El video viral publicado primero en YouTube y luego en Uptown Almanac el jueves por la tarde muestra a un grupo de hombres, algunos con playeras de DropBox, diciéndole a un grupo de muchachos del barrio que se tienen que ir del campo de fútbol del Mission Playground porque estaba reservado. “Pagamos $27”, argumentó uno de los muchachos en el video.

Los jugadores objetaron y en el intercambio los jugadores se fueron y otras personas parecen tomar el campo.

El video subraya parte de la tensión que existe entre residentes que llevan mucho tiempo viviendo en el barrio y que no se sienten seguros sobre todos los cambios que el barrio ha experimentado desde el último boom del punto com, así como los nuevos residentes que confrontan reglas previas que no entienden. Además, la confusión entre los dos grupos crea interrogantes sobre el cobro de dinero para hacer uso del espacio público en un barrio en el que el espacio público es un recurso escaso.

“El video juega con el resentimiento que ya existe en el barrio”, dijo John Robinson, de 49 años de edad, quien almuerza y platica con jugadores en el campo tres veces a la semana. “La gente nueva que viene sabe cómo obtener el permiso y llegan esperando jugar, pero el campo es pequeño y hay otras cosas que intervienen en el juego aquí”.

Las “otras cosas” son las costumbres que han desarrollado los jugadores de fútbol que han vivido mucho tiempo en el barrio. Dichas cosas incluyen una cultura de fútbol en el que los equipos se forman y juegan contra otro equipo hasta que alguno anota un gol. Una vez que un equipo anota, el nuevo equipo juega contra el ganador. Esto hace que haya una rotación de equipos constante y le da una oportunidad de juego a todo el que quiera usar el campo.

El sistema ha estado en efecto en el Mission Playground incluso antes de 2012 cuando el campo de asfalto se reemplazó con pasto artificial.

“¿Por qué no jugar con todos nosotros?” preguntó Víctor Medina, de 23 años de edad, después de haber visto el video. “Aquí no discriminamos. Si quiere jugar, podrá jugar, sin importar lo bueno que sea”.

El departamento de Parques y Recreación defendió su política de pagar para jugar al decir que la mayor parte de los campos de la ciudad tienen la opción de uso con permiso.

“Desde hace mucho tiempo, el departamento ha reconocido que nuestra ciudad tiene un espacio abierto limitado para recreación, y no cabe duda que hay una carencia de campos de juego para adultos y para jóvenes que quieren jugar”, dijo Connie Chan en una declaración. “Exhortamos a todos los usuarios del parque a respetarse y compartir nuestros parques”.

Chan agregó que el 96 por ciento del tiempo, el parque se ha usado sin reservación. El campo está disponible para juego abierto los lunes, miércoles y viernes por la tarde. Dichas horas se usan. Los jugadores, dijo, tienen garantizado un mínimo de 16 horas a la semana de juego libre y gratuito. Los jugadores usaron 4,021 horas de juego libre en 2013. A los grupos juveniles no se les cobró por 734 horas de juego con permiso. En total, los adultos pagaron solo 185 horas de juego.

En el video, un juego libre y gratuito chocó con un grupo que tenía un permiso para usar el campo.

El departamento de Parques y Recreación tuvo problemas parecidos en 2012. En ese entonces, los jugadores hispanoparlantes, muchos de los cuales trabajan en la industria del servicio, creen que pagar para jugar es injusto para residentes de bajos ingresos.

Algunos creen que eso todavía sucede.

La mitad del parque Dolores está cerrada, y el campo de fútbol de la plaza Garfield representa una amenaza para algunos jugadores latinos que temen ser confundidos por pandilleros, dijo Ian Phongsrisai, de 25 años de edad, quien trabaja en la industria del servicio con otros empleados latinos.

“No hay mucho espacio abierto”, agregó, mientras tres adolescentes compartían un picnic en la otra parte del campo.

Medina, quien estaba jugando en un campo vacío el viernes por la tarde, dijo que nunca había visto una confrontación como la del video. Una vez, dijo, los equipos de fútbol se molestaron cuando un grupo de 40 hombres intentó jugar fútbol americano, pero aparte de eso el conflicto ha sido mínimo.

La mayor parte de los adultos, dijo, ceden a los niños que vienen a practicar con sus entrenadores, pero él opina que hay que poner un límite cuando se trata de adultos.

“Cualquier persona que quiera jugar, podrá jugar”, dijo. “A menos de que se sientan intimidados por nosotros”.