El aumento al salario mínimo a $15 la hora a partir del 2018, según dijeron varios administradores de negocios en la Misión, no es una gran preocupación.

El problema inmediato es tener suficientes empleados por hora.

Tomemos como ejemplo la Taquería Cancún. La mayor parte del equipo de Rico Geraldo ya gana más del salario mínimo, con una ganancia alrededor de $13.50 la hora. Cuando trabajan horas adicionales, Geraldo tiene que pagarles más del mínimo de $15 dólares que entraría en vigor en 2018 si aprueban la Proposición J la semana que viene. La medida electoral aumentará el salario mínimo a $12.50 en mayo del año que viene, o sea un dólar menos de lo que la mayor parte de sus empleados ya ganan y ni siquiera es suficiente para atraer a los empleados que necesita.

“Todo mundo necesita gente que trabaje, pero nadie está disponible”, dijo Geraldo.

Al fondo de la taquería, Pedro Grande estaba sirviendo el guacamole en botecitos. Incluso pueda ser despedido. El negocio simplemente tendría que aumentar los precios y le seguiría yendo bien.

“Esto es lo que pasa”, dijo. “Solíamos comprar burritos a $3 dólares. Ahora el salario mínimo es $11 la hora, y un burrito cuesta $8. Es sencillo”.

Oscar Gutiérrez, dueño del Sandwich Place en las calles Misión y 16, piensa de la misma forma. Gutiérrez dijo no tener ningún problema con el aumento al salario mínimo pero advirtió que naturalmente, el precio de un sándwich tendrá que subir como consecuencia. No obstante, para Gutiérrez, eso es tan solo el orden natural de las cosas.

“Si quieres vivir en una ciudad cara, tienes que pagar el precio”, dijo.

Incluso así, tanto en Sandwich Place como en Cancún, la mayor parte de los trabajadores ganan ya más del salario mínimo. Su pago es proporcional a la antigüedad.

“Tengo una empleada que ha estado conmigo desde hace 23 años. Entonces, ella o es tonta o la cuido bien”, dijo Gutiérrez.

Con el precio de un burrito o un sándwich, la economía, al menos de alguna forma, también va a la alza. Si existe un buen momento para aumentar el salario mínimo, Michael Potepan, profesor de economía en la Universidad Estatal de San Francisco, dijo que ese momento seguramente es ahora.

Potepan es experto en economía urbana y temas laborales en San Francisco, aunque no es un experto en la proposición J en específico.

Potepan dijo que a la economía en términos del mercado laboral le ha estado yendo relativamente bien en San Francisco a comparación de los promedios nacionales y estatales. Sin embargo, dijo, la investigación sobre los efectos del salario mínimo en las economías locales es contradictoria e inconclusa, lo que dificulta determinar cómo un aumento afectaría a los negocios de la Misión.

“Es un instrumento directo”, dijo, porque afecta tanto a la gente que apoya a una familia q vive con salario mínimo como a los que son parte de una familia de un ingreso más alto y que reciben apoyo de ellos. “Ayuda a ambos tipos de trabajadores”.

Potepan agregó que aumentar el salario mínimo es un enfoque menos popular con muchos economistas como lo es, por ejemplo, el crédito fiscal al ingreso ganado (EITC, por sus siglas en inglés).

No obstante, el EITC no se aplica fácilmente a nivel local. El argumento principal para Potepan es que la economía local podría aguantar un aumento al salario.

“No digo que no habría cambios y distorsiones, pero creo que lo podría absorber”, dijo Potepan. “No es un motivo de ruptura”.

Miguel Medina, quien ha trabajado en la cocina de Bogaloos en las calles 22 y Valencia desde hace 19 años, ha logrado ganarse un salario pero también gana parte de las propinas que los meseros ganan porque los empleados del frente le dan el 20 por ciento de las ganancias a los trabajadores en la cocina.

Aun así, él y su equipo de cocina, que trabajan por un salario mínimo por hora, son optimistas ante la idea de aumentar el salario para poder estar al tanto del astronómico costo de vida en la ciudad.

Pete, de Pete’s Barbecue en la calle Misión, estuvo de acuerdo. Sobrevivir con $10.75 la hora, admitió, es “bastante difícil”. Pete dijo estar de acuerdo con apoyar a sus empleados, y que los negocios que no pueden sobrevivir un aumento al salario mínimo tendrán que aceptar su destino.

Javier Almanza, propietario de Javi’s en la calle Misión, entre la 20 y la 21, tendría que hacer exactamente eso. El equipo completo del restaurante son Almanza y un empleado en un negocio que solo ha estado abierto desde hace cuatro meses. Con sus 27 años de experiencia en la industria restaurantera, Almanza espera poder salir adelante con su propio negocio. El salario mínimo, dijo, ya es alto para él.

Con el costo de la renta, la electricidad y otras necesidades básicas, Almanza dijo que tener que aumentarle el salario a un empleado lo obligaría a cerrar. En parte, eso es porque ya está batallando.

“Estoy perdiendo, de mi propio bolsillo”, dijo Almanza.

No es lo suficientemente bueno para Pete, el dueño del negocio de pollos rostizados. “Tengo que mantener a mis muchachos…”, dijo. “$15… está bien. Si lo ganas, está bien. Si no lo ganas ¡hay que cerrar!”