La mañana del 9 de diciembre de 2015 se ofreció una pequeña misa en honor a Héctor Salvador, el hombre de 26 años que fue asesinado a tiros ese fin de semana en las calles 16 y Hoff, justo 10 horas después de que el altar en su memoria fuera destruido por personas que dispararon en dirección a los dolientes desde un automóvil, según testigos presenciales.
Salvador fue asesinado el domingo 6 de diciembre temprano por la mañana después de un altercado en el que “un grupo de personas [se] gritaban en una disputa verbal”, de acuerdo con la policía. Solo se escuchó un tiro, el que mató a Salvador. Los vecinos dicen que es común que haya peleas nocturnas en el callejón de la calle Hoff, provenientes de los bares cercanos al área. La policía ha recorrido el área en búsqueda de grabaciones de vigilancia.
El martes 8 de diciembre a las 10:15 p.m, testigos reportaron que había disparos que venían de un pequeño auto negro dirigidos al altar en memoria de Salvador, en donde docenas de sus amigos se habían reunido continuamente desde la balacera del domingo. Eran principalmente grupos de hombres que iban a quedarse por ciertas horas a la vez, algunos durante la noche, utilizando sillas de patio, bebiendo Coronas, y pagando sus respetos a Salvador.
Cientos de botellas de vidrio vacías, docenas de gorras de béisbol, veladoras, y ramos de flores rodeaban el pequeño árbol cerca del lugar en el que Salvador fue asesinado. Todo esto lo habían quitado para la mañana del miércoles 9.
“Tiraron la fotografía de mi hijo. Todo lo tiraron”, dijo en llanto María, la madre de Salvador frente al lugar donde estaba el altar y entonces abrazó a su amigo. El padre Richard Smith, sacerdote Episcopal de la Iglesia St. John Evangelist que está a la vuelta de la esquina del lugar, la abrazó mientras lloraba. “Lo mataron, mataron a mi hijo”, dijo ella.
La policía dijo que no fueron quienes quitaron el altar y alguien del Wells Fargo que está a un lado dijo que el banco no tenía idea de que lo habían quitado. Uno de los empleados dijo que esto había sido una “gran falta de respeto”, aunque hubo quienes dijeron que tal vez lo quitaron porque se había hecho demasiado grande.
La misa, a la cual asistieron más de una docena de amigos y familia, fue principalmente religiosa y no tocó el tema del altar ni de los disparos. El arzobispo Católico de San Francisco, Salvatore Cordileone, dirigió a las personas en oración.
“Dios amoroso y compasivo, dejamos a nuestro hijo Héctor en tus manos”, así comenzó Cordileone antes de contar la parábola de la oveja perdida como prueba de “lo valiosos que somos cada uno de nosotros delante de Dios”. Se ofrecieron diferentes oraciones y ritos durante los siguientes 20 minutos, antes de que el Padre Smith hablara sobre la frecuente violencia en la Misión.
“Vemos demasiadas cosas como esta en nuestro vecindario”, dijo Smith. “He visto a demasiadas madres y padres en llanto y cada vez esto rompe mi corazón. En este momento mi corazón también se rompe”.
De acuerdo con el conteo de Mission Local, este fue el primer homicidio con un arma de fuego en 2015, sin tomar en cuenta las muertes a manos de la policía de Matthew Hoffman en enero, Amilcar Perez-Lopez en febrero, y Javier Lopez Garcia en el Hospital St. Luke’s en noviembre.
Smith dijo que la muerte de Salvador debe servir como “el momento que tenemos todos” para ser “instrumentos de paz” en las vidas de nuestros seres amados. La siguiente persona que habló fue la madre de Salvador.
“Era mi primer hijo”, dijo María, quien agregó que su pérdida representa un “gran dolor”. Ella recordó la popularidad de su hijo. “Tenía muchas amigas y amigos”.
Dijo que desde el día en que murió Salvador su casa ha estado “llena de gente” y que “no sabía qué hacer” con tanta gente que había venido a mostrarle su apoyo y quienes se mostraban “sorprendidos” ante la muerte de su hijo. Salvador era conserje y trabajaba con su tío, vivía con su madre en una casa de la calle Florida.
Después del servicio, ella habló de una ocasión en que Salvador ayudó a un amigo, que era inmigrante indocumentado, a pagar la renta a pesar de que a ella le preocupaba que él estuviera gastando dinero que no tenía.
Salvador le respondió “voy a ayudarlo, es mi amigo”. “Yo respeté su decisión”, añadió ella.
“Daba su vida a las personas, siempre ayudaba a sus amigos”, dijo ella. También recordó con cariño su habilidad con las mujeres y habló de cómo lo molestaba por nunca haber traído una novia a casa. “Estaba tan guapo mi hijo, pero nunca trajo a sus novias. Yo le decía ‘quiero conocerlas’ [a sus intereses amorosos]”.
Al final de la ceremonia, María agradeció a quienes la apoyaron desde la balacera y dijo “Solo Dios sabe qué sigue”, antes de tocar una foto de su hijo que estaba en el altar, junto a un pequeño dibujo de la Virgen María.
“Gracias a la raza”, dijo ella en agradecimiento a sus compatriotas Latinos.
