, en teoría, los cubrebocas están diseñados para atrapar estas gotículas. Asimismo, hay preocupaciones relativas a la posible propagación del virus a través de partículas más pequeñas en aerosol, que implicarían que el virus se transmite a través del aire.

Si bien las investigaciones demuestran que los portadores asintomáticos pueden propagar el COVID-19, el 8 de junio, la directora de la unidad de enfermedades emergentes y zoonosis de la Organización Mundial de la Salud (OMS), la Dra. Maria Van Kerkhove, puso en duda la frecuencia con la que esto ocurre. En una conferencia de prensa en Ginebra, la doctora dijo a los periodistas que, según los datos actuales, la propagación asintomática “suele ser inusual”.  ACTUALIZACIÓN: según reportó el New York Times, el martes, Van Kerkhove “se retractó” de hacer dicha afirmación.

Mientras la cantidad de investigaciones acerca de la propagación asintomática continúa aumentando, hasta ahora, no hay muchos estudios sistemáticos acerca de la eficacia de los cubrebocas de tela en cuanto a la inhibición de la propagación de COVID-19.

El Dr. Michael Osterholm, director del director del Centro de Investigación y Políticas de Enfermedades Infecciosas y profesor distinguido de la Universidad de Minnesota, expresó su preocupación por la falta de investigación sobre los cubrebocas de tela en un episodio especial del podcast producido por el centro. No está en contra de las cubiertas de tela, pero está esperando que la evidencia se ponga al día con el consejo.

“Nunca antes en mis 45 años de carrera he visto una recomendación pública de tan gran alcance emitida por una agencia gubernamental sin contar con una sola fuente de datos o información que la respalde”, dijo Osterholm en respuesta a la falta de evidencia del CDC sobre la efectividad de los cubrebocas. “Este es un precedente extremadamente preocupante con respecto a la implementación de políticas no fundamentadas en datos científicos sin una razón para emitirlas sin dichos datos”.

Osterholm criticó el “creciente número de estudios incorrectamente realizados y revisados de manera inadecuada que se publican uno tras otro”. Con respecto a la evidencia que existe sobre el uso de cubrebocas de tela, Osterholm consideró que son “limitadas e indirectas”.

El Dr. Lee Riley, jefe de la división de Enfermedades Infecciosas y Vacunología de la Universidad de California en Berkeley, considera que una combinación de las bajas tasas de COVID-19 en los países asiáticos y los experimentos sobre la capacidad de filtrado de diferentes materiales provocó un cambio gradual en la actitud de la comunidad científica hacia los cubrebocas.

Supuso que las recomendaciones sobre los cubrebocas comenzaron cuando el CDC y los funcionarios de salud observaron la rapidez con que se controlaba la pandemia en los países asiáticos donde el uso de cubrebocas es una práctica habitual.

Citando un video de un profesor de química aplicada en Japón, que evaluó la eficacia de tres tipos de “mascarillas”, Riley describió cómo incluso una cubierta hecha de tres toallas de papel dobladas en seis capas lograba filtrar 80 por ciento de las partículas del aire, aunque no había virus del SARS-CoV-2 en el aire y esta prueba no era un experimento revisado por pares. En el video, el Dr. Tomoaki Okuda de la Universidad de Keio midió la capacidad de diferentes materiales para bloquear las partículas en el aire usando un Medidor de Partículas de Movilidad de Escaneo (SMPS, por sus siglas en inglés).

Osterholm advirtió las desventajas de dichos razonamientos y experimentos como sustituto de pruebas contundentes. En su podcast, señala que las pruebas generalizadas, los extensos programas de rastreo de contactos y las medidas de cuarentena en los países asiáticos son medidas importantes que redujeron la propagación del virus. Asimismo, se refirió a tales experimentos de laboratorio, señalando la falta de pruebas de partículas en aerosol más pequeñas del tamaño de las potencialmente exhaladas por los infectados.

Su opinión es que los cubrebocas podrían desempeñar un papel para reducir la epidemia, pero desea plantear preguntas científicas adicionales con respecto a la propagación del virus para que el público pueda tomar decisiones informadas. Según Osterholm, una de las preguntas más importantes es cuán infeccioso es el virus en el aire, y qué papel desempeñan el tiempo y la dosis en la infección.

“El problema que veo no es sobre si se usa o no el cubrebocas” dijo Osterholm en una entrevista el lunes. “Le apostaría todo mi dinero a esto si fuera de ayuda. El desafío es, ¿qué tanto funcionan? para que las personas sepan qué nivel de protección están recibiendo”

Dos de los epidemiólogos entrevistados para este artículo citaron un nuevo estudio, publicado el 1 de junio, como evidencia relevante sobre la eficacia del uso de cubrebocas para prevenir la transmisión de persona a persona.

El Dr. Derek Chu de la Universidad McMaster en Canadá, junto con investigadores de otras universidades de todo el mundo, realizaron la investigación del estudio publicado en junio, en representación del equipo internacional de investigación, COVID-19 Systematic Urgent Review Group Effort. En el estudio se determinó que “el uso del cubrebocas podría dar reducir en gran medida el riesgo de infección”.

Sin embargo, una vez más, en el estudio no se evalúan los cubrebocas de tela que la mayoría de la gente está usando; no obstante, se combinaron los resultados de 172 estudios realizados en 16 países y 6 continentes para hacer un metaanálisis, lo que significa que se examinaron los datos para definir tendencias. En el estudio se determinó que ciertos tipos de cubrebocas de grado institucional, así como el distanciamiento físico y la protección de los ojos, podrían reducir el riesgo de infección. Se determinó que los ventiladores y las mascarillas N95 eran más eficaces, pero los cubrebocas quirúrgicos desechables y productos similares (como los cubrebocas de algodón reutilizables de 12 a 16 capas) también parecían reducir el riesgo.

Sus conclusiones respaldaban “el distanciamiento física de 1m o más” y aconsejaban que “el uso óptimo de cubrebocas, ventiladores y protección ocular en lugares públicos y donde se prestan servicios de salud debería estar basado estos hallazgos y factores contextuales”. También advirtió que se necesitan más estudios: “Se necesitan ensayos aleatorizados robustos para reportar mejor las pruebas que se obtienen de estas intervenciones, pero esta evaluación sistemática de las mejores pruebas disponibles actualmente podría servir como una orientación provisional”.

El 5 de junio, pocos días después de que se publicara el estudio, la OMS actualizó sus directrices acerca del uso de cubrebocas y recomendó por primera vez que los cubrebocas deben usarse en la calle cuando resulte difícil mantener una sana distancia. Ahora se recomienda que las personas mayores de 60 años usen cubrebocas de uso médico, mientras que lo demás pueden usar cubrebocas de uso común.

La recomendación relativa a los cubrebocas de uso médico se hizo con una salvedad: no hay ninguna “evidencia científica directa o de alta calidad” que respalde su uso, pero en la recomendación se señaló que lo que hizo que la OMS actualizara sus directrices fueron las investigaciones sobre la transmisión asintomática, las pruebas de observación relativas al uso de cubrebocas por las personas, los valores individuales y las dificultades del distanciamiento físico. No está claro de qué manera afectarán a estas directrices las nuevas revelaciones de Van Kerkhove de la OMS sobre la transmisión asintomática.

Por ahora, sus recomendaciones señalaron que los cubrebocas de uso común “sólo deben considerarse para controlar el origen de la infección (que las personas infectadas sean quienes los utilicen) en entornos comunitarios y no para la prevención”.

A diferencia de la recomendación del CDC sobre el uso de cubrebocas de tela, la OMS recomienda una máscara de tres capas compuesta de una capa absorbente interna (como el algodón) para retener las gotículas, una capa externa de material hidrofóbico (polipropileno, poliéster o sus mezclas) para filtrar y una capa intermedia hecha de algodón o material hidrofóbico.

La OMS también advierte que promover el uso de cubrebocas podría dar una “falsa sensación de seguridad, lo que podría reducir que se cumplan otras medidas preventivas fundamentales, como el distanciamiento físico y la higiene de las manos” y cita la posibilidad de que aumente la autocontaminación cuando las personas manipulan los cubrebocas. Los epidemiólogos siguen aconsejando el uso de cubrebocas junto con otras prácticas, como el distanciamiento físico y el lavado regular de las manos.

A pesar de las recomendaciones del CDC y de la OMS, sigue habiendo muchos funcionarios de salud del estado que aún no exigen el uso de cubrebocas.

Actualmente, los cubrebocas son obligatorios en cierta medida en todos los condados del Área de la Bahía, salvo en dos, aunque los condados de Solano y Santa Clara recomiendan estrictamente su uso. El término “cubrebocas” suele definirse de manera imprecisa e incluye desde mascarillas de grado médico hasta pañuelos.

A nivel nacional, 25 estados establecen ciertos requisitos en cuanto al uso de cubrebocas, sin incluir los lineamientos locales según la CNET. Estos requisitos varían en cuanto a su severidad. Muchos se refieren a empresas y empleados que realizan trabajos esenciales, pero algunos aplican para las personas en las calles.

La eficacia de los cubrebocas en las calles tampoco es clara.

A medida que va haciendo más calor, las playas, los parques y otros espacios al aire libre están cada vez más poblados. Asimismo, las protestas han llenado las calles con manifestantes. Los epidemiólogos creen que la probabilidad de infección se reduce al aire libre, ya que el viento diluye las gotículas del virus en el aire.

Aunque estar al aire libre puede reducir el riesgo, muchos epidemiólogos dicen que las personas deben seguir teniendo cuidado con la propagación de persona a persona cuando están en estrecho contacto. Además, advierten que los cubrebocas, especialmente los de tela, no sustituyen otras medidas críticas como el distanciamiento físico y la buena higiene.

El Dr. Arthur Reingold, jefe del departamento de epidemiología y bioestadística de la UC Berkeley envía el mensaje siguiente a aquéllos que se sienten confundidos por los cambios en los lineamientos: “La realidad es que nuestro conocimiento sobre un agente infeccioso completamente nuevo, como lo es el coronavirus que causa COVID-19, avanza increíblemente rápido. Prácticamente todos los días hay información nueva que podría cambiar la manera en la que entendemos las cosas. Sería una tontería que no cambiáramos nuestras recomendaciones a medida que sabemos más… Personalmente, le tengo bastante fe a todo lo que publica el CDC. Hay muchas personas realmente brillantes, trabajadoras y bien intencionadas que hace todo lo posible para informar al público sobre cómo mantenerse seguro”.

Según Osterholm, el desafío es que “le debemos a las personas mucha más información que nada más decirles que ‘todos usen cubrebocas’.

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FREELANCER. Madison Alvarado is a Bay Area native who recently graduated from Duke University. She fell in love with reporting in high school, and after a brief hiatus is eager to continue learning and growing as a storyteller. She has been covering UCSF's Grand Rounds since the summer of 2020.

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