Mission Latino community mourns Maria Saavedra, its ‘Queen of Flowers’

En vida, María Saavedra siempre cuidó de sus clientes y vecinos del barrio de la Misión. Después de su muerte, incluso aquellos que apenas la conocían se preocupan por el destino final de sus restos. Ante las dificultades para repatriar su cuerpo a México, la comunidad se está organizando para recaudar fondos para un velatorio y, posiblemente, una cremación.

Siempre alegre y animada en su recorrido por Mission Street, la chispa de María estaba haciendo falta en las calles a inicios de año. El 9 de enero, los dueños de la Florería Guadalupana –donde solía comprar sus flores- fueron a su hogar en la 20 y San Carlos. La encontraron muerta en su cama, sin señales de violencia. Entonces pasados sus 60, todo indicaba que había fallecido mientras dormía.

La noticia se transmitió –y se sigue transmitiendo- de boca en boca desde entonces. Incluso llegó hasta Xochimilco, en México, donde vive su única hija, pero no se encontraron deseos de cooperar con la repatriación. El departamento de Medicina Forense de San Francisco realizó la autopsia, de resultados todavía pendientes.

Apodada ‘Mariquita’ por sus más queridos, María era conocida entre vendedores y ambulantes de la Mission, donde circulaba todos los días, entre la 24 y la 16. En pleno recorrido, María solía detenerse a visitar a sus amigos, tomar un cafecito con ellos, y ofrecer consejos.

Nadie parece recordar alguna enfermedad crónica que padeciera, así como no conocían su edad exacta, o su estatus migratorio. Sí recordaban sus palabras de aliento, y su personalidad llena de vida.

“La vida nos dio una escuela para poder compartir con ella, siempre caminando con sus flores, entregando con su saludo un poco de ella”, dijo Micaela Mabor, antigua dueña de un negocio de estampado de camisetas en la 19 y Mission. Es ella quien proveerá el vestido que María utilizará en su velatorio.

Gloria Esteva, organizadora comunitaria en Causa Justa, recuerda a María yendo a los talleres sobre inmigración, siempre llevando una flor para cada uno de los asistentes.

“Yo dejé de aceptarle las flores regaladas que me traía para mi nieto con cáncer”, recordó Esteva. “En un momento tuve que decirle que no podía seguir o no seguiríamos siendo amigas, y ella valoró más nuestra amistad”.

Si no eran flores, eran bolsas para las tiendas, o plantas de ruda para la artritis. Lourdes Rodríguez, dueña de Lourdes Boutique, recuerda la bondad tanto como el espíritu juguetón de ‘Mariquita’.

“Ella tenía sus novios, más jóvenes que ella. Una vez me dijo ‘ahí tengo mi chico de 24 años, para que me caliente los pies”, dijo Rodríguez.

“Sí había escuchado que era un poco traviesona”, señaló Esteva, consciente de los prejuicios latinoamericanos respecto a las libertades que una mujer puede tomarse. “Ella le decía a las mujeres que no sean tontas, y que dejaran de sufrir, que ya sufrimos bastante como inmigrantes. Que si lo que les ataba a sus parejas fuera el sexo, ¡que habían más opciones!”

Son los amigos y clientes que hizo en la Misión quienes ahora están recolectando dinero –dólar por dólar- en unas cuantas cajitas amarillas que circulan por estos días en el barrio. Ellos están organizando un velatorio para el próximo miércoles 23 de enero de 5 a 9 p.m. en la Funeraria Bayview (Calle 3, número 5187). La intención es cremarla después, pero las circunstancias todavía están por verse.

La tarde del jueves, tres clientas afuera del Mercadito en 19 y Mission solicitaban donaciones para el velatorio y la cremación.

“Yo la conocía muy poco, pero sabía que era muy positiva y trataba de vivir la vida,” dijo Luz San Pedro, quien trabaja cuidando niños. Esa tarde la ayudaba su hija, pidiendo donaciones en inglés y distribuyendo rosas a quienes contribuyeran.

“Me quedó una tristeza que no hubiera nadie que reclamase su cuerpo,” dijo San Pedro. “Las personas que emigramos a este país con un sueño, y no queremos que ella quede en el olvido.”

“Siempre nos atendía bien, y se preocupaba que las flores no fueran mojadas,” recordó María Ayala, cajera de Target, quien también ayudaba esa tarde.

“Uno lo piensa, por ejemplo, nosotros no tenemos a nadie aquí en San Francisco. Y si ella forma parte de la comunidad, es justo que nos unamos”, agregó.

Esteva también lamentó la desconexión entre María y su familia, situación que se repite con muchas mujeres que vienen a los Estados Unidos pero no logran traer a sus hijos.

“Estar aquí es una necesidad, no un lujo,” dijo. “La lección para las mamás es que no le compren cosas a sus hijos, pero que los llamen y les digan cuánto los aman”.

Para donar al funeral de María Saavedra, por favor contactar a Gloria Esteva al (415) 377-7294. También se pueden realizar donaciones en las ánforas amarillas en Lourdes Boutique e Ymac Sumac, ambas en 2301 Mission Street.