Fernando Hernandez and others at the encampment where Anthony Monroy lived. Photo by Lydia Chávez

Traducción por: Neus Valencia

El viernes, Anthony Monroy, un residente en situación de calle de 41 años de edad, pasó por el taller Erie Auto-Truck Repair ubicado entre las calles 18 y Harrison, lugar donde trabajaba ocasionalmente durante unos 20 años. Con el estancamiento económico, no había mucho trabajo para él, pero en la última semana, Monroy cambió las almohadillas de una grúa de plataforma y arregló sus neumáticos, comentó Ray Cashman, dueño del taller.

Esa fue la última visita que Monroy hizo al taller. El sábado por la noche, uno de sus amigos revisó la tienda de campaña de Monroy en el campamento que se encuentra en la banqueta de la calle 21 entre las calles Shotwell y Folsom. Llevaba mucho tiempo muerto, comentó su amigo.

Victor Alvarenga, que vive en el campamento, y varias otras personas allí, dijeron que Monroy probablemente murió de una sobredosis de drogas. No mostraba señales de trauma físico, dijeron. La oficina del forense dijo que no podía divulgar la causa de la muerte.

Cashman dijo que Monroy consumía drogas de vez en cuando durante años, pero que trabajaba muy bien cuando no consumía.

“Era un mecánico innato”, dijo Cashman. “Una de esas personas que tiene una habilidad natural para arreglar cosas”.

Cashman, cuyo padre compró el negocio en 1955, conoció a Monroy hace casi 20 años cuando estaba buscando contratar un nuevo mecánico. Alguien le dio el nombre del joven guatemalteco y dijo que se encontraba en el Parque Dolores. Cashman se subió a la camioneta, fue a buscar a Monroy y lo contrató.

A lo largo de los años, Cashman y su hijo, Chris, conocieron algunos aspectos de la vida de Monroy. Nació en Guatemala y vivió allí hasta que su madre murió cuando tenía 10 o 12 años. Poco tiempo después de su muerte, el padre de Monroy lo trajo a Estados Unidos. Puede que haya asistido a Mission High School, pero no se sabe si se graduó, dijo Cashman.

“Me dijo que cuando era niño solía arreglar radios, y que esto le sorprendía a su abuelo”, dijo Cashman.

En los último años, según Cashman, él y su hijo intentaron ayudar a Monroy a conseguir alojamientos, pero inevitablemente los perdió. “Le encantaba andar de fiesta y estar despierto hasta las 2 de la mañana”, dijo Cashman. Aun así, nunca desapareció del todo del taller, y Cashman dijo que siempre se alegraban de verlo.

En el campamento para personas en situación de calle, Fernando Hernández nos dijo que “era un buen tipo con algunos problemas mentales, pero que todos lo estimaban”.

Cashman estuvo de acuerdo. “Si hay un funeral, acudirá mucha gente”.

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I’ve been a Mission resident since 1998 and a professor emeritus at Berkeley’s J-school since 2019. I got my start in newspapers at the Albuquerque Tribune in the city where I was born and raised. Like many local news outlets, The Tribune no longer exists. I left daily newspapers after working at The New York Times for the business, foreign and city desks. Lucky for all of us, it is still here.

As an old friend once pointed out, local has long been in my bones. My Master’s Project at Columbia, later published in New York Magazine, was on New York City’s experiment in community boards.

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