El miércoles 6 de enero un edificio nuevo de 55 unidades que se planea se construya en las calles Misión y 25 generó ira, en medio de una reunión de la comunidad plagada de comentarios homofóbicos, e interrupciones frecuentes. La gente hablaba sobre un tema principal: La construcción de viviendas de precio 100 por ciento accesible.

La reunión tenía que ver con un desarrollo planeado para construcción en el 2918 de la calle Misión. El lugar está junto al Centro de Desarrollo Infantil (Childhood Development Center) y actualmente alberga a una lavandería y un estacionamiento. Robert Tillman ha sido dueño de la lavandería desde 1998 y compró el terreno en 2006 después de que su casero tratara de desalojarlo.

El edificio de 6 pisos incluiría siete unidades a precios inferiores a los del mercado en cumplimiento con la ley de la ciudad, y podría llegar a tener hasta 68 unidades en general si Tillman aplica la ley estatal de bonificación de la densidad, la que lo recompensa por incluir dichas unidades a costo inferior al del mercado. Durante la reunión mostró estar abierto a vender el edificio a la ciudad para que se construyan viviendas de precio accesible, pero a, lo que él llamó, un precio justo.

Puesto que el negocio de las lavanderías se ha visto afectado en la última década, Tillman quería construir las viviendas en un lugar que solo desplazara a su propio negocio. Desde su punto de vista, no es algo que requiera mucho pensar.

“Si no puedes construir viviendas en ese lugar de San Francisco, entonces no puedes construirlas en ningún otro lado”, dijo él.

Entonces la reunión de la comunidad puso a prueba dicha afirmación.

Durante uno de los muchos momentos de tensión Noemi Sohn, una de las organizadoras de la Alianza de Californianos para el Empoderamiento de la Comunidad, fue interrumpida con una conversación que llevó a una mujer a decirle a un hombre “regresa al Castro” porque no “perteneces a la Misión”.

“Estoy cansada de estas reuniones”, Sohn comenzó, argumentando que las reuniones de la comunidad nunca llegaban a buenas resoluciones. “Lo siento, [pero] las personas pobres y de la clase trabajadora ya no -”

“Básicamente, les estamos diciendo que San Francisco no está a la venta. El Distrito de la Misión no está a la venta. Hagamos lo correcto”, la interrumpió Rafael Picazo, residente de la Misión, quien acabó con facilidad los intentos de que Sohn terminara de expresarse.

“Lo correcto sería dejar que ella deje de hablar”, dijo un hombre que estaba sentado atrás. “Eso es lo correcto”.

“No sabes ni de qué demonios estás hablando”, respondió Picazo.

“Sí lo sé”, el hombre se defendió. “Eres muy grosero, ella estaba tratando de hablar, déjala terminar”.

“No me importa lo que digas, ni siquiera me lo tomo en serio”, dijo Picazo antes de que una mujer llamada Esther se dirigiera al hombre sentado en la parte de atrás.

“A ver al homosexual de allá atrás, eso no nos interesa” dijo Esther. “Regresa al Castro, donde encajas bien. No perteneces a la Misión”.

De inmediato la multitud comenzó a silbar y a callar a gritos el comentario. Picazo se deslindó del comentario de Esther diciendo “eso no tenía nada que ver”.

Parte trasera del edificio, sobre Osage Alley.

Parte trasera del edificio, sobre Osage Alley.

Pero este intercambio reveló la irascibilidad de una multitud que iba de comentarios pertinentes a la disensión ruidosa que se centraban en una gran cantidad de temas: demasiado estacionamiento, poco estacionamiento, la altura del edificio, la pérdida de una lavandería, la falta de participación de la comunidad, y los efectos del proyecto en la escuela de al lado.

“Poner balcones que den a la escuela arriesga su privacidad”, dijo Zoila Manzan madre de uno de los estudiantes de la escuela de al lado. También dirigió la atención al ruido y a los peligros por la contaminación que la construcción puede implicar y dijo que el proyecto representaría una gran disrupción. “Debo sentirme segura sobre el lugar en el que está mi hijo”.

Tillman estuvo de acuerdo con ella y dijo que también le preocupaba que el estacionamiento del edificio pasara por Osage Alley pues podría poner a los niños en riesgo, pero dijo que la ciudad no le permitía tener la entrada sobre la calle Misión.

Pero detrás de los diferentes intercambios, la raíz del problema era que la multitud quería que el proyecto sea de precio totalmente accesible y temía que la existencia de estas viviendas contribuyan al desplazamiento de residentes actuales.

“Nos oponemos al proyecto en sí”, dijo Erick Arguello, miembro de la asociación de negocios de la Calle 24. “No cumple con ninguna de las necesidades del vecindario. Necesitamos que estas sean viviendas 100% accesibles en precios”.

No estaba claro si la oposición desaparecería si el proyecto fuera completamente de viviendas a precio accesible. Esto llevó a Tillman a preguntar “¿Todas las objeciones van a aplicar aún si es 100% accesible?” Las opiniones estaban divididas.

Marie Sorenson de la Calle 24 y Lou Dematteis, fotógrafo y activista que vive cerca del lugar dijeron que se opondrían a un edificio de viviendas a precio accesible de seis pisos porque la altura no va con el vecindario. Sorenson dijo que los edificios altos generan túneles de viento y fue muy persistente en que la Misión es “una comunidad de edificios de dos y tres pisos”, mientras que Dematteis dijo que las viviendas de forma frecuente se usan como una inversión y que dudaba que los edificios más grandes necesariamente reduzcan las presiones por vivienda.

Arguello también denunció la ‘Manhattanización’ de San Francisco y la altura del edificio, entre otras quejas. Pero dijo que el que el proyecto fuera completamente accesible representaría un punto a su favor.

“Lo mejor es vender la propiedad a la ciudad”, dijo.

Esto es algo que el dueño dijo estar dispuesto a hacer, bajo una condición: La ciudad deberá comprarle el lugar, con los derechos de propiedad y todo, pagando $250,000 por unidad. Este es el mismo precio que se pagó hace poco para transformar un edificio de 72 unidades a precio de mercado en el 490 de la avenida South Van Ness en un edificio de viviendas a precio accesible.

“Estoy de acuerdo con que sería un muy buen lugar para [viviendas a precio accesible]”, dijo el dueño, Tillman. “¿En dónde firmo? Si no, ¿pueden darme autorización de construir [mi edificio], para que pueda hacer algunas viviendas para la Misión?”

Pero, para que el proyecto se vuelva de precios completamente accesibles, la ciudad necesitaría involucrarse en la recaudación de los fondos necesarios para comprar el terreno y desarrollar el complejo.

Tillman se reunió ese jueves con el Supervisor David Campos y dijo que estaba dispuesto a vender pero no por “menos de su valor”.

Dairo Romero no está convencido. Él es gerente de planeación de la comunidad en la Agencia de Desarrollo Económico de la Misión y vecino del lugar. Romero dijo que no quería que los desarrolladores pensaran que pueden obtener $250,000 por unidad, como pasó con el 490 de la Avenida South Van Ness. Esta venta fue controversial porque los desarrolladores pagaron originalmente $2.5 millones por el lugar pero lo vendieron en $18.5 millones a la ciudad.

“No deberíamos estarle dando esa ganancia a estas personas”, dijo Romero, hablando como residente. “No queremos que los dueños empiecen a pensar que pueden pedir mucho dinero”.

Tillman dijo que no aceptaría menos porque ya gastó una gran cantidad de su dinero para empezar el proceso para obtener los derechos de propiedad.

Sea que el proyecto se vuelva enteramente de precios accesibles o no, la reunión, que solo fue la primera del largo proceso de solicitud, reveló la muy ardiente oposición – algunos con buenos puntos, otros no – que enfrentan los desarrolladores ante la idea de otro complejo de unidades principalmente a precio de mercado en el Distrito de la Misión.

“Hay mucho enojo, mucho dolor”, dijo Arguello sobre los comentarios que se hicieron durante la reunión. “Al analizarlo, ¿cuáles son los beneficios que [este proyecto] nos va a traer?”

Corrección: Una versión previa de este artículo no especificaba que Dairo Romero hablaba como vecino residente y no como representante de la Agencia de Desarrollo Económico de la Misión.