La maestra de Buena Vista Horace Mann, Linda Pérez comparte su casa con nueve personas, de las cuales solo dos son sus parientes.

Frank Lara enseña cuarto grado en la misma escuela que Pérez. Lara se ha estado quedando en el sofá de sus amigos o ha compartido una recámara para poder con los gastos, todo eso al mismo tiempo que batalla para pagar una montaña de deuda en préstamos escolares.

Laura Rocha, quien solía enseñar en un preescolar en otra escuela, comentó que puede ganar más dinero limpiando casas o preparando burritos de lo que gana como maestra.

“Adoro a los niños, pero no puedo mantenerme a mí y a mi hija así”, dijo Rocha.

Pérez, Lara y Rocha se reunieron con casi otros 30 maestros y padres de familia el pasado jueves por la noche para hablar de la crisis de poder adquisitivo que hay en San Francisco. El sindicato de maestros, Educadores Unidos de San Francisco (UESF, por sus siglas en inglés) organizó la mesa redonda.

Los representantes sindicales y maestros de Buena Vista subrayaron la importancia de que los maestros vivan en las comunidades que atienden, un objetivo que se ha hecho cada vez más difícil a medida de que las rentas aumentan a un promedio de $3,800 al mes por un departamento de dos recámaras. El salario inicial para un maestro certificado de tiempo completo es de $50,000 al año. Los técnicos docentes tienen un salario promedio de $25,000, de acuerdo con Matthew Hardy, director de comunicación para UESF. A principios de este año, el distrito es escolar de San Francisco declaró que los maestros pueden ganar un salario promedio de $86,000 al año. Hardy dijo que muchos maestros no trabajan tiempo completo y que no han tenido un aumento desde hace cinco años (aunque los maestros sí reciben aumentos en incremento según la experiencia que tienen).

El contrato actual con la junta escolar unificada de San Francisco expiró en julio, y las negociaciones están en mediación. El difícil proceso es cada vez más complejo en medio del boom económico que ha hecho que la ciudad sea cada vez menos asequible.

Dennis Kelly, presidente del sindicato, recordó la historia de una maestra contratada en San Francisco y que tuvo que pasar tres semanas viviendo en su auto con sus hijos antes de haber podido encontrar un lugar que pudiera costear para poder vivir con su salario.

En la mesa redonda de la noche de jueves, varios educadores contaron versiones diferentes de esa misma historia. La reunión se llevó acabo para reunir ideas sobre cómo encarar la crisis del poder adquisitivo y construir solidaridad entre los maestros y los padres de familia. Orador tras orador, el tema en común fue que los maestros y los padres de familia deben apoyarse para exigir un mejor financiamiento escolar, mejores sueldos aceptables, y programas educativos bien estructurados.

Los padres de la reunión, muchos de los cuales encaran retos parecidos al permanecer en la ciudad, expresaron la esperanza de que una educación estable proteja a sus hijos de los obstáculos que representa el trabajo que brinda bajos ingresos.

La vivienda, dijo Ken Tray, director político de UESF, se ha convertido en el foco de atención del sindicato de maestros por el costo astronómico que cuesta vivir en San Francisco y que tanto afecta a los maestros a los padres.

Muchos simplemente deciden irse de la ciudad.

Karoleen Feng de MEDA declaró que la cifra de familias que viven en la Misión ha bajado del 60 por ciento a casi un 28 por ciento. Feng declaró que el 95 por ciento de esas familias rentan. En una encuesta hecha a familias que viven en el área, Feng dijo, muchos expresan temor y como resultado, las familias aceptan pagos de mudanza o sucumben a las amenazas de los caseros. Dicha inestabilidad, dijo Feng, causa problemas en el desarrollo académico de las familias.

“El impacto se da en dos generaciones”, dijo.

Parte del problema, dijo otro maestro, es que todavía existe una idea equivocada que se ha generalizado de que los educadores tienen un estilo de vida cómodo. Para muchos que trabajan en escuelas, eso está lejos de la verdad.

Anabel Ibáñez, coordinadora de familias en Buena Vista Horace Mann, comentó que los técnicos docentes y los maestros algunas veces se llevan a casa las sobras de la despensa escolar. Aunque la comida está dirigida a padres y familias necesitadas (y, en su mayoría, ellos son quienes las reciben), algunos educadores también están necesitados.

Norman Zelaya, maestro en Horace Mann, dijo que los bajos salarios desproporcionados dados a los maestros en San Francisco han hecho que los posibles educadores se vayan de la ciudad. Zelaya dijo que el distrito está en busca de maestros, pero le está costando trabajo llenar las plazas porque los solicitantes comparan los salarios disponibles con el costo de vida y deciden trabajar en otro lado.

Es posible que así sea. Transparent California informa que los maestros en el Distrito Escolar Unificado de Oakland ganaron un salario anual promedio de $62,000 en 2013. En el Distrito Escolar Unificado de Fremont, el salario promedio comparable fue de $85,000.

“Es lo que se le ofrece a esta gente”, dijo Zelaya. “Si tengo 22, 23 años de edad y vengo al Área de la Bahía sé que no puedo vivir en San Francisco y que puedo ganar más dinero afuera de San Francisco… Son personas inteligentes. ¿Para qué ponerme en un hoyo y batallar?”

Los padres y familiares expresaron diferentes opiniones sobre lo que necesitan hacer en el futuro para mejorar los salarios.

“Necesitamos un plan”, dijo Carol Fisher, madre de familia quien se describe a sí misma como alguien que tiene conocimiento de la política “para que no siempre parezca que soy una señora loca que siempre anda por aquí”.

Fisher propuso que los padres activos políticamente se pongan en contacto con otras familias que estén menos comprometidas para que participen.

Ibáñez de Buena Vista Horace Mann dijo que le gustaría ver a más personas mostrar su apoyo en reuniones de la comunidad y que también vayan a acciones políticas como las protestas y reuniones con administradores.

Cualquiera que sea la estrategia, es claro que los padres y maestros están unidos en la frustración que tienen con los costos en aumento de la ciudad.

“Trabajamos día tras día por nuestros hijos para que tengan un mejor futuro”, dijo Erica Hernández, de la comunidad. “En San Francisco todo sube menos nuestros salarios”.